sábado, 15 de julio de 2017

Mar muerto

La segunda parada de nuestro viaje por Oriente Medio fue Jordania, un país con una riquísima historia y dos atracciones impresionantes: el Mar muerto, que en realidad es un lago y lo comparte con Israel y Palestina (les suena este trío?), y Petra, la increíble ciudad tallada en la piedra. 
Llegamos desde Dubai en un vuelo de Royal Jordanian y en el aeropuerto de Aman alquilamos un auto que usaríamos durante nuestros dos días de estadía en el país. Nos atrevimos a hacerlo porque habíamos leído muchos comentarios de viajeros que decían que las rutas eran seguras y en nuestra experiencia lo fueron y el auto es una buena y económica manera de moverse sin depender de un tour armado o contratar una agencia. 
La ruta estaba bien efectivamente aunque nos costó un poco la señalización, no por el idioma (los carteles fundamentales están en inglés) sino porque no nos pareció muy clara. Fundamental el GPS y animarse a preguntar y recomiendo viajar de día porque no hay tantas luces y hay tramos largos en los que no hay nada, sobre todo entre el mar y Wadi Musa. 
Después de dar un par de vueltas en círculo encontramos nuestro camino hacia el mar y a medida que dejábamos atrás la ciudad la tierra se hacía más árida y se sentía el descenso hacia la costa. El Mar muerto está a 430 metros por debajo del nivel del mar.
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Es mundialmente célebre por su salinidad que y los minerales que contiene el agua pero sobre todo porque estas características hacen que el agua sea tan densa que es imposible hundirse. 
A lo largo de la costa hay hoteles, algunos de cadenas internacionales, que tienen acceso privado a la playa y además piscinas, y ofrecen tanto estadías como pases diarios que están entre 30 y 60 dólares con almuerzo incluido. También hay balnearios públicos y pagos. Nosotros optamos por esta opción porque no íbamos a estar mucho tiempo, apenas unas 3 horas, pero con más tiempo los hoteles serían una buena elección. Fuimos a Amman Touristic Beach que cuesta 10 dólares y si bien no es gran cosa, hay acceso a la playa, piscinas, baños con duchas y lockers, un restaurante y un kiosco. 
Pero lo importante es llegar al mar y la verdad es que es una experiencia rarísima. 
Primero el agua parece aceite, es súper densa y la piel queda como bañada en aceite de oliva y es tan salada que una sola ducha no alcanza para quitar la sazón. 
Segundo, es cierto que es imposible hundirse, casi que hay que esforzarse por tirarse para atrás para hacer la plancha pero una vez que se logra es lo más fácil del mundo porque no hay que agarrarse de nada para flotar. 
Tercero, el piso es como de mármol y resbala bastante. 
Cuarto, cuídense mucho de que les entre agua en los ojos, a mí me pasó y no les cuento como arde! 
Las imágenes no alcanzan a mostrar lo que les cuento pero créanme y, si tienen oportunidad, no se pierdan de vivir esta rareza. 






Antes de terminar quisiera contarles un pensamiento que tuve mientras estaba ahí, flotando. La franja de tierra que apenas se distingue a lo lejos es Israel, o tal vez Palestina aunque para el caso no importa, y todos sabemos los enormes conflictos que hay en la frontera de estos países. Por eso me preguntaba cómo es que, a pesar de tanta tensión, nosotras podíamos estar tranquilas, disfrutando de esa maravilla, y lo único que se me ocurrió es que la vida es así, la vida sigue y hay que tratar de disfrutarla al máximo. Aún así en cada lugar que visito trato de no olvidar la realidad y entender, aunque sin asustarme, que el mundo como lo conocemos es muy frágil. 

Pero basta de pálidas. Próxima parada: Petra!




sábado, 24 de junio de 2017

Dubai

Hace casi dos meses que estoy intentando escribir esta entrada y no le encuentro la vuelta porque Dubai es un destino muy difícil de describir. No sé qué saldra de esto pero acá va. Espero que se entienda lo que queiro transmitir. 

