domingo 5 de febrero de 2012

martes 24 de enero de 2012

Atenas I

Atenas es una ciudad mítica. Su nombre nos remite a historias fantásticas de dioses todopoderosos y hombres sabios, nos recuerda los inicios de las instituciones por las que funcionan las naciones modernas y nos acerca a construcciones icónicas que marcaron para siempre la arquitectura. No creo que me sea fácil escribir esta entrada así que voy a empezar por lo básico.
Desde la Estación Central de Milán tomamos un bus que nos llevó directamente al aeropuerto Malpensa (Malpensa Shuttle, excelente servicio, rápido y económico) desde donde tomaríamos un vuelo de Easy Jet a Atenas. Cuando llegamos al aeropuerto nos sorprendió lo modesta y antigua que era la terminal hasta que fuimos a otra terminal a curiosear y nos dimos cuenta de que ese era el sector de los vuelos low-cost que son low también en comodidades en el área de embarque. Tampoco sabíamos que esa línea no tiene asientos asignados así que, por no hacer la cola a tiempo, terminamos en la última fila. Igual el viaje fue muy corto y así que no hubo problemas. 
En el aeropuerto de Atenas tomamos el bus X95 para ir hasta la famosa plaza Syntagma frente al Parlamento, la plaza de las protestas, que está a sólo unas cuadras del hotel que habíamos reservado. El viaje duraba unos 40 minutos y desde el bus pudimos ver las primeras imágenes de Atenas, de las afueras en realidad y yo aboné mi teoría (para nada científica) de que las afueras de las ciudades son todas iguales. En todos los viajes en los que tomé un bus para llegar al centro de la ciudad vi las mismas autopistas, los mismos grandes negocios o empresas a los costados de la ruta, los mismos peajes, los mismos estadios (siempre hay estadios en los suburbios), la misma arquitectura anónima. Ni siquiera en París encontré rastros distintivos, sólo los alrededores de Heathrow en Londres eran bien ingleses. En fin, más allá de eso veíamos que nos estábamos acercando a una ciudad baja, sencilla, con arquitectura nada llamativa, incluso vimos un pequeño asentamiento y eso me recordó a Buenos Aires porque no son comunes en Europa. 
Iba todo bien hasta que el chofer hizo un anuncio que no entendimos y el bus se detuvo y todos tuvimos que bajarnos. Un chico que hablaba inglés (por suerte casi todos lo hablan) nos explicó que los alrededores de Syntagma estaban cerrados por una manifestación (primer contacto con la crisis griega) y el bus no podía seguir pero había parado en una estación de metro donde podíamos combinar. El mismo chico nos ayudó a bajar las valijas por una escalera eterna y no mecánica y nos orientó con el ticket y la dirección del subte (los griegos son muy amables) aunque en el metro toda la señalización está en griego y en inglés así que es muy fácil ubicarse. Llegamos finalmente a Syntagma que es un punto de combinación donde se cruzan varias líneas de metro, la estación tiene 4 o 5 niveles y todo está comunicado con escaleras mecánicas y ascensores. Espectacular, aunque nos llevó un rato encontrar la salida de tantos caminos posibles que había. La manifestación ya había terminado y todo estaba muy tranquilo así que cruzamos la plaza y tomamos la calle Mitropoleos hacia el Hotel Metropolis. Lo reconocimos enseguida por la enorme Santa Rita que habíamos visto en las fotos y cubre todo el frente y trepa hasta la terraza.

El hotel es mínimo en todo, la recepción debe medir dos metros de ancho y sólo caben parados el recepcionista y una persona más, las demás personas y las valijas tienen que acomodarse en la escalera que conduce hasta el ascensor que, por supuesto, también es mínimo, o caben tres personas o una persona y dos valijas, o dos personas y una valija o... y no tiene puerta interior porque no hay suficiente lugar! Nos habían dado una habitación supuestamente para cuatro en el último piso y, obviamente, también era mínima, tenía dos camas matrimoniales pegadas a la pared y algo de espacio para caminar. No esperábamos mucho del baño pero nos sorprendió porque no era mínimo, era micromínimo! Lavatorio, inodoro y ducha todo metido en un cubículo de 1,5 x 1 más o menos. Pero saben qué? no importaba nada, la habitación tenía un balcón terraza cuatro veces más grande que el cuarto, cubierto por la preciosa Santa Rita y con la más fabulosa vista a la Acrópolis que nos dejó boquiabiertas y emocionadas.

Así que si van a Atenas y no tienen plata para un buen hotel, no duden en ir al Metropolis, es limpio y económico, pero asegúrense de pedir el "pent house". 
Dejamos las cosas y salimos a comer algo porque estábamos famélicas. Nos quedamos en un restaurante súper sencillo abajo del hotel, Ioakh BBQ, que tiene los kebabs más ricos que comimos en Grecia.

Después fuimos a comprar los billetes de ferry a las islas y a recorrer un poco el barrio de Plaka que es encantador, es para turistas, está lleno de negocios de cosas típicas, bares y restaurantes y, por si le faltara algo, vista a la Acrópolis. Nos llamó la atención que el piso de las calles estaba cubierto de mármol pero luego veríamos que eso es lo más común en Grecia.

