lunes, 7 de noviembre de 2011

Roma

Este año, con Marisú, Lorena, Susana y Silvia, emprendimos un viaje inolvidable por Italia, Grecia y Turquía, que Marisú bautizó muy acertadamente como "Grandes civilizaciones" y la primera parada fue Roma, la ciudad eterna.
Estuve por primera vez en Roma en el 98 y aunque me gustó, no la disfruté tanto como hubiera querido. Esta es una ciudad apabullante, más aún si se llega en vísperas del 1 de mayo fecha para la cual toda Italia se traslada a Roma para participar de las manifestaciones. Por eso me había quedado con muchas ganas de volver. Lamentablemente la planificación de este viaje hizo que sólo pudiéramos dedicarle dos días (un día y medio en mi caso), pero valió la pena. Sin la presión de tener que visitar los grandes monumentos que ya conocíamos (Capilla Sixtina, Coliseo, multitud de iglesias, etc.), nos decidimos a disfrutarla de otro modo.
Llegué al mediodía con British Airways después de un muy buen vuelo, aunque largo, y me fui directo al hostel que estaba cerca de la Termini en el Leonardo Express. Este tren sale cada 30 minutos desde Fuimiccino y en media hora llega al centro de Roma.
Marisú y Lorena habían llegado unas horas antes que yo así que quedamos en encontrarnos a las 3 de la tarde en el obelisco de la Plaza San Pedro, visita obligada para subir a la cúpula que no habíamos visitado antes. Después de dejar mis cosas en el hostel Alessandro Downtown, ubicado a sólo dos cuadras de la Termini, y ponerme ropa más liviana porque hacía mucho calor, tomé el Bus 40 que me dejó directamente en el Vaticano. Ya desde el tren había visto que la ciudad no está todo lo cuidada que yo hubiera esperado y lo comprobé en el viaje en bus viendo los hermosos edificios y las calles algo descuidados.

Por suerte encontré a las chicas sin problemas y enseguida nos dirigimos hacia el acceso a la cúpula. El primer tramo se hace en ascensor pero después vienen cientos de escalones, no recomendables para personas con vértigo porque literalmente se sube por el interior de la cúpula, siguiendo su misma curvatura. A mitad de camino se accede al interior de la base de la cúpula, que aunque fue proyectada por Miguel Ángel éste no pudo verla terminada.

Luego, la vista desde la cima es espectacular. Se aprecia perfectamente el diseño de la Plaza San Pedro, realizada por Bernini, delante el Castel Sant' Angelo a orillas del Tiber y, más allá, Villa Borghese. Se ven también los jardines del Vaticano y se alcanza a divisar la silueta del Monumento a Vittorio Emanuele II pero sobre todo la ciudad, pareja y compacta, con sus edificios pintados en tonos de ocre y sus techos de tejas.

Después de bajar (otra tarea complicada en algunos tramos), visitamos la basílica y debo decir que no me impresionó tanto como la primera vez cuando me había parecido gigantesca, aunque el baldaquino sigue siendo impresionante. Tal vez haya sido porque aquella vez estaba Juan Pablo II dando misa lo que le agregó mucho significado a la visita. Lo mejor, sin dudas para mí, es La Piedad, esa maravilla de Miguel Angel que, a pesar de estar a la distancia y protegida por un cristal, logra emocionar.

En la plaza cuesta más percibir la perfección de su diseño, tan claramente visible desde arriba, pero se aprecia su imponente tamaño y las galerías con columnas son muy hermosas.

El efecto se completa, de alguna manera, con la Via della Conciliazione que tomamos para salir del Vaticano y volver a la ciudad cruzando el Tiber por el puente Vittorio Emanuele II.

Nos dirigimos entonces hacia Piazza Navona, uno de los lugares más lindos de Roma. Tiene una forma particular debido a que fue construida donde se encontraba un antiguo estadio. Hay dos fuentes en los extremos y una en el centro, la Fuente de los Cuatro Ríos (Nilo, Ganges, Danubio y Rio de la Plata), todas obras de Bernini. Frente a la plaza está la iglesia Santa Inés de Borromini.

Alrededor de la plaza hay cafés y restaurantes pero no nos detuvimos allí porque teníamos el dato de un lugar donde se servía un café exquisito así que fuimos en busca de Sant' Eustachio, una cafetería tradicional que verdaderamente tenía un café maravilloso. En mi opinión el café italiano es el más rico del mundo por su aroma y sabor y sobre todo porque las máquinas de café expreso logran una textura cremosa increíble. Yo tomé el Gran Café, una de las especialidades de la casa, café negro puro tan suave como una mousse.

