jueves, 30 de diciembre de 2010

Reveillon

Interrumpo brevemente la serie sobre mi viaje a Colombia para recordar mi paso por Río de Janeiro para la famosa Reveillon, uno de los mejores festejos del mundo.
Nuestro viaje empezó en San Pablo adonde llegamos el 30 de diciembre de 2006, la intención era viajar esa misma noche a Río pero no llegamos a tiempo así que tuvimos que esperar hasta las 5 de la mañana en la rodoviaria, por suerte había bastante gente, negocios abiertos y mucha seguridad. Finalmente partimos en un micro muy bueno y después de seis horas recorriendo unos paisajes lindísimos llegamos a tierras cariocas.
Habíamos alquilado un departamento de dos ambientes en Copacabana en el que nos alojaríamos cinco personas. El tipo de la agencia fue más que servicial y como se le había desocupado un departamento más grande nos lo dejó sin costo adicional. Estaba muy bien ubicado a dos cuadras de la playa sobre la calle Santa Clara.

Vista desde el departamento
Obviamente, una vez que nos instalamos, nuestro primer destino fue la playa. Es increíble cuando se conoce un lugar del que uno ha visto ya tantas imágenes, parece mentira estar ahí pero también es como si ya se lo conociera. Las playas tienen tanta onda como uno espera y mucha gente tomando sol, bañandose o jugando al fútbol entre vendedores de cocos, artesanías y pareos. Las calles también son así, gente por todos lados, mucho movimiento y venta de lo que se les ocurra, sobre todo de fruta fresca: mangos, papayas y unos abacaxis increíbles.

La noche del 30 ya habían empezado las celebraciones con el homenaje a Iemanja, la diosa del mar. La gente hace ofrendas de flores, frutas y distintos elementos de belleza personal como espejitos o peines que acompaña con velas, todo blanco. Algunas son modestas y otras espectaculares, unas se hacen en la arena y otras se arrojan al mar en pequeños barquitos, pero todas convierten a la playa en un escenario increíble lleno de luz.


Al día siguiente volvimos a la playa pero ya había comenzado la lluvia que nos acompañaría todo el viaje, igual que las espantosas capitas que tuvimos que comprar. Igual recorrimos Copacabana admirando las famosas veredas diseñadas por Burle Marx y que se convirtieron en uno de los símbolos de la ciudad desde los años '70.

Cecila, Pilar, Marisú y yo

A la tardecita empezamos a prepararnos para la gran celebración y hay que decir que para divertise no hace falta mucho. Ropa blanca, siguiendo la tradición, havaianas para estar bien cómodos, un poco de plata para comer y tomar en la playa y ganas de pasarla bien.

Cecilia, Pilar, Pablo y yo
La ciudad dispone varios escenarios a lo largo de los 4 kilómetros de Copacabana y también en Ipanema y Leblón donde usualmente tocan grupos locales muy populares. Un reloj en uno de los hoteles con frente a la playa lleva la cuenta regresiva mientras, en la arena, todos esperamos el momento cúlmine.

Diez segundos antes de las 12.00 hs los animadores empiezan a contar y exactamente a las 0.00 hs, en medio de saludos, gritos y risas, empieza el show de fuegos artificiales más espectacular que vi en mi vida. Media hora sin parar de fuegos que salen de varios barcos ubicados en la bahía que parecen envolvernos, no se sabe para donde mirar. Es increíble.
video

Nos quedamos ahí como una hora bailando y festejando y después nos fuimos para Ipanema porque ese año, en ocho ciudades del mundo, se festejaba el Nokia Trends y los que estábamos en Río pudimos disfrutar de un recital de Black Eyed Peas.
Más baile, más fiesta y un final pasado por agua pero... a quién le importa.
Cecilia, Marisú, Pilar y yo

Mi relato no llega a reflejar cabalmente lo espectacular y divertida que es esta fiesta por eso les aconsejo que la experimenten, es una de esas cosas que hay que hacer al menos una vez en la vida.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Medellín

Llegamos a Medellín después de un viaje de casi 7 horas en micro desde Pereira bastante horrible. Camino de montaña lleno de curvas, lluvia, camiones y el tránsito trabadísimo por algunos derrumbres en el camino. Ya había anochecido cuando llegamos al Geo Hostel en la zona rosa de la ciudad. Por suerte era lindísimo, recién inaugurado, moderno, limpio y por suerte, aunque estábamos en habitación de 8, estuvimos solas las tres.