Volvimos al hotel para encontrarnos con Susana que recién se unía a nuestro periplo y fuimos de nuevo a Plaka para cenar mousaka, ensalada griega, kebabs, mmhh... Se me hace agua a la boca!
Antes de dormir nos quedamos un rato en el balcón disfrutando de la Acrópolis iluminada y bañada por una magnífica luna. Qué más se puede pedir?

Después de una noche de sueño (que a algunas les resultó difícil porque estábamos frente a la Catedral y las campanas sonaban cada media hora) y luego de luchar con el duchador manual en nuestro bañito (en Grecia no ponen los soportes del duchador en la pared, cosa que no entendí ni entenderé) salimos temprano para visitar la Acrópolis antes de que estuviera invadida por visitantes. Pero ese relato queda para la próxima porque merece una entrada particular.
Después de la Acrópolis y el Museo visitamos la Biblioteca de Adriano, construida en la época del emperador romano responsable también por la construcción del Panteón de Roma, y luego el Agora. El Agora Antigua era básicamente la plaza pública de la ciudad y funcionaba como centro comercial, político, cultural y religioso. Incluía edificios administrativos, templos y servicios. Los atenienses se reunían allí para comprar y vender productos, para informarse de las novedades, para criticar al gobierno y para intercambiar ideas. El sitio es bastante grande y aunque queda poco de la mayoría de los edificios se conserva un templo en excelente estado, el Templo de Hefesto, y hay una reconstrucción de la Stoa lo que permite adivinar cómo era el lugar en su época de esplendor.
Biblioteca de Adriano
Agora

Templo de Hefesto
Stoa
Hay una película de Alejandro Amenabar protagonizada por Rachel Weisz que se llama precisamente Agora que no es buena pero ilustra bastante bien el funcionamiento de las ágoras en la antigüedad.
Como no podía ser de otra manera hicimos un alto para comer, riquísimo obviamente, y después nos fuimos caminando hasta la plaza Omonia para tomar desde allí el metro hacia el complejo Olímpico. En el camino pasamos por un mercado de pulgas y por el infaltable barrio estilo Once, no hay ciudad que no lo tenga, y paramos en un mercado a comprar unas almendras con semillas de sésamo espectaculares.


El complejo Olímpico fue construido con motivo de los juegos de 2004, diseñado por el español Santiago Calatrava. Se llega en metro que en ese tramo va por superficie y ya desde la distancia se distinguen los elementos típicos del arquitecto: estructuras blancas muy plásticas y livianas, casi como el esqueleto de un organismo nuevo y original. Se accede a través de un enorme pórtico curvo que conduce a una galería semicircular que estructura el sitio y es el elemento más significativo por su cubierta abovedada. En el complejo se encuentran el gran estadio olímpico, otros estadios cubiertos, piletas de natación, canchas de tenis, etc. Hoy se lo ve semi abandonado lo cual es una lástima pero suele suceder con este tipo de instalaciones tal vez excesivas para la demanda local.




Volvimos al centro y antes de ir al hotel dimos una vuelta por una zona comercial bastante linda. Estábamos cansadas pero felices por todo lo que habíamos visto y nos recompensamos a nosotras mismas con una picadita a base de delicias locales en el balcón terraza mientras nos despedíamos de nuestra amada Acrópolis ya que al día siguiente partíamos hacia Santorini y luego Mykonos.
Tuvimos unas horas más en Atenas a la vuelta de las islas, antes de volar a Estambul, pero sin tiempo para nada más que acompañar a una chica argentina que acababa de llegar a nuestro mismo hotel y a la que le habían robado los documentos, las tarjetas y el dinero en el metro. La acompañamos a la comisaría a hacer la denuncia y nos encontramos con escenas muy familiares: policías charlando en la puerta y atendiéndonos displicentemente sólo para decirnos que no era ahí, que teníamos que ir a otra comisaría. Esa otra comisaría quedaba detrás del Parlamento y gracias a este infortunio conocimos un barrio muy lindo que seguramente es de funcionarios y embajadores por el tipo de edificios y porque estaba lleno de seguridad.
Nos habían dicho que Atenas no era linda, que no valía la pena, que dos días era mucho pero la verdad es que nos faltó tiempo. Recorrer la Acrópolis y el Museo lleva más de medio día y todavía hay muchos otros sitios interesantes como el Museo Arqueológico al que no pudimos ir.
Nos quedamos con ganas de saber más de la vida en Grecia, de la actual crisis, de lo que piensan para su futuro y de conocer mejor la ciudad, pero aún así puedo transmitir algunas observaciones. Atenas tiene una plaza principal, Syntagma, justo frente al Parlamento, que sería como nuestra Plaza de Mayo o Congreso, pero que no parece ser sólo institucional porque coincide con el centro comercial. De allí sale la peatonal Emou, paralela a Mitropeleos donde estaba nuestro hotel, que termina en Monastiraki. En esta calle están las tiendas de moda y en los alrededores hay bares y cafés. Syntagma está bordeada por dos importantes avenidas donde también hay comercios y servicios. Monastiraki es otro punto de atracción tanto para turistas como para locales, de día se visitan los sitios arqueológicos y los comercios y de noche es el lugar elegido para tomar un trago y festejar.
Parlamento