Después de esta necesaria parada técnica seguimos hasta el Panteón que para mi es uno de los edificios más bellos del mundo (obvio que no conozco tantos, no?). Fue construido por el emperador Adriano entre el 118 y el 125 DC y la verdad es que cuesta entender que ya tiene casi 2000 años. Más allá del importante pórtico de acceso, la maravilla de este edificio es su interior formado por un cilindro cubierto por una cúpula casetonada de 43 metros de diámetro, con un óculo central abierto, y el edificio alcanza 43 metros de altura.

En este edificio, convertido en la iglesia Santa María de los Mártires alrededor del 600, aloja los restos de Vittorio Emanuele II y del pintor Rafael, entre otros. Mientras que el interior es bello y elegante, el exterior luce inacabado provocando un contraste más que interesante. Enfrente está la Plaza de la Rotonda, lugar de reunión de turistas y vendedores.

Desde ahí nos fuimos hasta el ineludible Monumento a Vittorio Emanuele, ineludible porque es tan enorme que se lo ve desde todos lados y aunque uno no quiera, termina yendo. Es un monumento del tamaño del Congreso de Buenos Aires (y tiene un aire también), de principios del siglo XX, construido en mármol blanco con una fabulosas cuadrigas de caballos y brilla como si estuviera recién lustrado. Es bien impresionante.

Muy cerca de este monumento está otro edificio, o más bien conjunto edilicio, que me encanta: el Campidoglio que, en realidad, es el nombre de la colina en que se levanta. El conjunto está compuesto por tres edificios alrededor de una plaza a la que se accede por una escalera rampante. Es obra de Miguel Angel en su faceta de arquitecto que, para distorsionar la perspectiva que percibimos naturalmente, ubicó los edificios en una planta trapezoidal y no recta. Los edificios alojan los Museos Capitalinos que sigo sin visitar. Desde aquí hay una espectacular vista al Foro que se ubica detrás.

Para terminar, una pasada rápida por el Coliseo, como para verificar que todavía está ahí, cena cerca del hostel y a descansar porque no habíamos dormido nada en el avión ni la noche anterior al vuelo y no habíamos parado en todo el día.

Al día siguiente nos levantamos temprano, desayunamos en el hostel y salimos directo al Campo di Fiori  (Bus 64) donde funciona un mercado sólo por la mañana. Nos desilusionó un poco porque es demasiado turístico, sobre todo los precios. Igual es simpático y la zona es muy linda. Dimos unas vueltas y compramos jamón crudo, mozzarela, tomates secos y focaccia y nos fuimos a Villa Borghese a hacer un mini pic-nic (Bus 116).

Villa Borghese es un gran parque que además aloja varios museos y es un remanso de paz dentro de una ciudad tan compacta y caótica como Roma. Como seguíamos medio cansadas no entramos a ningún museo y nos tomamos un trencito que recorre los puntos básicos del parque, los jardines y los lagos. Nos dejó cerca de Piazza del Popolo, francamente no sabia que estaban tan próximas, en un lugar desde el que se tiene una vista panorámica espectacular de la ciudad porque el parque está elevado. Aquí comimos nuestro riquísimo sandwich.

Bajamos a Piazza del Popolo, un enorme espacio abierto famoso por las dos iglesias gemelas (Santa María de Montesanto y de Santa María de los Milagros) ubicadas en el encuentro de las calles Babuino, Ripietta y del Corso que terminan (o nacen) aquí.

Después tomamos el Tram 2 hasta la estación Flaminia/Reni, hacia el norte de la ciudad, porque queríamos visitar el Auditorium Parco della Musica, un edificio de Renzo Piano que se asemeja a tres escarabajos (las arquitectas siempre igual!!) pero apenas si pudimos verlo porque había un festival de cine fantástico, o algo así, y estaba todo vallado. Me queda para la próxima.
Después nos fuimos al MAXXI, ubicado no muy lejos de ahí. Es un edificio de Zaha Hadid la arquitecta anglo-iraquí que siempre trabaja con volumetrías muy particulares. El nuevo edificio se adosa (bastante brutalmente) a uno antiguo y se desarrolla en una planta en L formada por tiras que se entrecruzan en los distintos niveles. El interior es muy dramático con entrepisos, pasarelas y escaleras suspendidas en blanco y negro con acentos de luz y algunos toques de rojo. Es el primer edificio de Zaha que conozco y me gustó mucho.

El museo exhibe principalmente arte contemporáneo y es ideal para obras de gran porte. Nosotras vimos una exposición colectiva de artistas indios con algunas piezas muy interesantes y además vimos a Drew Barrymore que estaba por ahí paseando con su novio. Parece re simpática!
Después del museo volvimos a Piazza del Popolo en el tram y caminamos hasta Piazza di Spagna que, como siempre, estaba repleta de turistas. Creo que nunca la veré libre pero que linda es! En realidad más que una plaza tradicional es una plaza seca con una fuente similar a una barca obra de Bernini y una escalinata por la que se llega a la iglesia Trinidad de los Montes.