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Dormimos bien, desayunamos rico y partimos a visitar la ciudad donde nació Botero y empezamos justamente por la plaza que lleva su nombre y donde hay unas 20 esculturas gigantes de los famosos gorditos en todas sus variantes. Esta plaza está rodeada por el Museo de Antioquia, el Palacio Calibío -sede de Cultura- y el Hotel Nutibara, un interesante edificio de los años 30.
Después fuimos hasta el Parque del Berrío importante porque es el centro fundacional de la ciudad aunque ahora está rodeada por edificios modernos y, supongo, ha perdido su carácter original.
Toda esta zona es el centro comercial de Medellín, pleno de gente y bastante caótico. Habíamos llegado hasta allí con el Metro (un tren de superficie que atraviesa la ciudad de sur a norte) y volvimos a tomarlo para ir hasta el Jardín Botánico (Estación Universidad). El metro ya nos había impresionado por su modernidad, velocidad y limpieza y cuando llegamos a la zona del botánico, que está frente a la Universidad de Antioquía, nos volvimos a impresionar con la arquitectura nueva en esta ciudad.
El Parque Explora, al que no ingresamos, es un espacio didáctico dedicado a la difusión de las ciencias especialmente dedicado a niños y jóvenes. El edificio, diseñado por el arquitecto colombiano Alejandro Echeverri, es un espectacular conjunto de cuatro volumenes contenido cada uno de ellos por una envolvente roja y unidos por una plataforma sinuosa elevada. Interesante y atractivo.
El Jardín Botánico de Medellín Joaquín Antonio Uribe es fascinante porque la riqueza natural fue resaltada con arquitectura de gran calidad. El acceso es un edificio circular, diseñado por los arquitectos Ana Elvira Vélez y Lorenzo Castro, que además aloja un bar, una tienda, los baños y una plaza con juego de aguas en el centro.
El otro espacio impactante del botánico es el Orquideorama, diseñado por Alejandro Bernal, Felipe Mesa, J. Paul Restrepo y Camilo Restrepo. El jardín de orquideas está cubierto por una espectacular estructura de madera compuesta por una serie de módulos repetitivos llamados árbol-flor que cumplen la función de filtrar la luz del sol y generar la luminosidad apropiada para este tipo de flores. Impresionante.
El resto del botánico tiene otras cosas interesantes como un jardín de cactus y un mariposario y es un espacio muy utilizado por los estudiantes de la universidad porque el jardín no solo permite sino que alienta los pic nics y las tardes de lectura bajo los árboles.
La zona de la universidad no la recorrimos pero lo poco que vimos, el Parque de los Deseos, también nos encantó.
Volvimos al Metro para ir hasta la estación Acevedo donde combinamos con el Metrocable que, con un sistema aéreo, remonta el cerro (Medellín se desarrolla a los lados del río del mismo nombre entre cerros) para llegar hasta uno de los barrios más humildes de la ciudad. Otra vez las instalaciones eran increíbles e impecables a pesar del intenso uso y mirar desde arriba siempre es interesante y permite ver más allá.
Toda esta traversía era para llegar a la Biblioteca Parque España porque esa fue sin dudas la jornada más arquitectónico del viaje y queríamos conocer una de las famosas bibliotecas parque de la ciudad. Estas bibliotecas fueron construidas en los barrios más postergados de Medellín como parte de un plan para dotarlos de espacios culturales y también como parte de su proceso de urbanización y mejora.
Valió la pena, el edificio es espectacular. Por su ubicación desde lejos se lo percibe como tres enormes rocas que se levantan sobre una ladera poblada de casitas de ladrillo sin revocar y mucho verde, porque está ciudad es muy verde. Al acercarse se refuerza la sensación de que los edificios son como piedras que surgen del suelo pero empezamos a ver ventanas y una vez en el interior, descubrimos espacios luminosos a pesar de lo cerrado de la envolvente. Lo mejor: estaban llenos de chicos consultando libros, haciendo distintas actividades y recorriéndo.
Volvimos a la estación Santo Domingo para tomar el Cable Arví que sube todavía más hasta el parque del mismo nombre. Llegamos después de media hora de viaje sobre una especie de bosque enorme. El Parque Arví es una reserva natural que existe, por supuesto, pero tambíén es un proyecto en construcción que demorará dos años más así que ahora se puede recorrer un poco e ir hasta unos restaurantes donde almorzamos chorizo con puré y patacones y tamal. Yo diría que esperen los dos años que faltan antes de ir.
Cuando volvíamos comentábamos lo que veíamos a nuestro alrededor y dos señores que vivían por ahí y bajaban con nosotros nos contaron que ese era el barrio más pobre de Medellín pero que ahora no había ni una calle sin asfaltar y en el lugar donde algunas casas desaparecieron por derrumbes se había construido vivienda social.
Volvimos al centro de la ciudad, al Parque de las luces (Estación Alpujarra) y aunque no lo vimos iluminado nos gustó mucho. Enfrente hay una zona comercial peatonal y los edificios Carré y Vázquez, dos inmuebles ladrilleros idénticos.

Cruzando la Av. San Juan está el Centro Administrativo La Alpujarra y el Monumento a la Raza. Años 80, mucho hormigón. El monumento es impresionante.
Allí también está la antigua estación de tren de Antioquía donde nos refugiamos cuando se largó una lluvia torrencial. Bah... la verdad es que nos metimos en la Pastelería Santa Elena, un establecimiento tradicional de Colombia que tenía unos dulces exquisitos.
Después nos fuimos hasta el Centro Comercial Mayorca que tiene varios outlets. Volvimos al hostel, cenamos unos sandwiches y ensaladas riquísimas que compramos en un local que está enfrente y nos fuimos a dormir porque a las 7 de la mañana salía nuestro avión hacia la playa.

Así terminó nuestra estancia en Medellín, una ciudad a la que me encantaría volver.