El año pasado y gracias al destino que quiso que una amiga entrara a trabajar en Emirates, tuve la oportunidad de conocer un destino que me intrigaba aunque no lo suficiente como para planear un viaje hasta allí: Dubai. Y lo mejor fue, obviamente, verla a ella y también conocer dos destinos que sí estaban altos en mi lista de deseos: Petra y Egipto.
La experiencia fue fascinante por los contrastes entre estos lugares. Dubai surgió en medio del desierto hace unos 50 años y en ese breve tiempo se convirtió en una atracción mundial, mientras que Jordania y Egipto tienen miles de años de historia y guardan tesoros increíbles. El denominador común es el desierto que, con sus distintas expresiones, domina el paisaje, define las costumbres y condiciona la vida de estos países que lo desafían con monumentos, templos y palacios de ayer y de hoy.
Fue un viaje muy distinto al que terminé de relatar en la entrada anterior, lejos de occidente y de la cultura que más conocemos, a mitad de camino hacia oriente, en una tierra que tuvo un papel preponderante en la historia de la humanidad y que mantiene su protagonismo por razones no siempre felices. Un mundo que me resulta esquivo, pero que cuanto más me acerco más me interesante me resulta, con culturas fáciles de prejuzgar y difíciles de comprender. Un mundo en el que vale la pena adentrarse.
Mientras escribo me surgen algunas preguntas que me hice (y me hicieron) varias veces desde que viajé.
¿Es linda Dubai? 
No. Pero es interesante, más cuando uno piensa que hace medio siglo no existía, literalmente.
¿Vale la pena viajar sólo para conocerla? 
No. Pero sí vale la pena pasar allí dos o tres días como parte de un viaje a otros países de Medio Oriente, de Asia o de Oceanía. También vale la pena viajar en Emirates a esos destinos porque es una aerolínea excelente, probablemente la mejor, con precios muy razonables. En ese caso definitivamente hay que aprovechar la posibilidad de hacer una escala extendida en Dubai.
Si soy sincera la primera palabra que aparace en mi cabeza cuando pienso en esta ciudad es absurda. Por varias razones. Porque parece un gasto de recursos económicos, humanos y naturales innecesario para una ciudad sin pasado, aunque los Emiratos sí lo tienen y muy rico, creada a medida de un proyecto económico. Pero sé que en esta opinión intervienen mis prejuicios.
Durante el paseo con el bus hop on - hop off la grabación decía que hasta ahora Dubai vivió del petróleo pero calculan que se va a agotar en algunas décadas y por eso idearon un nuevo modelo de país pensado como centro mundial de negocios y turismo de lujo, a lo que contribuye su ubicación a mitad de camino entre Europa y Asia. Así lo entiendo más y parece que lo están logrando aunque mi amiga me dice que no fomentan suficientemente el turismo y que mucha gente Dubai sólo como una escala hacia otros destinos y apenas visita la ciudad.
Fue una estadía corta en la que tratamos de visitar los lugares más icónicos. Como teníamos poco tiempo elegimos el sistema de buses turísticos Big Bus que, francamente, no había usado antes en ninguno de mis viajes. Está bueno pero se puede hacer lo mimos usando el metro, que ayudaría a evitar el intenso tránsito, y algún taxi. 
Lo que recuerdo es una ciudad formada por núcleos, por decirlo de alguna manera, unidos por autopistas pero desconectados entre sí. Es una ciudad poco amigable para el peatón, que sólo se puede recorrer en auto o en metro, y que no tiene un carácter definido ni una continuidad espacial. El intenso calor que hay durante gran parte del año seguramente es una razón para que no haya sectores aptos para caminar pero no creo que sea la única razón, da la impresión de que esto no les preocupó.
Este mapa muestra bastante bien lo que quiero decir.

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Tomamos el bus en el Mall of the Emirates y desde allí fuimos hacia la zona del Burj Khalifa pero no bajamos allí, sino que seguimos hasta la zona histórica de la ciudad. Esto es algo de lo que vimos.
La torre Burj Khalifa es muy linda y tan alta que desde cerca no entra en ninguna foto!
Muchos de los edificios tienen formas que intentan rememorar a la arquitectura árabe o a elementos característicos de la zona como las palmeras. Los resultados son... variados.

Transitando estas autopistas uno siente que podría estar en cualquier ciudad del mundo, allí no hay identidad. 
La zona histórica cambia drásticamente. Las alturas bajan, los edificios son normales, nada espectaculares, las calles son tradicionales aunque tampoco invitaban a caminar pero esta vez por el calor y un sol que partía la tierra. Aquí visitamos el Museo de Dubai que cuenta la historia de este emirato. Es un antiguo fuerte construido con la milenaria técnica del adobe. Vale una visita corta y adentro está fresco!
Luego visitamos el antiguo bazar en la zona llamada Al Fahidi que vale la pena visitar. El mercado es obviamente para turistas pero está muy bien y tiene algunas cosas buenas. Yo compré unas pashminas de cachemir impresionantes y a muy buen precio.
Desde allí cruzamos el canal (?) en una barca tradicional, el ticket viene incluido con el paseo en bus. Es un viaje muy cortito pero permite ver el perfil tal vez más original de Dubai.
Del otro lado del río (?) está la zona de Deira que también es más antigua. Allí se encuentra el mercado del oro pero no tengo fotos. Toda esta zona es simpática y muy parecida a Once (los argentinos entienden).
Volvimos a subir al bus para dirigirnos hasta otro de los íconos de la ciudad, el Burj Al Arab, ese fantástico edifico con forma de vela, el primer hotel 7 estrellas del mundo. Lamentablemente, como otros lugares de Dubai, sólo pueden acceder los huéspedes o quienes visitan el restaurante y ambos son caros así que tuvimos que conformarnos con verlo desde lejos.
La playa es linda, el mar turquesa y cálido, y aunque no tiene infraestructura como sombrillas y reposeras, sí hay baños con duchas pero no habíamos llevado traje de baño. Lástima porque nos hubiera venido genial un chapuzón.
En la misma playa volvimos a subir al Bus para seguir hasta la famosa The Palm, esa urbanización construida sobre el mar con forma de palmera. Para nosotras no tuvo mucho sentido ir porque en realidad todo es privado, los hoteles y las playas, a menos que uno vaya a pasar el día en el hotel Atlantis que tiene unas inmensas piscinas y juegos de agua.