Syntagma
Quedan muchos otros barrios para conocer  y lamento sinceramente haber estado tan poco tiempo porque no llegué a comprender la ciudad que no parece tener una arquitectura moderna relevante, es como si hubieran entendido que las construcciones de la antigüedad son insuperables y ni siquiera intentaron acercarse a ellas. Desde lo alto de la Acrópolis, que lo domina todo, se ve una ciudad muy extensa y densa pero baja, sin edificaciones descollantes, sólo un laberinto de calles en las que me encantaría perderme porque hay mucha vida en las calles y eso hace que la ciudad sea todavía más interesante.
Una ciudad (y un país) que, sin dudas, merece una nueva visita y más prolongada.


+ info
Página oficial de turismo
http://www.visitgreece.gr/
Transporte público
La ciudad cuenta con un sistema de trenes y metro modernizado y ampliado en el año 2000 que conecta casi toda la ciudad, incluso el aeropuerto y el puerto, y el servicio es muy bueno. El pase de 24 hs cuesta 4 euros. Una cosa importante es que funciona desde bien temprano, 5.30 de la mañana.
Además hay buses urbanos e interurbanos.
Para llegar al centro desde el aeropuerto (y viceversa) la opción más conveniente es el bus (X95 en el caso de Syntagma pero hay otras líneas), cuesta 5 euros. También se puede tomar el metro pero cuesta 9 euros y hay que hacer combinación, algo que con valijas siempre es difícil.
http://www.ametro.gr/page/default.asp?la=2&id=4
Alojamiento
Ya hablé del hotel Metrópolis (unos 30 euros por persona) pero hay cientos de opciones para todos los presupuestos.
Precios
Se puede comer en restaurante abundante y rico por 8 o 10 euros pero siempre hay opciones más económicas como comer algo al paso o comprar en el supermercado donde hay cosas muy ricas y a muy buen precio.
Un café en un lugar lindo está entre 1,5 y 3 euros y se puede desayunar bien por 3 o 4 euros.
Compras
No hicimos porque no hubo tiempo pero en Plaka se pueden comprar cosas típicas como productos a base de olivas, conservas, ropa, sandalias de cuero, bijouterie y joyas de oro y plata, etc. Además en la peatonal están todas las marcas internacionales como Zara, Gap o H&M.
Idioma
Es imposible. Leerlo es como intentar descifrar jeroglíficos y aunque escucharlo me recordaba un poco al portugués, de Portugal, era sólo una ilusión porque no entendía ni una palabra. Afortunadamente muchos hablan inglés y la gente que está en turismo habla también español y varios idiomas más, aunque más no sea las palabras básicas. La señalización está siempre en griego y en inglés y como el turismo es tan importante para ellos todos los sitios importantes están bien señalizados.