Bus Pereira Medellín $C 32.000 c/u
Taxi terminal - hostel $ 10.000
Metro $C 1.500 cada tramo
Jugos naturales en el Botánico $C 12.500 p/3
Cable Arví $C 2.500 cada tramo
Almuerzo en el parque Arví $C 18.000 p/3
Capuccinos con torta en Santa Elena $C 24.000 p/3
Hostel por dos noches $C 55.000 c/una



Algunas de las fotos de esta entrada son de Gisela

jueves, 2 de diciembre de 2010

Triángulo del café

De nuestro viaje por la maravillosa Colombia una de las cosas que más nos gustó a mis amigas y a mi fue el triángulo del café. En esta zona, que incluye los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda, se produce la mayor cantidad de café para consumo local y exportación de todo el país y se ha convertido en un destino turístico cada vez más visitado.
Nuestro viaje comenzó con un vuelo de Bogotá a Armenia, capital de Quindío. Desde el aeropuerto tomamos un micro hasta la terminal ($C 1600 c/u) donde esperábamos encontrar información turística pero era domingo y el puestito estaba cerrado. Por suerte encontramos al señor Jorge que tenía una pequeña agencia en la misma terminal y, desinteresadamente, nos ayudó a llamar al hotel en el que queríamos alojarnos y nos consiguió un taxista que nos llevara, Chucho un personaje total! (Viaje hasta La Colina $C 20.000)
Hay que decir que los colombianos no son nada egoistas con sus teléfonos, montones de veces nos ofrecieron sus celulares para averiguar cosas.
Chucho nos llevó hasta la Finca La Colina, en Calarcá, una hacienda cafetera tradicional parte del Club de Calidad Haciendas del Café. En cuanto llegamos nos encantó por el paisaje que la rodea, exhuberantemtente verde, por su hermosa arquitectura y sus brillantes colores. De todos modos fuimos también a visitar la Finca La Cabaña que es hacienda museo y justamente por eso no nos gustó tanto, era divina pero demasiado museística y llena de imágenes religiosas.

Estas haciendas pertenecen a dos hermanas que las heredaron de sus padres.

Decididas ya por La Colina acomodamos nuestras cosas en las preciosas habitaciones y pasamos parte de la tarde en la galería disfrutando de un riquísimo café y fuimos un rato a la pileta. Luego salimos a recorrer las plantaciones de plátanos y café que se mezclan con unas flores increíbles llamadas helicoideas, allí nos alcanzó Faride que sería nuestra anfitriona, cocinera y guía turística durante la estadía. Ella nos explicó someramente el proceso de siembra y recolección y también nos contó sobre la vida en esa región.
Como era temporada baja, o fría como dicen ellos, arreglamos un precio de $C 50.000 por noche para las tres con desayuno incluído, las cenas costaron $C 15.000 c/u por persona, las cervezas $C 3.000 c/u y las gaseosas sin cargo.

 Al día siguiente salimos con la intención de conocer Salento, un pueblito antiguo que sirve como base para visitar el valle de Cocora, pero había un piquete  y la ruta estaba cerrada. Entonces decidimos dar una vuelta por Armenia aunque no tiene mucho para ofrecer. Por suerte después del mediodía terminó la protesta y pudimos partir hacia nuestro destino.
Taxi La Colina - Calarcá $C 7.000 / Bus Calarcá - terminal de Armenia $C 1.400 c/u / Bus terminal - centro $C 1.300 c/u / Taxi centro - terminal $C 4.000 / Bus Armenia - Salento $C 3.200 c/u
Cuando tomen taxi pregunten el precio primero porque, aunque funcionan con reloj, aceptan viajar por un precio fijo muchas veces más barato.
Salento es chiquito y simpático, bien conservado y muy turístico, esta lleno de casas de artesanías y productos regionales. En la plaza principal se contratan los willis (jeeps) para ir al valle. El viaje dura como media hora y el precio es por vehículo, cuanta más gente viaje más barato por persona ($C 24.000 ida y $C 12.000 vuelta). Aclaro que se viaja en la parte de atrás en asientos incómodos y a los saltos, casi es mejor viajar colgando del guardabarros como hacen los locales.

Con estos willis o jeeps una vez al año hacen el "Jeepao", una fiesta súper popular que consiste en llenar los jeeps de granos o bolsas y el jeep que más aguante haciendo "willy gana.
El jeep nos dejó en la entrada de la ruta que se supone hay que recorrer para conocer el valle aunque nunca supimos muy bien qué hacer. Algunos hacen paseos a caballo y otros simplemente caminatas para apreciar el hermoso paisaje. No teníamos ni tanto tiempo ni tantas ganas así que caminamos como una hora y volvimos. Al menos pudimos ver las famosas palmas de cera que caracterizan esta zona, son unas palmeras muy finas que llegan a alcanzar hasta 60 metros de altura y admito que recién ahora descubro que son el árbol nacional de Colombia.


Como volvimos de noche, desde la terminal de Armenia, llamamos al infalible Chucho que nos llevó hasta la hacienda.
A la mañana siguiente Faride nos acompañó a ver como se recogía café, una tarea sacrificada y no tan bien paga pero... Antes habíamos conocido el proceso desde el fruto que trae dos granos cada uno que se limpia y luego se seca con calor. En este estado los granos de venden a cooperativas que hacen el tostado y torrado y lo comercializan. 