A continuación, para seguir con los clichés turísticos, fuimos a la fabulosa Fontana di Trevi que también estaba a pleno. Hacía mucho calor así que nos tomamos un heladito exquisito (chocolate y frutilla) y después cumplimos con el ritual de tirar la monedita a la fuente y pedir tres deseos. La Fontana fue locación para la famosa escena de La dolce vita.

Paseamos un poco por Via Nazionale y después tomamos el metro hasta la estación Re di Roma para llegar a otro monumento romano: el bar y heladería Pompi donde se sirve, supuestamente, el mejor tiramisú de Roma. No sé si será el mejor pero ciertamente era muy rico y había cola para comprarlo. De hecho, todo lo que servían ahí parecía exquisito, los helados y las tortas. Es un lugar extraño porque adelante tiene una confitería común pero atrás hay un sector a media luz, con DJ donde se toma el aperitivo todos los días después de las 7 de la tarde, la nueva costumbre italiana. Si no saben cómo llegar pregunten, todo buen romano sabe donde queda.

Una cena con pizza, que sigue sin deslumbrarme, y a descansar porque al día siguiente partíamos muy temprano hacia Milán.

Conclusión
Roma es una ciudad deslumbrante por su historia, por lo que representa, por sus monumentos y es una ciudad muy hermosa, las calles tienen esa tonalidad ocre de las fachadas de los edificios con ventanas llenas de flores. Las trama laberíntica se abre con avenidas monumentales, plazas deslumbrantes y arte por todas partes. Pero hay tanto para ver que hace falta concentrarse para tomar real conciencia de que estamos viendo edificios y monumentos que tienen siglos de antigüedad y fueron obra de maestros como Miguel Angel o Bernini.
Al mismo tiempo es una ciudad muy vital y absolutamente caótica, el tránsito es una locura, la misma morfología de la ciudad hace que la circulación sea complicada para todos (autos y peatones), hay muchísimo ruido, las sirenas de la policía y las ambulancias aturden, está invadida por turistas (incluyéndome a mi). O sea que es un poco hostil y está bastante descuidada pero sigue siendo encantadora y vale la pena visitarla aunque sea una vez.

+ info
Página oficial de turismo 
http://www.turismoroma.it/
Transporte público
En Roma sólo hay dos líneas de metro, por razones obvias, pero tiene una excelente red de buses y tranvías. El pasaje simple cuesta 1 euro y dura 75 minutos, es decir que se puede volver a usar en ese lapso, hay un pase de 24 horas a 4 euros, uno de tres días por 11 euros y otro de siete días por 16 euros.
http://www.atac.roma.it/
Tren Fuimicino-Termini 14 euros
Alojamiento
Hay miles de opciones, entre ellas muchos hostels, para mi conviene quedarse cerca de la Termini (la estación central de trenes) porque el tren desde el aeropuerto llega ahí, porque desde ahí parten trenes a toda Italia y porque se pueden tomar varias líneas de bus y metro, además de poder ir caminando a muchos sitios de interés.
Nosotras fuimos a Alessandro Downtown que está a dos cuadras de la Termini y está muy bien. Es bastante grande, ocupa varios pisos de un edificio, las habitaciones son amplias, los baños -compartidos- también, tiene un desayuno aceptable, lavandería, wi-fi y máquinas con internet disponibles. La única queja sería que los baños necesitan más limpieza porque con una sola vez por día no alcanza para la cantidad de huéspedes que hay. Cuesta aproximadamente 30 euros por persona en habitación compartida.
http://www.hostelsalessandro.com/es/downtown
Comidas
Riquísima, obvio, especialmente el café y los helados para mí.
El café es todo un ritual al igual que en Buenos Aires pero distinto porque en lugar de sentarse a tomar un café y quedarse charlando por largo rato como hacemos nosotros, los italianos toman el café al paso y de parados, hasta son capaces de dejar el auto en doble fila y bajarse para tomar un cafecito, no les lleva más de cinco minutos. Para lo rico que es el café es muy barato, entre 1 y 2 euros en casi todos lados, sentados sale más caro.
Como no estuvimos mucho tiempo no pudimos experimentar demasiado con la comida pero ciertos productos son de primera con los quesos, el jamón, el pan. Se puede almorzar algo al paso por unos 4 euros y cenar por 10 o 12, hay muchos restaurantes que ofrecen menúes a ese precio con entrada, plato y postre (primo, secondo e dolce).
Museos y monumentos
Esta vez no entramos a muchos pero hay que calcular entre 7 y 15 euros, dependiendo del sitio. Las iglesias usualmente pueden visitarse en forma gratuita pero cobran el acceso a ciertas salas donde hay obras de arte o tesoros. Si hay cúpulas suban, las vistas de la ciudad desde arriba son increíbles.
Cúpula San Pedro 7 euros
Maxxi 11 euros

+ fotos
http://www.panoramio.com/user/435770/tags/roma

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