+ fotos
http://www.panoramio.com/user/435770/tags/atenas

jueves 15 de diciembre de 2011

Milan

Se dice habitualmente que Milán es la ciudad de la moda, el diseño y la elegancia. Esta afirmación suena dudosa, como toda generalización, perola verdad es que basta con media hora en esa ciudad para darse cuenta de que es absolutamente cierto!
Milán no se parece a las otras ciudades italianas que conozco (Roma, Venecia, Florencia y Siena). Es mucho más "moderna", la mayor parte de los edificios parecen ser de fines del siglo XIX y principios del XX, es definitivamente más ordenada, aún el centro histórico que mantiene el trazado antiguo irregular, las calles son más anchas y todo parece más nuevo. No tiene tantos edificios espectaculares como Roma, ni sus monumentos, ni sus piazzas, pero tiene una escala muy agradable (me hizo acordar a París), buena arquitectura (hay bastante art nouveau) y se ve "embellecida" por sus habitantes, los milaneses, probablemente la gente con más estilo de Europa, por no decir del mundo.
Llegamos desde Roma luego de un viaje en tren de menos de tres horas. Bajamos en la Estación Central que es una verdadera belleza, al mejor estilo de nuestra estación de Retiro, y desde ahí nos fuimos caminando hasta el hotel que teníamos reservado: Due Giardini.
Dejamos las valijas, nos refrescamos un poco pero no nos cambiamos (cosa de la que nos arrepentiríamos rápidamente) y salimos a pie hacia el Duomo. En el camino atravesamos el parque Giardini Pubblici y ahí nos sorprendió ver a las madres con sus hijos, vistiendo ropa  impecable, tacos altos,carteras divinas y peinados de peluquería.
Después tomamos la Via Alessandro Manzoni donde empezamos a ver tiendas de las grandes marcas de moda, autos espectaculares, motos último modelo (me olvidé de hablar de los vehículos en el capítulo de Roma y merecen una mención aparte), más tacos altos, más carteras soñadas, más vestidos divinos, más peinados perfectos y muchos hombres con trajes de corte impecable (esos angostos en la cintura con solapas finas y pantalones rectos que les quedan tan bien). Ahí fue cuando nos arrepentimos de la ropa que llevábamos, no porque estuviéramos tan mal sino porque al lado de esa gente cualquiera es una piltrafa. Nos consolamos excusándonos en que éramos turistas y los turistas están libres de todo pecado estilístico,  además no teníamos nada en nuestras valijas que estuviera a la altura de Armani y sus amigos.
Seguimos entonces imperturbables hasta el Teatro Alla Scala que francamente no tiene nada que hacer al lado del Colón (qué frase fanfarrona, no?), al menos por fuera.
No tuvimos tiempo de entrar porque estábamos buscando un lugar muy importante, Luini. Nos lo había recomendado Silvia, nuestra amiga que vivía en Milán, porque ahí se hacen los mejores panzerottis de toda Italia. Y bueno, ya era más del mediodía y no habíamos comido nada en toda la mañana! Hay que hacer cola porque va la gente que trabaja o hace compras por la zona, pero vale la pena, es exquisito. Comimos panzerottis de queso y salame (una especie de empanada o pastel relleno, frito o al horno) y también unas croquetas deliciosas de papa y de arroz.
Mientras comíamos en una placita vimos a un personaje que era un descrédito para la ciudad. Lamento no haberle sacado una foto pero seguro se lo pueden imaginar: cincuentón pasado, short deportivo, chancletas tipo esas Adidas de goma, medias tres cuartos (había necesidad?), remera descolorida, bufanda futbolera al cuello, chapas (las pocas que le quedaban) al viento. Como uno de esos hinchas de Boca que andan paseando su desalineo por el mundo, vieron? Era un horror! Por suerte resultó que no era milanés. Ese día el Milan jugaba un partido con no sé qué equipo de Europa del este y era hincha visitante.
Para escapar de semejante imagen nos metimos en la Galería Vittorio Emanuele y nos deleitamos con las vidrieras de Gucci, Louis Vuitton y Prada. Un placer. Inalcanzable, obvio. La galería es una belleza, está formada por dos calles interiores dispuestas en cruz, sobre las que se ubican los locales comerciales en edificios de cuatro pisos de altura, cubiertas por bóvedas vidriadas y hay una cúpula, también vidriada, en el cruce. Fue construida entre 1865 y 1877 y conecta las plazas de la Scala y el Duomo. En Buenos Aires hay un edificio similar aunque más pequeño, las Galerías Pacífico -antigua tienda Bon Marché-, que permite darse una idea de lo que se trata. De casualidad nos dimos cuenta de que había que pisar las bolas del toro, una figura delineada en el piso de la galería, hacerlo trae buena suerte.
Del otro lado de la galería salimos a la plaza del Duomo. La catedral de Milán es verdaderamente impresionante y bella. Su construcción empezó en 1386 pero no fue completada hasta 1900. En ella trabajaron arquitectos, artistas, artesanos, escultores y trabajadores especializados formando una verdadera fábrica que, de alguna manera, sigue funcionando hasta hoy. Lo que más impacta sin dudas es su fachada de mármol blanco totalmente tallada. Las pilastras que marcan las cinco naves terminan en elegantes pináculos que la estilizan y parecen elevarla hasta el cielo. El trabajo del mármol, las puertas de bronce y los vitrales es increíble, pleno de escenas, figuras y detalles. El interior es más convencional, por decirlo de alguna manera, lo que más me llamó la atención fue su gran altura, los magníficos vitrales y el bellísimo altar.
La visita termina necesariamente con el ascenso a los techos donde se puede apreciar bien de cerca las intrincadas decoraciones y de la famosa Madonnina. Además se tienen magníficas vistas de la ciudad.
 
 
 