Dejamos La Colina con pesar porque es un lugar increíble y altamente recomendable y nos fuimos hacia Santa Rosa de Caldas donde nos encontraríamos con nuestra nueva amiga Livia. Viajamos de Armenia a Pereira (dos horas), dejamos las valijas en la terminal y nos tomamos otro micro para ir hasta Santa Rosa.
Taxi a Armenia (obviamente con Chucho) $C 20.000 / Bus Armenia - Santa Rosa $C 1.800 c/u
Habíamos quedado con Livia en encontrarla en Chorisan, un restaurante especializado obviamente en... chorizos y muy ricos. Livia resultó amiga del dueño y como lo conocimos aprovechamos para preguntarle porqué no comían choripán y nos dijo que, increíblemente, en Colombia no funcionó. Qué cosa no? (Almuerzo $C 34.000 para las tres)
Después de comer nos fuimos en jeep hacia la casa de Livia y esta vez si nos animamos a viajar paradas afuera, es re divertido y a mi me sirvió para evitar el mareo que me producía la ruta tan sinuosa. En el camino disfrutamos de un par de arcoiris espectacular. La casa de Livia es encantadora y llena de flores. Nos recibieron su madre, Carmenza su padre, su hermano y su sobrinito.

Después de pasar un rato con ellos nos fuimos con Livia a los Termales San Vicente. En esta zona abundan las aguas termales y según nos dijeron los de San Vicente son los mejores porque el entorno es más natural. Tuvimos que viajar bastante, siempre en jeep, y llegamos al atardecer pero allí la costumbre es ir de noche, las termas están abiertas hasta la 1.
Para empezar hicimos un baño de barro súper divertido porque parecíamos cuatro monstruitos, después nos fuimos a las piletas y nos quedamos más de una hora. Livia se hubiera quedado tres horas más pero nosotras no estábamos acostumbradas a esas temperaturas tan altas. En las termas hay un restaurante bar donde tomamos unas gaseosas con "Detoditos", una mezcla de papas fritas, platanos fritos y chizitos sabor chicharrones.
Entrada a las termas $C 15.000 c/u / Baño de barro $C 15.000 c/u

La gente de campo se levanta muy temprano pero a nosotras nada nos quitaba el sueño, ni siquiera los gallos que cantaron al alba. Nos levantamos para disfrutar de un buen desayuno casero y en familia y después partimos nuevamente hacia Pereira porque teníamos que seguir viaje a Medellín.
Nos llevamos el recuerdo de una zona bellísima que vale la pena conocer con más profundidad y de una gente entrañable (Faride, Chucho, Livia y toda su familia) que hicieron nuestra estadía inolvidable.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Bogotá

Confieso que no sabía casi nada de Bogotá antes de llegar y me encontré con una ciudad linda, con onda, aunque dificil de entender en los escasos tres días que pasamos ahí.
Desde el aeropuerto El Dorado tomamos un taxi hasta el hostel y nos encontramos con un trancón. En el camino vimos Ciudad Salitre, un barrio cercano al aeropuerto, súper moderno de oficinas, comercios y viviendas. También conocimos la razón de nuestra demora: la ejecución de una línea del Transmilenio (el nuevo sistema de transporte de la ciudad) desde el centro hasta El Dorado. Cuando nos adentramos en Bogotá nos encontramos con una ciudad baja, aparentemente poco densa, con edificaciones de impronta neotudor, mucho ladrillo y mucha vida en la calle.

Llegar al North House Hostel, ubicado en la zona rosa, no fue fácil, las direcciones son complicadas, el hotel estaba en una cortada y el taxista no se ubicaba! Como casi todas las ciudades colombianas Bogotá tiene un sistema de carreras (norte-sur) y calles (este-oeste) y las direcciones se forman con el número de carrera o calle donde está un edificio, el número de calle o carrera de la esquina y el número de puerta. Nuestro hostel estaba en Carrera 18 #80-66, el 80 es el número de la calle de la esquina y el 66 es el número de puerta. Qué ganas de complicarlo todo, no?
Lo mejor del hostel es la ubicación, en una zona de colegios y universidades (gente circulando todo el día), cerca de la estación Héroes del Transmilenio y cerca de la zona rosa. Por lo demás está bien, es chico y cómodo, aunque le falta mantenimiento, el agua sale tibiecita y los colchones son un poco duros. No tiene desayuno pero hay varios bares y cafeterías alrededor y el precio es conveniente.
Como nos habíamos levantado a las 4 de la mañana, para la tarde estábamos bastante cansadas así que nos dimos un baño y decidimos quedarnos por ahí y dejar el centro histórico para el día siguiente. Fue una buena elección porque no habíamos tenido en cuenta que Bogotá está a mucha altura (más de 2300m) y eso contribuía a nuestro cansancio.

La zona rosa es comercial y gastronómica y hay una subzona, la zona T, que estaba apenas a unas cuadras del hostel y que nos encantó porque hay calles peatonales repletas de bares, restaurantes, discos y dos centros comerciales. El viernes a la noche estaba todo repleto, era la hora del after office, y había buena onda. Paramos en un bar a tomar unos tragos y comer unas arepitas riquísimas. Después nos fuimos al Parque de la 93 que figura como uno de los lugares más atractivos pero en definitiva es una plaza rodeada de bares y restaurantes y poco más. Se supone que ahí hay actividades al aire libre pero ese día sólo estaba la banda de la policía tocando salsa y muy bien.