La forma de la isla sólo se ve desde el aire pero en el camino se llega a percibir la enormidad de lo que construyeron en el agua, impresionante.
La foto no es muy buena pero pude sacarla desde el avión al amanecer y me gusta porque la ciudad aparece como un fantasma entre la niebla, así como en la realidad apareció en el inmenso desierto de arena. 
Después de tanta extravagancia un poco de normalidad en Marina Jumeirah, un barrio construido sobre la costa con calles agradables, negocios y restaurantes y un hermoso paseo costero que (por fin!) invitaba a caminar y relajarse tomando un jugo (sólo venden alcohol en los hoteles) mirando el atardecer y disfrutando del mar.
Terminamos el día cenando una increíble comida pakistaní frente a la torre Burj Khaifa y disfrutando del espectáculo de la fuente danzante y la iluminación de la fachada. Cursi pero fabuloso y a mi me encanta!

 

 

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En nuestro segundo y último día en Dubai (muy poco tiempo, ya sé, pero sólo teníamos 2 semanas de vacaciones) fuimos a Abu Dhabi, capital del Emirato del mismo nombre. Está a unas dos horas y se puede llegar en bus.
Es similar a Dubai aunque a decir verdad no conocimos mucho porque hacía demasiado calor como para estar recorriendo. Sí visitamos la Gran Mezquita Sheik Zayed, una impresionante construcción moderna de mármol blanco con incrustaciones de piedras y mucho oro. Le falta la gracia que da el paso del tiempo, hoy es todo demasiado perfecto, pero es realmente fabulosa y vale la pena visitarla.
La entrada es libre y gratuita, la única condición para las mujeres es ir cubiertas de pies a cabeza pero ahí mismo proveen unas túnicas muy poco agraciadas pero en fin...
A la vuelta nos fuimos directo a Madinat Jumeirah, un complejo de hoteles, negocios y restaurantes que rememora la arquitectura tradicional de la zona y es otro de los lugares realmente agradables de la ciudad. Hay una galería cubierta que asemeja a un bazar y, en el exterior, una serie de canales que se pueden recorrer en una especie de góndola, adonde dan los restaurantes y bares.
La noche estaba hermosa, no demasiado calurosa, así que cenamos una exquisita comida libanesa en una terraza con vista a los canales y al Burj Al Arab. Muy buena forma de terminar nuestra estadía en esta asombrosa ciudad.


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Transporte

Emirates 
Para empezar tengo que hablar de Emirates porque realmente merece toda la (buena) fama que tiene, la clase turista es mucho más cómoda que la de otras líneas, el servicio de abordo es fabuloso y no por eso es más cara que otras.
El viaje a Dubai es muy cómodo, hace una escala de unas 2 horas en Río de Janeiro y desde ahí son 13 horas hasta Dubai pero pasan rapidísimo por la comodidad, la selección de películas y series disponibles y la cantidad y calidad de la comida: al salir de Río sirven desayuno aunque es de madrugada porque nos van preparando para llegar a destino de noche, luego hay almuerzo y cena y entre medio todos los snacks que uno quiera y también mucho alcohol: vino, bebidas blancas, licores, whisky, de todo y con generosidad. Incluso hay internet a bordo!
Por eso esta línea aérea es muy recomendable obviamente para ir a Dubai pero también para visitar medio oriente, Asia y Oceanía.
Dentro de Dubai
Como conté un día contratamos el hop-on / hop-off Big bus y está bueno pero también se puede recorrer la ciudad en metro que llega a todos los puntos turísticos, excepto a The Palm. Hay que adquirir una tarjeta y cargarla de acuerdo a la cantidad de viajes. Las estaciones son lindísimas, muy modernas y super prolijas y en los metros hay vagones exclusivos para mujeres y otros que están divididos al medio por una línea en el piso, pero nadie la cruza.
Tengan en cuenta que en algún momento tendrán que tomar taxi porque para ciertos lugares son inevitables. No son baratos pero tampoco imposibles.
Una de las riquísimas comidas del vuelo, creo que eso era cordero, y las estaciones de metro por dentro y por fuera. 
Alojamiento
Hay mil opciones para elegir con precios que van de accesibles a imposibles. Nosotros, obviamente, optamos por un sencillo pero siempre bueno Holiday Inn en la zona llamada Safa Park que está cerca del metro y a una distancia lógica para ir en taxi a sitios turísticos si fuera necesario. Como todos los HI está muy bien, habitaciones cómodas y bien equipadas, buen desayuno y buena atención.