Desde ahí nos fuimos a otra atracción imperdible de la ciudad, la iglesia Santa Maria delle Grazie que aloja La última cena, la famosísima obra de Leonardo Da Vinci. Tuvimos que sacar las entradas meses antes porque los cupos son muy limitados y la verdad que lo hicimos más por no desperdiciar la oportunidad que por estar convencidas de que valía la pena.
La iglesia está en una zona muy linda, que otra vez me recordó a París, y ahora que lo pienso ni siquiera entramos, fuimos directamente a la entrada del museo. Se accede en grupos de unas veinte personas y hay que pasar por tres recintos cuyas puertas se abren y cierran escalonadamente para controlar el aire. Finalmente se ingresa a una sala mediana que tiene dos obras de arte en los extremos, de un lado la de Leonardo y del otro una escena de la crucifixión obra de Montorfano, al que francamente pocos le prestan atención. Esta obra fue un encargo del duque Ludovico Sforza para el convento de los dominicos vecino a la iglesia y además de la escena bíblica, Leonardo pintó decoraciones de guirnaldas vegetales y medallones en las obras paredes de la sala. Da Vinci utilizó directamente oleos sobre el yeso de la pared lo que pronto provocó el deterioro de la obra que rápidamente fue reconocida como una obra maestra. Hoy, luego de siglos de deterioros y varios malos intentos de restauración, la pintura está un poco desdibujada pero eso no impide que siga siendo impresionante, fascinante e hipnótica.
Es difícil describir lo que se siente al contemplarla, en la escena se percibe perfectamente la paz que emana la figura de Jesús en contraste con la agitación de los apóstoles, cada uno con una expresión diferente. Leonardo situó la cena en una sala austera y de líneas rectas, al igual que la mesa vestida con un sencillo mantel blanco, que contrasta con los ropajes lánguidos de los personajes. La perspectiva tiene como foco a Jesús remarcando su papel preponderante en la escena.
El hechizo se rompe sólo cuando anuncian que debemos abandonar la sala para dar paso al grupo siguiente, pero la maravilla que acabamos de ver permanece en nuestra retina y en nuestra mente por mucho tiempo más.
Pasamos de lo divino a lo profano y nos fuimos de vuelta al hotel para cambiarnos ya que esa noche iríamos con Silvia a un after office a la italiana, que están de súper moda.
La idea es reunirse después del trabajo, tipo ocho de la noche, en algún bar a tomar unos tragos. Igual que en Buenos Aires sólo que allá normalmente se paga el trago (entre 8 y 10 euros) y hay buffet libre y muy abundante. Nos encontramos con Silvia y Gabriela, otra argentina que vive allá, frente al Castillo Sforza y desde ahí fuimos al lugar que había reservado, Il Gattopardo, una antigua capilla transformada en bar. Genial! Por hacerme la milanesa pedí Negroni (vermut rojo, campari y gin) porque es el trago de la ciudad pero la verdad que no me gustó mucho. La comida estaba buenísima y el lugar tenía mucha onda. Había una DJ súper canchera, Lynette que parece que es famosa, y hasta una banda en vivo que tocaba covers y temas italianos que, obviamente no conocíamos, salvo la canción del mundial que es infaltable. La pasamos muy bien y pudimos conocer un poco de la movida en Milán.
De vuelta al hotel viajamos en el metro con los hinchas del Milan que volvían del partido y serán muy elegantes pero tienen un olor! Me olvidé de comentar esto en la entrada sobre Roma, es impresionante el olor a transpiración de los hombres. No parecen sucios pero tienen un problema con el desodorante. Nuestra amiga Susana cuando le contamos esto nos comentó que hace muchos años ella había viajado a Europa y se sorprendió con un aviso que publicitaba "el desodorante para el baño semanal", espero que ahora se bañen todos los días pero parece que el uso de desodorante es sólo para los domingos.
Al día siguiente Silvia nos llevó a Como y Bellaggio, dos lugares encantadores a orillas del Lago di Como. Teníamos la esperanza de encontrarnos con George Clooney, que tiene una casa ahí, pero parece que no estaba. En lugar de hablar de estos pueblos, les dejo fotos.

Volvimos a Milán a la tardecita y Silvia nos llevó a la heladería de moda, Gelateria Maghetta, espectacular el helado de chocolate!
Después paseamos un poco más por el centro y visitar la Via Montenapoleone, la más exclusiva de la ciudad, donde están todas las grandes marcas. Después de tanto lujo inalcanzable regresamos al hotel, comimos pizza en la habitación y nos preparamos para salir al día siguiente a Atenas después de haber disfrutado de la ciudad aunque fuera por muy poco tiempo y con ganas de volver.


+ info
Página oficial de turismo
www.turismo.milano.it
La última cena en alta definición
http://www.haltadefinizione.com/magnifier.jsp?idopera=1
Tren Roma - Milán
96 euros Trenitalia
Transporte público
En Milan hay subterráneo (metropolitana), bus y tranvía (tram). Con estos transportes se puede llegar a cualquier parte de la ciudad. El pasaje sencillo cuesta 1,50 euros y dura 75' y el pase de 24 hs cuesta 4,5 euros. De todos modos se puede acceder a las principales atracciones a pie.
http://www.atm-mi.it/it/Pagine/default.aspx
Para ir al aeropuerto se puede tomar el tren pero hay que hacer combinación con el metro. Lo mejor es un bus directo que sale de la estación central y cuesta 7,50 euros pero tienen una promoción de 3x2 así que pagamos 5 euros cada una. Son micros muy buenos, el viaje dura una hora.
Alojamiento
Nos alojamos en el hotel Due Giardini, un hotel chiquito bastante lindo, bien ubicado, barato y muy limpio. El nombre se debe a que tiene un jardín trasero que se vincula con los de los edificios linderos generando un espacio muy agradable (este es un jardín y ahora que lo pienso no sé cual era el otro).
http://www.hotelduegiardini.it/ita/home.htm
Precios
Terrazas del Duomo 10 euros
Ultima cena 8 euros
Panzerotti + croqueta y bebida 6 euros
Aperitivo 10 euros
Desayuno 2,50 euros (café y una factura)
Almuerzo 6 euros (platos compartidos)
Café entre 1,50 y 2 euros
Helado 2,50 euros (y era espectacular)
Pizza grande 13 euros
Compras
Lo que quieran. Acá están todas las marcas, desde las más exclusivas hasta las más accesibles como Gap, H&M, Zara, etc. Por suerte estuvimos poco tiempo y era el inicio del viaje así que no podíamos ni gastar mucho ni cargar demasiado las valijas, porque es la ciudad perfecta para comprar.
Museos y monumentos
Por nuestra corta estadía no pudimos visitar otros sitios importantes como el Castillo Sforzesco, el Parco Sempione, el Museo del Novecento o la Pinacoteca di Brera.
http://www.milanocastello.it/ita/home.html
http://www.museodelnovecento.org/
http://www.brera.beniculturali.it/
Además en Milán hay un complejo termal que parece que está bárbaro. Raro, no?
http://www.termemilano.com/