Comenzamos el día con un desayuno portentoso: arepas con huevos rancheros (revueltos con queso y salchichas). Igual lo nuestro fue nada comparado con lo que comían los demás: calentado (guiso de arroz con porotos y chorizo) o caldo de carnero (o algo así).

Fuimos a tomar el famoso Transmilenio que en realidad es un sistema de buses dobles que van por carriles exclusivos pero tienen unas estaciones impresionantes dignas de los trenes y metros más modernos del mundo. Como Bogotá es muy extensa, este es un medio ideal para evitar el tráfico terrible tanto por la cantidad de autos como por la manera espantosa en que manejan.
El Museo del Oro fue nuestra primera parada. Es impresionante e imperdible. La colección es muy interesante y está magníficamene exhibida. Lo mejor es la Sala de la Ofrenda, un espacio circular que ofrece un espectáculo de luz y sonido.

Después fuimos hacia La Candelaria, el centro histórico, la zona más colonial de la ciudad. Muy linda, bien conservada y con una especie de aire de provincia por la baja altura y la sencillez de los edificios. Hay cuadras muy lindas, con casas pintadas de colores, iglesias y placitas.

Aquí visitamos la Donación Botero que exhibe la colección de obras propias y ajenas que Botero donó a la nación. Están sus famosos "gordos" y sus esculturas de gran escala junto con obras de artistas tan importantes como Dalí y Picaso. Interesante y gratuito.

Después de dos museos correspondía una parada técnica y la hicimos en Juan Valdéz, donde probé el famoso tinto. Riquísimo!
A continuación la plaza principal, que obviamente se llama Bolívar, a cuyo alrededor están la Catedral, los Tribunales y el Congreso, bastante Versallesco. Es una plaza seca y enorme al estilo del zócalo mexicano e imagino que será escenario de manifestaciones y espectáculos. La estatua del pobre Bolívar queda medio perdida.

Detrás del Congreso está la Casa de Gobierno y más allá el edificio de los Archivos Nacionales de Rogelio Salmona, una cita ineludible para los arquitectos para ver aunque sea una muestra de la obra de ese gran arquitecto. Con mi amiga Marisú recordamos cuando teníamos que dibujar sus obras en la facultad...

Por la tarde fuimos al cerro Monserrate, otro de los puntos ineludibles de Bogotá sobre todo por las vistas de la ciudad. El mejor camino para llegar es la carrera 3 y luego la calle 20. Se sube en teleférico o funicular. Arriba está la Iglesia del mismo nombre, un viacrucis, venta de artesanías y varios restaurantes. Nosotras fuimos a Santa Clara y comimos una bandeja paisa riquísima. Este es un plato típico compuesto por un guiso de porotos, chicharrones, huevo frito, chorizo, morcilla, arroz, patacones y arepas. Es medio pesado, mejor compartir.
Las vistas desde el cerro son bárbaras y desde ahí se aprecia la gran extensión de la ciudad, que parece no terminar nunca, y la escasa altura de los edificios, salvo en zonas como la zona financiera.

Cuando bajamos caminamos por la Carrera 7 donde encontramos el Centro Colombiano de Artesanías (carrera 7 22-66) donde conocimos un trabajo lindísimo llamado Mola hecho con telas de distintos colores unidas a mano para formar unos diseños espectaculares. Tal como nos dijo el vendedor, conviene comprar estos productos en Bogotá porque no abundan en otras regiones y cuestan mucho más caros.
Por la noche intentamos entrar a Andrés Carne de Res , el lugar de moda, pero fue imposible, estaba repleto. Así que terminamos comiendo en Crepes & Waffles, no muy típico pero sí muy rico.
Al día siguiente partimos para Armenia pero volvimos a Bogotá al final de nuestro viaje. La intención era visitar la Catedral de Sal en Zipaquirá pero nos vencieron el cansancio y las ganas de hacer shopping, así que cambiamos lo cultural por lo comercial y nos fuimos de compras al Unicentro y al supermercado Exito donde encontramos algunas oportunidades.
Por la noche, nuestra última noche en Colombia, fuimos a Gaira Café Cumbia House. Es de Carlos Vives y está buenísimo, rica comida, tragos y música espectacular. Hay una banda en vivo que es propia de la casa y a veces actúan Vives y otros músicos invitados. Ese día Vives estaba pero disfrazado y tocó con la banda pero medio en chiste. El lugar estaba completo con reservas de hacía más de 15 días pero cuando dijimos que éramos argentinas y ese era nuestro último día en Colombia, enseguida nos hicieron pasar y nos armaron una mesa.

En Gaira se cobra una entrada, al menos por la noche, de $C 25.000. La comida tiene precios normales pero los tragos son caros aunque enormes, mojito $C 32.000.
Bogotá fue nuestro primer contacto con Colombia y lo que más nos impactó fue la simpatía y amabilidad de los colombianos que, además, a los argentinos nos tienen cariño.