Gastronomía
A todas nos encanta la comida de medio oriente así que las dos veces que nos sentamos a comer elegimos restaurantes pakistaníes y libaneses realmente fabulosos, uno en el Dubai Mall y otro en Madinat Jumeirah. Pero, obviamente, hay para todos los gustos y todos los presupuestos.
Recuerden que sólo se puede consumir alcohol dentro de los hoteles así que acostúmbrense a cenar con agua o símil cerveza.
Esa vez no tuvimos tiempo pero me dicen que vale mucho la pena hacer una visita al Carrrefour porque tiene productos de todas partes del mundo a muy buenos precios.

Compras
Como era nuestro primer destino y no teníamos mucho tiempo apenas si pasamos por el mall. Están todas las marcas pero en las económicas como H&M o Forever 21, la selección de ropa no era de nuestro gusto. En el bazar compré unas pashminas de cachemir increíbles y después vendían lo mismo que en todos los mercados de ese tipo del mundo, hay un mercado del oro que no nos interesó y poco más para nuestros bolsillos. En cuanto a las compras Dubai es sin dudas mucho más atractivo para gente de plata.

Tradiciones
El país es musulmán y la mayoría de sus habitantes también. Muchos hombres llevan las túnicas tradicionales de sus países y todas las mujeres musulmanas van cubiertas en distintos grados, desde ropas largas y el hiyab hasta el burka que las cubre totalmente. Los extranjeros no tienen restricciones, las mujeres tampoco, sólo hay que cubrirse para ingresar a las mezquitas.
No hay alcohol en ningún lado, sólo en hoteles y en una sección especial dentro del supermercado, y no hay comidas con cerdo pero por lo demás es todo normal.


Con este collage de las viajeras termino esta entrada que no voy a releer. Seguro está horrible pero con esta ciudad más no puedo hacer.

Próxima parada Jordania. 




sábado, 11 de marzo de 2017

Nueva York II: comer, salir, visitar

Como una sola entrada no alcanza para Nueva York (y eso que comprimí todo muchísimo en la anterior) dedico esta a las comidas, las salidas, los paseos que no llegué a comentar.

Comer
Obviamente en Nueva York hay una variedad infinita de comidas tanto por el tipo como por el precio. A mí me gusta la comida "yanqui" típica: pancakes, bacon, bagels, hamburguesas, etc. y la verdad es que es toda bastante engordante pero tenía ganas de probar todo eso y no voy a pedir disculpas.
Acá va lo que más me gustó, por el plato en sí y por el lugar.

Bubby's High Line
Fuimos para un brunch después de haber recorrido el High Line. Los biscuits son al especialidad y con razón porque son increíbles. Nosotras compartimos unos biscuits con salmón ahumado y huevos benedictinos increíbles! Además el lugar es relajado y muy agradable.

Chelsea Market
Dentro del mercado hay muchísimos locales gastronómicos, algunos tipo mercado con unas pocas banquetas para comer al paso, otros para llevar y otros tipo restaurante. Hay un par especializados en pescado ideales para comer langosta (exquisita y muy cara) o sushi.
 

Katz's Deli
El pastrami (pastrón) es un plato bien neoyorquino y Katz's es el lugar más turístico, sobre todo porque allí se filmó la famosa escena de Meg Ryan fingiendo un orgasmo en Cuando Harry conoció a Sally así que hacía allá fuimos.
El lugar es un caos y eso fue para mí lo mejor. Está lleno de gente, las mesas están pegadas, hay ruido todo el tiempo y no se entiende muy bien como ordenar pero siempre hay algún latino del otro lado del mostrador que nos saca de apuro. El pastrami es rico aunque luego probamos otro que era aún mejor.
Está en una zona sin atractivos turísticos así que hay que ir casi especialmente pero vale la pena la experiencia.

Encontramos este lugarcito buscando algo sencillo y barato para comer en el Upper East Side, yo lo había marcado en el mapa gracias a una recomendación de las guías De Dios. 
Resultó un éxito. Por recomendación del mozo (latino) comimos un sandwich de pastrami y brisket (no sé cuál es el equivalente de este corte en Argentina pero es riquísimo) y una croqueta de verduras. 
Exquisito!