+ fotos
http://www.panoramio.com/user/435770/tags/milan

lunes 7 de noviembre de 2011

Roma

Este año, con Marisú, Lorena, Susana y Silvia, emprendimos un viaje inolvidable por Italia, Grecia y Turquía, que Marisú bautizó muy acertadamente como "Grandes civilizaciones" y la primera parada fue Roma, la ciudad eterna.
Estuve por primera vez en Roma en el 98 y aunque me gustó, no la disfruté tanto como hubiera querido. Esta es una ciudad apabullante, más aún si se llega en vísperas del 1 de mayo fecha para la cual toda Italia se traslada a Roma para participar de las manifestaciones. Por eso me había quedado con muchas ganas de volver. Lamentablemente la planificación de este viaje hizo que sólo pudiéramos dedicarle dos días (un día y medio en mi caso), pero valió la pena. Sin la presión de tener que visitar los grandes monumentos que ya conocíamos (Capilla Sixtina, Coliseo, multitud de iglesias, etc.), nos decidimos a disfrutarla de otro modo.
Llegué al mediodía con British Airways después de un muy buen vuelo, aunque largo, y me fui directo al hostel que estaba cerca de la Termini en el Leonardo Express. Este tren sale cada 30 minutos desde Fuimiccino y en media hora llega al centro de Roma.
Marisú y Lorena habían llegado unas horas antes que yo así que quedamos en encontrarnos a las 3 de la tarde en el obelisco de la Plaza San Pedro, visita obligada para subir a la cúpula que no habíamos visitado antes. Después de dejar mis cosas en el hostel Alessandro Downtown, ubicado a sólo dos cuadras de la Termini, y ponerme ropa más liviana porque hacía mucho calor, tomé el Bus 40 que me dejó directamente en el Vaticano. Ya desde el tren había visto que la ciudad no está todo lo cuidada que yo hubiera esperado y lo comprobé en el viaje en bus viendo los hermosos edificios y las calles algo descuidados.

Por suerte encontré a las chicas sin problemas y enseguida nos dirigimos hacia el acceso a la cúpula. El primer tramo se hace en ascensor pero después vienen cientos de escalones, no recomendables para personas con vértigo porque literalmente se sube por el interior de la cúpula, siguiendo su misma curvatura. A mitad de camino se accede al interior de la base de la cúpula, que aunque fue proyectada por Miguel Ángel éste no pudo verla terminada.

Luego, la vista desde la cima es espectacular. Se aprecia perfectamente el diseño de la Plaza San Pedro, realizada por Bernini, delante el Castel Sant' Angelo a orillas del Tiber y, más allá, Villa Borghese. Se ven también los jardines del Vaticano y se alcanza a divisar la silueta del Monumento a Vittorio Emanuele II pero sobre todo la ciudad, pareja y compacta, con sus edificios pintados en tonos de ocre y sus techos de tejas.

Después de bajar (otra tarea complicada en algunos tramos), visitamos la basílica y debo decir que no me impresionó tanto como la primera vez cuando me había parecido gigantesca, aunque el baldaquino sigue siendo impresionante. Tal vez haya sido porque aquella vez estaba Juan Pablo II dando misa lo que le agregó mucho significado a la visita. Lo mejor, sin dudas para mí, es La Piedad, esa maravilla de Miguel Angel que, a pesar de estar a la distancia y protegida por un cristal, logra emocionar.

En la plaza cuesta más percibir la perfección de su diseño, tan claramente visible desde arriba, pero se aprecia su imponente tamaño y las galerías con columnas son muy hermosas.

El efecto se completa, de alguna manera, con la Via della Conciliazione que tomamos para salir del Vaticano y volver a la ciudad cruzando el Tiber por el puente Vittorio Emanuele II.

Nos dirigimos entonces hacia Piazza Navona, uno de los lugares más lindos de Roma. Tiene una forma particular debido a que fue construida donde se encontraba un antiguo estadio. Hay dos fuentes en los extremos y una en el centro, la Fuente de los Cuatro Ríos (Nilo, Ganges, Danubio y Rio de la Plata), todas obras de Bernini. Frente a la plaza está la iglesia Santa Inés de Borromini.

Alrededor de la plaza hay cafés y restaurantes pero no nos detuvimos allí porque teníamos el dato de un lugar donde se servía un café exquisito así que fuimos en busca de Sant' Eustachio, una cafetería tradicional que verdaderamente tenía un café maravilloso. En mi opinión el café italiano es el más rico del mundo por su aroma y sabor y sobre todo porque las máquinas de café expreso logran una textura cremosa increíble. Yo tomé el Gran Café, una de las especialidades de la casa, café negro puro tan suave como una mousse.