Transporte
Para llegar: Aerolíneas Argentinas (vuelo directo), Avianca, Copa, Lan
Vuelos internos: Aires (exelentes precios), Avianca,
Transmilenio: $C 1600
Busetas: $C 1200
Taxis: no son nada caros y si se va en grupo a veces convienen antes que el transporte público. El taxi desde el aeropuerto cuesta unos $C 20.000 pero tomándolo desde la ciudad hacia El Dorado es un poco más caro. En la ciudad se manejan con reloj y un viaje de unas 30 cuadras puede costar unos $C 8.000. Hay suplemento por horario nocturno y por feriados.

Comida
Un desayuno típico con arepas y huevos revueltos puede costar $C 4.000 Hay opciones más "normales" como las cafeterías Juan Valdez y Oma y también está Dunkin Donuts, aquí un café con algo dulce cuesta alrededor de $C 5.000. Todas las opciones son ricas.
Para almorzar se puede optar por restaurantes y comedores locales. El plato típico es la bandeja paisa y casi todo viene acompañado con patacones y arroz. Cuando fuimos al Exito comimos ahí bien y barato.
A la hora de cenar también hay mil opciones y en la zona rosa especialmente hay para todos los gustos.

Alojamiento
North House Hostel $C 27.000 por persona en habitación para 6 con baño en la habitación, sin desayuno.

Compras
Lo mejor que encontramos en Colombia fue la ropa interior, de buena calidad y a buen precio. El resto de la ropa cuesta igual que en Buenos Aires aunque no hay nada demasiado lindo, salvo el algodón que es bueno, y se consiguen zapatos a buen precio.
En artesanías lo mejor es la mola. Carteras desde $C 60.000, billeteras $C 28.000, monederos entre $C 9.000 y 14.000, zapatos $C 50.000. Regateen!

Cambio
U$ 10 = $C 18.000 (aprox)

Más fotos de Bogotá

sábado, 16 de octubre de 2010

Barcelona

Esta ciudad española es sin dudas una de las ciudades más fabulosas del mundo. Tiene una combinación única de historia y modernidad, en una situación privilegiada a orillas del mediterráneo por cuyas aguas llegaron las influencias de distintas culturas que le dieron a la ciudad un ritmo vibrante y colorido. Y, por si algo faltara, el ser catalán cada vez más presente.
Fui por primera vez a Barcelona en 1998, en un viaje de egresada universitaria, y como buena arquitecta llegué atraída por la arquitectura de Gaudí, el barrio gótico y otras grandes obras como el Pabellón de Barcelona de Mies Van der Rohe y la más reciente Villa Olímpica. Una vez allí descubrí mucho más, más arquitectura, más vida en las calles, más calor, más sol y el mar…
Volví 10 años después dispuesta a disfrutar la ciudad con calma y en profundidad y con una lista de cosas para ver y hacer que me ocupaba media valija.
Llegué en tren desde Bilbao a la estación Franca bien temprano en la mañana de un hermoso día. Había reservado el hostel Centric Point que está sobre el Paseo de Gracia en un precioso edificio de principios del siglo XX, frente a la casa Lleo Morera de Domenecq i Montaner (en la manzana de la discordia) y a sólo media cuadra de la Casa Batló y tuve el placer de desayunar en un cafecito del Paseo mirando esa maravilla de Gaudí.

Después me fui hacia la Plaza Cataluña, que está en el límite entre el barrio antiguo y el ensanche, y en la oficina de turismo compré la Barcelona Card que tiene descuentos para las principales atracciones, transportes gratuitos por los días de vigencia de la tarjeta y un paseo en barco por el puerto.
El siguiente punto fue el barrio gótico que es increíble pero que como casi todos los centros históricos está copado por el comercio. Igual, eso no le quita belleza aunque sí lo llena de locales y turistas. Por el Portal del Ángel llegué hasta la magnífica Catedral pero decidí dejarla para otro día. En el camino vi edificios increíbles, desde el modernista Els Quatre Gats hasta el Colegio de Arquitectos con el bajorrelieve de Picasso.

Me interné por esas callecitas estrechas que nos transportan a otra época, hasta llegar al Museo de Historia de la Ciudad que funciona en un edificio del siglo XIV bajo el cual se pueden observar los restos de la Barcelona romana. Este museo se comunica con el Palacio Real Mayor, un fabuloso edificio del siglo XIII que alberga la sala en la que los Reyes Católicos recibieron a Cristóbal Colón luego de su regreso de América. La muestra es interesantísima y con maquetas, videos e instalaciones se explica la evolución de la ciudad desde la era romana hasta el siglo XX. El Palacio Real sorprende por su sobriedad.


Las calles del barrio gótico se estrechan, giran, se vuelven sobre sí mismas y es muy fácil desorientarse pero de repente se abren para dar paso a una plaza bañada en luz.

En el medio del casco antiguo Las Ramblas conducen directamente hacia el mar. El Monumento a Colón sirve como punto de referencia y mirador. Desde su cima las vistas son magníficas: el mar y el puerto hacia el sur; al este el sector más nuevo, la Villa Olímpica, el Paseo Costero y la zona del Forum; hacia el norte, el barrio gótico y el ensanche; hacia el oeste, el Raval y Montjuic.