Mighty Queens BBQ
Este lo encontramos mientas buscábamos un local de ramen que una de mis amigas había visitado en un viaje anterior y fue otro golazo. Está en la zona de la Universidad de NY, un barrio lindo y muy vivo.
Sirven sólo carnes ahumadas y papas fritas. Ambas cosas son una absoluta delicia. Nosotras comimos cerdo con barbacoa y briscket con coleslaw, pepinitos y cebollas.


Salir
No salimos demasiado en parte porque estábamos cansadas, ya llevábamos 20 días de viaje a un ritmo muy intenso, y en parte porque el estar alojadas en Brooklyn dejábamos Manhattan más temprano, pero igual aprovechamos algunas noches.

The Blue Note
Nunca nos pusimos de acuerdo en qué obra de Broadway ir a ver pero sí coincidimos en querer visitar este clásico del jazz y fue una gran experiencia. El lugar es como de película y la música increíble. No recuerdo el nombre del artista pero en realidad no importa, todos los que tocan ahí son buenos.

Ladurée
Nuestra intención era tomar un trago en algún rooftop bar del Soho pero era viernes y había que reservar. Caminando por ahí encontramos el local de Ladurée que nos atrajo sobre todo por su hermoso patio. No es barato pero los tragos son exquisitos y el ambiente muy Sex and the city.

North River Lobster Company Boat
Otra buena opción para la noche es este barco-restaurante-bar que hace un recorrido por el río Hudson desde la calle 42, donde está el muelle, hacia el norte. Va y vuelve cada tantos minutos y uno puede dar las vueltas que quiera. Lo mejor es que sólo se paga lo que se consume.

Visitar
Como conté en la entrada anterior, esta vez sólo visité un museo y casi ninguno de los típicos lugares turísticos pero aún recuerdo mi viaje anterior a la ciudad y por eso me animo a recomendar algunos imperdibles que hay que visitar al menos una vez. 
Las fotos de esta sección no son mías porque las que saqué de estos lugares están en papel! 

Uno de los mayores y mejores museos del mundo. Del estilo del Louvre o el British, es fascinante, interminable y agotador pero hay que ir sí o sí. Tienen una extensión al norte de Manhattan que se llama The Cloisters que vale visitar si les sobra tiempo. 

Casi el mejor mirador de la ciudad y digo casi porque -obviamente- desde ahí no se puede ver uno de los edificios más bellos: el Empire State! La vista es fabulosa y uno se siente como una película, especialmente aquellos que amamos Algo para recordar y Sintonía de amor. No hace falta decir más.
Recomiendo ir al atardecer para ver como se esconde el sol y se enciende la ciudad. 

Aunque lo recomiendo como imperdible la verdad es que yo todavía no fui! Increíblemente en mis dos visitas las veces que quise ir estaba cerrado por el armado de una nueva exposición. A mi me atrae más por el edificio que por el contenido, es una de las grandes obras del gran Frank Lloyd Wright. 

Crucero panorámico
Hay varias compañías para elegir que hacen el recorrido hacia el sur para ver el mejor perfil de la ciudad y navegar, por ej., debajo del Puente de Brooklyn. Cuando visité NYC en 2001 ahí se levantaban orgullosas las Torres Gemelas. 

El más famoso de todos y tal vez el más lindo. Esta vez lo volví a cruzar pero no pude explayarme en la entrada anterior. Es un hermoso paseo porque el puente es fabuloso, las vistas aún mejores y la llegada a Brooklyn se hace por el hoy famoso DUMBO, un barrio muy cool que se puso de moda en los últimos años y tiene un parque divino para ver el mejor perfil de Manhattan. 

New York Pass y New York CityPass
Estos pases de descuento ofrecen las principales atracciones incluidas en la tarifa que se pueden visitar en un determinado número de días. En general conviene si se van a visitar más de 6 o 7 atracciones porque cada entrada cuesta unos 20 o 25 dólares y este pase está en 125 más o menos.
Yo lo usé la primera vez pero no en este viaje porque no tenía intención de ir a muchos museos.


Con esto termino el relato de mi viaje por Nueva York y por Estados Unidos, una ciudad y un país a los que seguramente volveré.
Próximamente mis aventuras por Medio Oriente (Dubai, Jordania y Egipto) y por Australia y Singapur.