Después de esta necesaria parada técnica seguimos hasta el Panteón que para mi es uno de los edificios más bellos del mundo (obvio que no conozco tantos, no?). Fue construido por el emperador Adriano entre el 118 y el 125 DC y la verdad es que cuesta entender que ya tiene casi 2000 años. Más allá del importante pórtico de acceso, la maravilla de este edificio es su interior formado por un cilindro cubierto por una cúpula casetonada de 43 metros de diámetro, con un óculo central abierto, y el edificio alcanza 43 metros de altura.

En este edificio, convertido en la iglesia Santa María de los Mártires alrededor del 600, aloja los restos de Vittorio Emanuele II y del pintor Rafael, entre otros. Mientras que el interior es bello y elegante, el exterior luce inacabado provocando un contraste más que interesante. Enfrente está la Plaza de la Rotonda, lugar de reunión de turistas y vendedores.

Desde ahí nos fuimos hasta el ineludible Monumento a Vittorio Emanuele, ineludible porque es tan enorme que se lo ve desde todos lados y aunque uno no quiera, termina yendo. Es un monumento del tamaño del Congreso de Buenos Aires (y tiene un aire también), de principios del siglo XX, construido en mármol blanco con una fabulosas cuadrigas de caballos y brilla como si estuviera recién lustrado. Es bien impresionante.

Muy cerca de este monumento está otro edificio, o más bien conjunto edilicio, que me encanta: el Campidoglio que, en realidad, es el nombre de la colina en que se levanta. El conjunto está compuesto por tres edificios alrededor de una plaza a la que se accede por una escalera rampante. Es obra de Miguel Angel en su faceta de arquitecto que, para distorsionar la perspectiva que percibimos naturalmente, ubicó los edificios en una planta trapezoidal y no recta. Los edificios alojan los Museos Capitalinos que sigo sin visitar. Desde aquí hay una espectacular vista al Foro que se ubica detrás.

Para terminar, una pasada rápida por el Coliseo, como para verificar que todavía está ahí, cena cerca del hostel y a descansar porque no habíamos dormido nada en el avión ni la noche anterior al vuelo y no habíamos parado en todo el día.

Al día siguiente nos levantamos temprano, desayunamos en el hostel y salimos directo al Campo di Fiori  (Bus 64) donde funciona un mercado sólo por la mañana. Nos desilusionó un poco porque es demasiado turístico, sobre todo los precios. Igual es simpático y la zona es muy linda. Dimos unas vueltas y compramos jamón crudo, mozzarela, tomates secos y focaccia y nos fuimos a Villa Borghese a hacer un mini pic-nic (Bus 116).

Villa Borghese es un gran parque que además aloja varios museos y es un remanso de paz dentro de una ciudad tan compacta y caótica como Roma. Como seguíamos medio cansadas no entramos a ningún museo y nos tomamos un trencito que recorre los puntos básicos del parque, los jardines y los lagos. Nos dejó cerca de Piazza del Popolo, francamente no sabia que estaban tan próximas, en un lugar desde el que se tiene una vista panorámica espectacular de la ciudad porque el parque está elevado. Aquí comimos nuestro riquísimo sandwich.

Bajamos a Piazza del Popolo, un enorme espacio abierto famoso por las dos iglesias gemelas (Santa María de Montesanto y de Santa María de los Milagros) ubicadas en el encuentro de las calles Babuino, Ripietta y del Corso que terminan (o nacen) aquí.

Después tomamos el Tram 2 hasta la estación Flaminia/Reni, hacia el norte de la ciudad, porque queríamos visitar el Auditorium Parco della Musica, un edificio de Renzo Piano que se asemeja a tres escarabajos (las arquitectas siempre igual!!) pero apenas si pudimos verlo porque había un festival de cine fantástico, o algo así, y estaba todo vallado. Me queda para la próxima.
Después nos fuimos al MAXXI, ubicado no muy lejos de ahí. Es un edificio de Zaha Hadid la arquitecta anglo-iraquí que siempre trabaja con volumetrías muy particulares. El nuevo edificio se adosa (bastante brutalmente) a uno antiguo y se desarrolla en una planta en L formada por tiras que se entrecruzan en los distintos niveles. El interior es muy dramático con entrepisos, pasarelas y escaleras suspendidas en blanco y negro con acentos de luz y algunos toques de rojo. Es el primer edificio de Zaha que conozco y me gustó mucho.

El museo exhibe principalmente arte contemporáneo y es ideal para obras de gran porte. Nosotras vimos una exposición colectiva de artistas indios con algunas piezas muy interesantes y además vimos a Drew Barrymore que estaba por ahí paseando con su novio. Parece re simpática!
Después del museo volvimos a Piazza del Popolo en el tram y caminamos hasta Piazza di Spagna que, como siempre, estaba repleta de turistas. Creo que nunca la veré libre pero que linda es! En realidad más que una plaza tradicional es una plaza seca con una fuente similar a una barca obra de Bernini y una escalinata por la que se llega a la iglesia Trinidad de los Montes.