Frente al monumento tomé un barquito, de los llamados Golondrinas, para hacer un recorrido de media hora por el puerto productivo, con sus barcos de carga, silos, empresas y, cómo no, enormes cruceros.

De vuelta por Las Ramblas viendo más arquitectura fabulosa y otras delicias como el Mercado de la Boquería, un verdadero placer para los sentidos.


Una pasadita por el hostel y a la Casa Batlló. En el ‘98 sólo se podía visitar la planta baja, además de la fachada por supuesto, pero ahora se pueden ver además el primer piso, el patio trasero, el ático y la terraza. No voy a extenderme sobre la obra de Gaudí, ni de otros modernistas, porque merece un capítulo aparte, pero sí voy a decir que esta arquitectura me emociona por su belleza, su elegancia y su complejidad. La mano del autor está presente en cada detalle con una maestría incomparable. Lo habrán tildado de loco pero el mundo sería menos interesante sin gente como él.

Terminé mi primer día en la ciudad en Montjuic en medio de muy variadas expresiones de la cultura. Por un lado el Pabellón de Barcelona de Mies, obra paradigmática de la arquitectura moderna; por otro lado el Caixa Forum, rehabilitación de una antigua fábrica de cerámicas para la creación de un centro cultural (la obra arquitectónica me pareció buenísima y había una exposición de Alfons Mucha espectacular); para finalizar la Fuente Mágica con un espectáculo de aguas danzantes al ritmo de música de películas. La Biblia y el calefón, pero fue divertido.

Montjuic tiene mucho más para ofrecer: el Castillo, el estadio olímpico, el Museo Miró (buenísimo), el Pueblo Español (una reconstrucción de distintas partes de España, demasiado escenográfica para mi gusto) y hermosos paisajes. Da para pasar por lo menos medio día recorriéndolo.

Mi segundo día en Barcelona empezó, para variar, con Gaudí. Esta vez La Pedrera o Casa Milá. Cuando la construyeron causó tanto impacto que las caricaturas la mostraban como un estacionamiento de naves espaciales y tal vez lo parezca pero es increíble como este bloque de piedra se expresa con tanta plasticidad. Al igual que en la Casa Batló, hoy en La Pedrera pueden visitarse la planta baja, el quinto piso que está amueblado como en la época de su construcción, el ático y la fantástica terraza con sus singulares guardianes de piedra.

Seguí con la obra cumbre de Gaudí, la Sagrada Familia, que después de más de cien años se acerca a su culminación. Hay bastante controversia alrededor de esta obra porque Gaudí murió en una etapa temprana de su construcción y sólo dejó terminada la fachada del Nacimiento, el planteo para la iglesia e indicaciones para las otras fachadas, las torres y la imagen general. Con esta información y mucha pasión, cientos de arquitectos, ingenieros, artesanos, artistas, talladores de piedra y herreros trabajan desde hace años para completar este gran sueño y el resultado, a mi criterio, es increíble.
Luego de la fachada del Nacimiento (que es preciosa, dulce y está llena de flores y animales) se construyó la fachada de la Pasión con obras del escultor Subirat y con una imagen drásticamente distinta. Esta fachada es dura, áspera, doliente, como el momento que representa. Sus estilos son muy diferentes pero para mí no desentonan. El resto de la construcción sigue los lineamientos y el estilo de Gaudí, las torres rematan en una suerte de racimos de frutas de colores brillantes, los interiores (ya tiene interiores!) se inundan de colores gracias a unos fabulosos vitrales y las bóvedas se elevan sobre un bosque de columnas finas y esbeltas. Desde sus torres se tienen increíbles vistas de la ciudad y se puede apreciar con más detalle la construcción.
La cantidad de visitantes es insoportable (hay colas para entrar, subir y caminar) pero como uno forma parte de esa horda invasiva hay que aguantar. Vale la pena. Me queda volver para verla completa.

Para rematar mi empacho Gaudiano me fui hasta el Park Güell a disfrutar de un hermosísimo día. El parque le fue encomendado a Gaudí por el señor Güell como una suerte de ciudad obrera a la manera de las que surgían en otros países europeos. El proyecto quedó inconcluso pero las zonas pensadas para el esparcimiento y descanso de los obreros fueron transformadas en un parque público que tiene distintos sectores: paseos, terrazas, recovas y un espacio cubierto pensado para mercado sobre el que hay una explanada rodeada por sinuosos bancos recubiertos con la famosa técnica del trencadis. A la entrada del parque nos recibe una especie de dragoncito o lagartija que se transformó en uno de los emblemas de la obra de su creador. La próxima vez espero hacer un picnic ahí.

En mi tercer día en la ciudad tenía una cita con uno de mis edificios preferidos: el Palau de la Música Catalana. Una maravilla modernista de Domenec i Montaner que me había impresionado en mi primera visita y al que no podía dejar de volver. Una vez más me maravillé con sus formas y colores y con la increíble sala custodiada por las musas y rematada por una lucarna de vidrio de colores.

Luego más barrio gótico, donde está el Palau, y la Catedral una maravilla que comenzó a construirse a fines del siglo XIII que, además de sus magníficas naves y capillas, esconde unos claustros con vegetación exuberante. Por la mañana la visita es gratuita pero por la tarde se paga, además se puede subir a las terrazas aunque yo no enganché el horario justo.