viernes, 24 de febrero de 2017

Nueva York

Ufff... Qué momento!
Llegó la hora de relatar la última escala de nuestro viaje por Estados Unidos pero... cómo comprimir todo lo que significa Nueva York en una simple entrada de blog? 
Para los amantes de las grandes ciudades, como yo, NYC es la meca, LA ciudad, intensa, relajada, hermosa, vibrante, divertida, extrovertida, cosmopolita, inacabable, inabarcable, culta, frívola, arrogante, herida, renacida y más, mucho más. Tanto más que no alcanzan las palabras ni las imágenes para contarla. 
Esto no es una oda a Nueva York, y mucho menos al sueño americano, pero mi sensación la primera vez que la visite en 2001 unos meses antes del atentado a las Torres Gemelas, fue que estaba en el centro del mundo (del mundo occidental y capitalista, ya sé, pero sigue siendo al menos la mitad del mundo). A mi segunda visita llegué con más millas encima y luego de haber conocido otras ciudades tan impresionantes como esa (como Londres o Tokyo) pero con unas ganas de volver increíbles. 
Y no me decepcionó, al contrario, me dio alegría haber vuelto y me confirmó la certeza de que quiero volver y volver y volver cada tantos (pocos) años porque Nueva York siempre va a tener algo nuevo que ofrecer. 
Como me pasó con ciudades europeas que visité más de una vez, en la segunda ocasión me relajé, mis amigas también, y nos dedicamos a visitar más que nada los barrios, las ferias callejeras, los parques, a comer rico y a comprar un poco. Realmente podría llamar a esta crónica "12 días en Nueva York y ningún museo", pero fui a uno, al MoMA, aunque en la noche gratuita así que casi no cuenta.
En fin. Yendo al tema, voy a intentar hablar de Nueva York.

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Brooklyn

Otra ventaja de la segunda vez fue que no sentimos la necesidad de estar en el centro turístico y sí en cambio la de vivir la de experimentar otros lugares. En parte por eso y en parte por los precios optamos por alquilar un departamento en Brooklyn y no en la zona más glamorosa o de moda sino en un barrio normal pero también de película, con sus rowhouses, esas casas con escaleras al frente tan características.  Lo importante de elegir alejarse de Manhattan es tener cerca el metro y en lo posible de una línea expresa.
Me encantó la experiencia. El viaje hasta Manhattan nos llevaba unos 30 minutos pero no nos pesaba, ni siquiera cuanto volvíamos a la noche. El barrio, Bedford-Stuyvesant, era muy tranquilo y teníamos lo básico cerca, un par de supermercaditos y algunos restaurantes. Alquilamos por Airbnb un departamento en un segundo piso (¡por escalera!) que tenía living-comedor, cocina, dos habitaciones y baño. No era un lujo pero por el precio estaba muy bien.

Obviamente Brooklyn tiene otras zonas muy lindas como Brooklyn Heights que, además, tiene las mejores vistas de Manhattan.

Entre los barrios más de moda está Williamsburg, una zona bohemia y moderna con locales de diseño, bares y restaurantes cancheros, los muros llenos de espectaculares graffitis y, todos los sábados en los meses más cálidos, aloja el Smorgasburg, una feria gastronómica super cool donde se pueden comprar cosas ricas y comerlas mirando el skyline más famoso del mundo con los pies en la arena o dentro del agua.

Midtown, Times Square, Empire State Building, Flatiron, Briant Park
Estoy segura de que mucha de la gente que visita Nueva York siente que llegó cuando se encuentra en el medio de la famosa Times Square con sus carteles luminosos y pantallas, los miles de turistas, los artistas callejeros... creo que hasta nos atraen los policías! Y es realmente fascinante, un poco alienante pero imperdible, obviamente.
Esta es además la zona de Broadway y aunque en este viaje no vi ninguna obra, definitivamente es algo que hay que hacer porque el despliegue de los espectáculos y la calidad de los artistas es impresionante. Además es posible conseguir entradas con descuento tanto en el puesto de TKTS de Times Square como en internet y también en los mismos teatros que tiene oportunidades y hasta entradas gratis por sorteo para el mismo día.
Además de teatros por aquí hay muchísimos hoteles y vale la pena visitar el Marriott Marquis que en los últimos pisos tiene un restaurante y un bar (más accesible) giratorios. Yo lo visité hace años y fue una gran experiencia ver la ciudad desde lo alto, especialmente al atardecer cuando baja el sol y se encienden las luces.

Esta es una zona que mezcla hoteles, negocios y teatros. También hay edificios de oficinas y de residencia, sobre todo hacia la calle 34 donde está el mítico Empire State. Esta vez no lo visitamos pero hay que subir sí o sí, al menos una vez.

Avanzando hacia el sur por la 7ma se llega a una de mis zonas favoritas, la del Flatiron Building y el Madison Square Park. Es un paisaje típico del Midtown pero se vuelve especial por la increíble forma del Flatiron y la vida que siempre tiene el parque en el que se arman instalaciones especiales. Nosotras pudimos ver una bellísima pérgola hecha de un material espejado y hace poco vi en internet que habían puesto hamacas paraguayas. Genial! Además enfrente del parque está el local newyorquino de Eataly, que ya habíamos visitado en Chicago, así que el parque es el lugar ideal para sentarse a disfrutar algunas de las delicias que venden ese paraíso gourmet italiano.
Y allí se puede disfrutar del espacio público a pleno, como en muchos otros lugares de la ciudad, con buen mobiliario urbano, wifi gratis y hasta piezas de arte.

