viernes, 4 de diciembre de 2009

Diario de París V

El fin de semana lo dediqué a verdaderos paradigmas de distintas épocas. El sábado la Ville Savoye y el domingo Versalles.
La Ville Savoye es quizás la obra más paradigmática de Le Corbusier en la que aplicó los cinco puntos clave de su arquitectura: los pilotes, la planta libre, la ventana corrida, el techo jardín, la fachada libre.
En vivo y en directo… parece una maqueta! Es más chica de lo que yo pensaba pero igual es interesante y después de todo, uno le tiene cariño. Obviamente estaba llena de estudiantes de arquitectura y no poca gente había hecho el viaje de cuarenta minutos desde París hasta Poissy donde está la casa.

Cuando volvía a París hice una escala en La Defense. Nunca me gustó mucho este barrio, aunque el edificio del Gran Arco me parece muy bueno, porque lo encuentro algo desordenado, es un conjunto de edificios dispuestos a ambos lados de una gran explanada sin un sentido evidente de organización. A ese desorden que, para mí, lo domina, se suma ahora un mercado de navidad tan espantoso como el de Champs Elysées que no ayuda en lo más mínimo. Igual resultó ser el lugar más acogedor de todo el conjunto en ese día tan destemplado.

Resistí todo lo que pude ahí pero la lluvia y el viento me llevaron de nuevo al metro y desde ahí a otro lugar subterráneo: Les Egouts (las alcantarillas, creo). Es un “museo” que permite ver la ciudad debajo de la ciudad: las cloacas, los lugares por donde circula el agua, etc. Es interesante pero me dio un poco de miedo y hay un olor espantoso.

Para evitar el mal tiempo decidí visitar la zona de los Grands Magasins, cerca de la Opera Garnier, donde están las grandes galerías Lafayette y Printemps. Era una locura de gente, imposible! Igual subí hasta la terraza de Printemps casa para “disfrutar” la vista y fui a Printemps moda a ver la cúpula vidriada del restaurante. Acá también resistí todo lo que pude pero esta vez, en lugar del mal tiempo, me echaron las multitudes y los precios imposibles. Mejor salgo de compras por Santa Fe como siempre.

El domingo a la mañana visité el Mercado de pulgas que más que un mercado es un barrio. Al principio me confundí porque está rodeado por una feria espantosa que vende puras porquerías, que ni siquiera son baratas, pero hay que pasar eso para llegar hasta el sector de los anticuarios que ocupa varias manzanas. Como fui sólo por curiosidad no le dediqué más que una rápida mirada, vale la pena sólo si se dispone de mucho tiempo o si uno está interesado en las antigüedades. La zona alrededor no es muy linda.
A la tarde tomé el RER hasta Versalles, hacía frío y estaba feo pero siempre vale la pena. Están haciendo trabajos de restauración y el resultado es que lo primero que uno ve son las rejas y las cresterías demasiado doradas (lo habrá restaurado el Master Plan?).

Una vez adentro hay que dejarse llevar por la grandiosidad y el exceso. Imprescindible ver “María Antonieta” de Sofía Coppola antes de ir, todo cobra otro sentido, especialmente las habitaciones privadas, aunque la privacidad brillara por su ausencia.



Los distintos ambientes son impresionantes: la Capilla Real, las galerías, las escaleras, los salones, las habitaciones, la Galería de los espejos, los jardines…
Después me fui hasta el Dominio de María Antonieta, que tenía muchas ganas de conocer. Es un lugar alejado del palacio, media hora de caminata, donde están el Grand Trianon, que ya existía antes de MA, el Petit Trianon y una especie granja a la inglesa, construidos a pedido de ella.



Esta parte me encantó porque está lejos de la locura que es Versalles (era domingo y estaba repleto) y porque el tiempo mejoró y pudimos ver la puesta del sol. Creo que aún hoy es posible entender porqué María Antonieta quiso alejarse del palacio y de la corte. Si hoy está invadido por turistas, entre los que yo me encontraba también, antes eran las obligaciones y las presiones las que le impedían llevar una vida más o menos tranquila. En su dominio hay espacios abiertos, ambientes amables y poco recargados, lagos, bosques, animales y una paz que seguramente no existía en el palacio. Igual no deja de ser un capricho algo absurdo, pero es muy lindo.
Volví caminando lo más tranquila compartiendo el camino con corredores, ciclistas y familias que pasan los fines de semana en los jardines del palacio, que son gratuitos, y me tomé un chocolate de la casa Angelina que me reconfortó en medio del frío. Como anochece temprano pude ver el palacio iluminado. En verano está abierto por las noches cuando hay espectáculos de aguas danzantes y música. Habrá que volver.

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