A continuación, para seguir con los clichés turísticos, fuimos a la fabulosa Fontana di Trevi que también estaba a pleno. Hacía mucho calor así que nos tomamos un heladito exquisito (chocolate y frutilla) y después cumplimos con el ritual de tirar la monedita a la fuente y pedir tres deseos. La Fontana fue locación para la famosa escena de La dolce vita.

Paseamos un poco por Via Nazionale y después tomamos el metro hasta la estación Re di Roma para llegar a otro monumento romano: el bar y heladería Pompi donde se sirve, supuestamente, el mejor tiramisú de Roma. No sé si será el mejor pero ciertamente era muy rico y había cola para comprarlo. De hecho, todo lo que servían ahí parecía exquisito, los helados y las tortas. Es un lugar extraño porque adelante tiene una confitería común pero atrás hay un sector a media luz, con DJ donde se toma el aperitivo todos los días después de las 7 de la tarde, la nueva costumbre italiana. Si no saben cómo llegar pregunten, todo buen romano sabe donde queda.

Una cena con pizza, que sigue sin deslumbrarme, y a descansar porque al día siguiente partíamos muy temprano hacia Milán.

Conclusión
Roma es una ciudad deslumbrante por su historia, por lo que representa, por sus monumentos y es una ciudad muy hermosa, las calles tienen esa tonalidad ocre de las fachadas de los edificios con ventanas llenas de flores. Las trama laberíntica se abre con avenidas monumentales, plazas deslumbrantes y arte por todas partes. Pero hay tanto para ver que hace falta concentrarse para tomar real conciencia de que estamos viendo edificios y monumentos que tienen siglos de antigüedad y fueron obra de maestros como Miguel Angel o Bernini.
Al mismo tiempo es una ciudad muy vital y absolutamente caótica, el tránsito es una locura, la misma morfología de la ciudad hace que la circulación sea complicada para todos (autos y peatones), hay muchísimo ruido, las sirenas de la policía y las ambulancias aturden, está invadida por turistas (incluyéndome a mi). O sea que es un poco hostil y está bastante descuidada pero sigue siendo encantadora y vale la pena visitarla aunque sea una vez.

+ info
Página oficial de turismo 
http://www.turismoroma.it/
Transporte público
En Roma sólo hay dos líneas de metro, por razones obvias, pero tiene una excelente red de buses y tranvías. El pasaje simple cuesta 1 euro y dura 75 minutos, es decir que se puede volver a usar en ese lapso, hay un pase de 24 horas a 4 euros, uno de tres días por 11 euros y otro de siete días por 16 euros.
http://www.atac.roma.it/
Tren Fuimicino-Termini 14 euros
Alojamiento
Hay miles de opciones, entre ellas muchos hostels, para mi conviene quedarse cerca de la Termini (la estación central de trenes) porque el tren desde el aeropuerto llega ahí, porque desde ahí parten trenes a toda Italia y porque se pueden tomar varias líneas de bus y metro, además de poder ir caminando a muchos sitios de interés.
Nosotras fuimos a Alessandro Downtown que está a dos cuadras de la Termini y está muy bien. Es bastante grande, ocupa varios pisos de un edificio, las habitaciones son amplias, los baños -compartidos- también, tiene un desayuno aceptable, lavandería, wi-fi y máquinas con internet disponibles. La única queja sería que los baños necesitan más limpieza porque con una sola vez por día no alcanza para la cantidad de huéspedes que hay. Cuesta aproximadamente 30 euros por persona en habitación compartida.
http://www.hostelsalessandro.com/es/downtown
Comidas
Riquísima, obvio, especialmente el café y los helados para mí.
El café es todo un ritual al igual que en Buenos Aires pero distinto porque en lugar de sentarse a tomar un café y quedarse charlando por largo rato como hacemos nosotros, los italianos toman el café al paso y de parados, hasta son capaces de dejar el auto en doble fila y bajarse para tomar un cafecito, no les lleva más de cinco minutos. Para lo rico que es el café es muy barato, entre 1 y 2 euros en casi todos lados, sentados sale más caro.
Como no estuvimos mucho tiempo no pudimos experimentar demasiado con la comida pero ciertos productos son de primera con los quesos, el jamón, el pan. Se puede almorzar algo al paso por unos 4 euros y cenar por 10 o 12, hay muchos restaurantes que ofrecen menúes a ese precio con entrada, plato y postre (primo, secondo e dolce).
Museos y monumentos
Esta vez no entramos a muchos pero hay que calcular entre 7 y 15 euros, dependiendo del sitio. Las iglesias usualmente pueden visitarse en forma gratuita pero cobran el acceso a ciertas salas donde hay obras de arte o tesoros. Si hay cúpulas suban, las vistas de la ciudad desde arriba son increíbles.
Cúpula San Pedro 7 euros
Maxxi 11 euros

+ fotos
http://www.panoramio.com/user/435770/tags/roma