Muy cerca de aquí está Gramercy Park, que visité en mi viaje anterior. Es un encantador parque cerrado destinado a los vecinos de los edificios cercanos, al estilo de los parques ingleses.
Esta es también la zona de la magnífica Grand Central Station. Una visita obligada tanto para admirar su hermosa fachada como para pasar unos minutos en el magnífico hall disfrutando de la cúpula que simula el cielo y sus constelaciones, pero sobre todo para sentir el pulso de los cientos de pasajeros que cruzan ese hall cada día.

Para terminar con el Midtown, donde obviamente hay muchísimo más para ver, quiero mencionar otro de mis lugares favoritos: la Biblioteca Pública de Nueva York y Briant Park. Me encanta por la biblioteca, que es impresionante, y porque en el parque pasa de todo, desde la semana de la moda en septiembre y marzo a clases de yoga todos los días, conciertos, espectáculos y mucho más. Y cuando no hay nada de eso igual es un lugar increíble para sentarse a tomar un café y descansar en el centro de una de las ciudades más frenéticas del mundo.


Chelsea, Greenwich Village, East Village, Soho, Chinatown, Little Italy...
Más o menos al sur de la 23, donde está el Flatiron, arranca la que me pareció la zona más linda de NYC hoy. Y miren que es difícil elegir!
Son muchos barrios (muchos más de los que nombro en el título) que tienen unas pocas manzanas cada uno y se parecen mucho en cuanto a su arquitectura pero, aunque sea difícil de creer, tienen cada uno un carácter particular que se percibe aunque el límite sea sólo una calle.
Chelsea está al oeste y tiene lo mejor del Highline, con el Chelsea Market y el Gansevoort Market, montones de bares y restaurantes super cool, negocios de diseño y el Whitney Museum, el más nuevo de la ciudad, en un ambiente todavía industrial. Caminar por acá es realmente como estar en el set de Sex and the City.
El High Line mercería una entrada exclusiva por su originalidad y la variedad que presenta en todo su recorrido. Fue construido sobre las antiguas vías de un tren de carga que llegaba hasta el Meat Packing District. Va desde la 34 hasta la 14, paralela a la 10th Ave., y en su recorrido hay sectores de césped para tirarse a descansar, pequeñas matas de árboles y miradores para disfrutar de la ciudad que la rodea. El diseño y el equipamiento urbano es fabuloso y no sólo se generó un nuevo espacio público sino que se logró revitalizar a las manzanas de alrededor que hoy florecen con nuevos edificios y otros recuperados y con impresionantes muestras de arte urbano.


Soho, Greenwich y East Village son también super cool con impresionantes edificios de hierro fundido, el Iron Cast District, locales que vale la pena visitar aunque no se pueda comprar nada (como el Prada que fascina tanto por la ropa como por la arquitectura), restaurantes y bares de todo tipo.

China town es el de siempre pero Little Italy nos recibió con la fiesta de San Genaro. Mercado callejero, riquísimos cannoli, música, pizza... La italianidad al palo!
Mis tres últimos días en la ciudad los pasé sola porque mis amigas regresaron antes y me alojé en el Chelsea Internation Hostel que tiene una gran ubicación en la 20 y la 8va.


Wall Street, 9/11 Memorial, Battery Park
Otro imperdible. Wall Street es una locura los días de semana pero hay que visitar la zona en el horario de la bolsa y los bancos para poder sentir el pulso del barrio donde se mueve gran parte del dinero del mundo. Es increíble sólo pararse en una esquina y ver ríos de gente moviéndose en todas direcciones, saliendo y entrando de edificios majestuosos, antiguos y modernos. La visita a la bolsa ayuda a completar la experiencia y también comprar un café o un hotdog en alguno de los puestos callejeros, como vemos que hacen los corredores de bolsa en las películas.

Hasta hace unos años aquí reinaban las Torres Gemelas. Hoy la tragedia se recuerda con el Memorial del 911, un lugar cargado de simbolismo donde en lugar de aquellas dos magníficas torres que se levantaban orgullosas como los edificios más altos de la ciudad, hoy hay dos vacíos que aparentan ser infinitos, imagen que para mí representa muy bien lo sobrecogedor de ese evento.