Después me fui al otro lado del casco antiguo, más allá de Las Ramblas, al barrio conocido como El Raval que está siendo recuperado con algunas obras públicas y está habitado por una mezcla de etnias y nacionalidades que lo vuelven muy interesante: africanos, musulmanes y latinoamericanos le agregan sonidos y aromas a las calles. En este barrio está el Museo de Arte Contemporáneo, un edificio blanco y diáfano diseñado por Richard Meier que alberga las últimas expresiones artísticas. Cuando salí caminé por las Rondas de Saint Antoni y Sant Pau y, previa parada técnica para comer un riquísimo shawarna, llegué al monumento a Colón donde alquilé una bici para hacer un recorrido que ya comenté en otra entrada.

En mi cuarto día en Barcelona recorrí el Barrio de Gracia, al final del Paseo del mismo nombre. Buscaba la casa Vicens de Gaudí, no la encontré pero si hallé una cantidad de edificios increíblemente bellos, callecitas encantadoras y placitas escondidas.

Luego tomé la Avenida Diagonal hacia el mar para volver a la zona más nueva de la ciudad que ya había visitado en bici el día anterior. En el camino pasé bajo la torre Agbar (o el pepino como la llaman aquí) que, contra todos mis prejuicios, me gustó mucho. El entorno todavía no ha mejorado pero la torre es esbelta y tiene una piel muy interesante que para mí imita la técnica del trencadis que caracteriza al modernismo. Terminé en el Forum, un conjunto de Herzoj y de Meuron, que no es bello pero sí interesante.

En mi quinto y último día me dediqué a visitar obras que quería conocer como el Hospital Sant Pau de Josep M. Pujol, ubicado al final de la Avenida Gaudí que sale desde la Sagrada Familia. Es un conjunto hospitalario de pabellones modernistas que se mantiene en excelente estado y en pleno funcionamiento. Detrás están construyendo un hospital nuevo que, supongo, albergará las funciones más complejas de la institución.
Después fui al Mercado Santa Catarina, un antiguo mercado ubicado a unas cuadras de la Catedral que fue rehabilitado por Enric Miralles con una sinuosa cubierta plena de colores. Me encantó y me comí unas tapas riquísimas.
Volví a internarme en el barrio Gótico hasta la Basílica Santa María del Mar y desde ahí al Parque de la Ciudadela y a la Barceloneta porque nunca me cansaré del mar.


Atracciones
Hay para todos los gustos, las mías se relacionan en general con la arquitectura y el arte. Las entradas individuales a edificios o museos cuestan unos 10 euros pero hay varias tarjetas de descuento muy convenientes, sólo hay que definir los días para aprovecharlas al máximo. También hay algunos lugares gratuitos, como los museos de la ciudad, y si no se entra a ningún lugar pago igual se disfruta porque la verdadera atracción de la ciudad son las calles y su gente.

Descuentos
Barcelona Card
Ruta del Modernismo
Bus Turístico

Transporte
Barcelona tiene una red de transporte público buenísima formada por metro, buses, trenes y ahora también bicicletas, con la que es posible recorrer toda la ciudad y también las cercanías. El pasaje individual cuesta 1,6 euros pero hay tarjetas por diez viajes, por día o por semana y algunas tarjetas de descuentos para atracciones como la Barcelona Card incluyen viajes ilimitados por los días de vigencia de las tarjetas.

Comidas
La comida es deliciosa y la oferta infinita. A mi me encantaron los mercados para un bocadillo al paso o un almuerzo porque ofrecen productos frescos y a buen precio. El de la Boquería es el más famoso y también por eso el menos agradable porque está demasiado lleno de gente, pero en la ciudad hay una red de mercados y todos son excelentes. Por supuesto está lleno de restaurantes de todas las categorías y también cadenas locales e internacionales de comidas rápidas con precios accesibles y, algunos, con platos saludables. Supermercados como Carrefour tienen comidas preparadas y envasadas decentes y baratas y El Corte Inglés tiene una sección de gastronomía muy buena aunque un poco más cara. Algo que me sorprendió es que en Barcelona abundan las chocolaterías y el chocolate es realmente riquísimo. Las pastas (facturas para nosotros) también son muy buenas.

Compras
Hay de todo, desde marcas caras a cadenas accesibles a los africanos que venden carteras y pañuelos por la calle. En ciertas zonas la cantidad de comercios y de gente haciendo compras agobia pero igual hay que dar una miradita. Yo me enamoré de la marca Desigual, ropa súper original, y de http://www.muji.com/ una marca japonesa de artículos para viajes, guardado, papelería y miles de otras cositas, donde quise comprarme todo.

Costos
Argentina, Buenos Aires especialmente, está muy cara así que nada me pareció excesivo allá. El hostel tenía desayuno pero desayunar afuera un café con unas pastas o un bocado (sándwich) cuesta entre 2 y 3 euros. Se puede almorzar liviano por 4 o 5 euros y cenar muy bien por 10 o 12 euros.

Idioma
El idioma en Barcelona es el catalán y aunque no abandonaron totalmente el español, en la calle casi no se lo escucha. El fenómeno es tan pronunciado que, entre los catalanes y los turistas de todas partes del mundo, empecé a extrañar el castellano.


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