Alrededor, sin embargo, la vida sigue y donde una vez hubo escombros y destrucción hoy hay relucientes edificios nuevos. Entre ellos el One World Trade Center y la nueva estación de metro, Oculus, diseñada por Santiago Calatrava.
Estaba en obra todavía cuando visitamos la ciudad pero ya se notaba que el espacio interior iba a ser increíble. El exterior es atractivo, como todas las obras de Calatrava, pero la estructura queda un poco ahogada por los edificios, como si tenido que forzarla porque no cabía.  
En el One World está el One World Observatory, el nuevo mirador que, como todo lo que hacen los yanquis, lleva los observatorios a otro nivel. La experiencia empieza con el viaje en ascensor donde las pantallas de led que cubren los muros nos muestran como se levantó la torre desde sus cimientos, como si uno fuera parte de la construcción realmente. Luego hacen pasar a todo el mundo a una sala de proyecciones (quisimos saltearnos esa parte pero no fue posible y luego entendimos por qué), allí se exhibe un video con imágenes y sonidos de NYC y cuando termina la pantalla se levanta revelando la verdadera maravilla: la ciudad real. Les juro que se me puso la piel de gallina y que todos (hasta el más duro) lanzamos un Ahhhhh. Las vistas son increíbles por supuesto. Conviene sacar las entradas por internet porque de esa manera se evitan las colas.
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Battery Park es otro lugar que me encanta junto con el antiguo World Financial Center, hoy Brookfield Place. El parque se extiende a orillas del río Hudson y es un lugar precioso para caminar, hacer deportes, tirarse en el pasto a descansar o almorzar. Tuvimos la suerte de que fuera uno de los escenarios de la Semana de la Moda y disfrutamos de una hermosa pérgola de flores frescas y una performance por la presentación del nuevo perfume de Carolina Herrera. El ex WFC había resultado bastante dañado durante el 9/11 pero fue recuperado y hoy además de las oficinas tiene tiendas y restaurantes. Esta zona es perfecta para escaparse de la locura de la zona financiera que está a sólo unos metros.

5ta Avenida, Rockefeller Center, Central Park y Uper East Side
Seguramente la zona más elegante y cara de la ciudad. La célebre 5ta Avenida aloja los locales más exclusivos del mundo con tiendas icónicas como Tiffany & Co., Gucci o Channel. Es un placer admirar las vidrieras y hasta entrar, aunque eso no me entusiasma tanto porque todo está tan lejos de mi alcance que las carteras o joyas son para mí como piezas de museo.
Por aquí están otros de mis preferidos: el Rockefeller Center y el MoMA.
El Rockefeller es un complejo de varios edificios fabulosos, alrededor de un espacio público que vibra durante todo el año y muestra su mejor cara en invierno con el famoso árbol de navidad y la pista de patinaje. En mi viaje anterior patiné (sin caerme!) y también tomé la visita guiada por el interior de los edificios donde pude admirar los murales del catalán Josep María Sert. Esta vez quisimos ir al bar SixtyFive que es una gran alternativa al mirador pero estaba cerrado para un evento. De todos modos no nos hubieran dejado entrar porque no teníamos la vestimenta adecuada, no es de gala pero no admiten jeans, ni remeras de algodón, ni zapatillas y de las cuatro todas teníamos al menos una cosa mal. Lo agendo para la próxima porque la experiencia es espectacular.

El MoMA es uno de los museos más importantes del mundo y se especializa en arte moderno y contemporáneo. Cuando fui en 2001 estaba parcialmente cerrado porque se encontraba en construcción la ampliación que pude visitar ahora. Me encantó, el edificio, las obras y el hecho de que fuimos el viernes a la tarde cuando se celebran las noches Uniqlo y la entrada es gratuita. Hay mucha gente, por supuesto, pero se puede recorrer sin problemas.

Uper East Side es la zona más exclusiva con increíbles edificios con vista al Central Park y fabulosas residencias, de esas en las que viven los ricos de las películas. Es una zona tranquila, elegante, mayormente residencial.
Aquí, sobre el borde del Central Park, está el famosísimo Metropolitan Museum, el equivalente americano de los grandes museos como Louvre o el British Museum. No lo visité esta vez pero definitivamente es un imperdible y a mi modo de ver hay dos maneras de recorrerlo: marcando en el plano las obras que uno quiere ver y dedicarse a ellas, admirando las maravillas que aparecen en el camino por supuesto, o intentar recorrerlo todo aunque eso lleva varios (muchos) días. Después de varios viajes descubrí que mi tolerancia a este tipo de museos no pasa de 3 horas así que optaría por la primera opción. Hace un tiempo le agregaron un atractivo, por si faltara algo, y se puede visitar la terraza.

Central Park es otra atracción que llevaría varios días recorrer por completo. Es inmenso y tiene tantos sectores diferentes que las maravillas nunca se acaban, hay lagos, puentes, arroyos, canchas (se dice así?) de baseball y de otros deportes, fuentes, explanadas, miradores, un teatro, un castillo, un zoológico, bosques, colinas, piedras, enormes superficies de césped para descansar o hacer un picnic, etc. etc. etc. y, todo alrededor, la fabulosa arquitectura de Nueva York.

Hasta aquí llego por ahora. Me falta contar muchas cosas pero esta ya es la entrada más larga de mi blog y hasta yo me aburrí!
En la próxima salidas, comidas, visitas. 


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