domingo, 18 de noviembre de 2012

Estambul II

Tiempo de terminar con el relato del viaje "Grandes civilizaciones". Hace exactamente un año que lo hice (mucho tiempo) pero lo bueno es que con los viajes siempre me pasa lo mismo, los disfruto tanto que permanecen en mi mente y en mi corazón como si hubiera terminado ayer y este blog me ayuda a perpetuarlos. Por suerte siempre hay nuevos destinos, el de este año fue USA y se viene en las próximas entradas.

Volvimos a Estambul después de tres días fabulosos en Cappadocia y Pamukkale y ya en nuestro nuevo hotel, Luxx, nos esperaba Silvia, la quinta integrante de la banda, que vive en Italia y se unió a nosotros en esos últimos días.  Recién entonces empezamos nuestra verdadera recorrida por la ciudad y que mejor lugar para comenzar que la mítica Santa Sofía (Hagia Sofia).
Desde el exterior Santa Sofía impresiona por su tamaño pero no por su belleza porque es como estar viendo un edificio sin terminar, pero esa cáscara rústica resguarda la maravilla que se esconde en el interior. Ni bien se ingresa uno se siente conmovido (o yo me sentí conmovida) por la grandiosidad y la elegancia. Las dimensiones de la cúpula impresionan y realmente hay que hacer un esfuerzo para comprender que fue construida hace 1400 años.
Después del primer impacto se la empieza a ver realmente y aunque está bastante deteriorada y la cantidad de visitantes le quita misticismo al momento, Santa Sofía sigue siendo hermosa e imponente. Una de las cosas que más me gustaron, aquí y en otras mezquitas, son las lámparas colgantes (como flotantes) que logran dar una escala casi íntima a estos espacios inmensos.
Si bien lo que más impresiona es la espacialidad, al recorrerla se pueden observar fabulosos decorados en azulejos, piezas de mármol talladas casi como si fueran encaje, imágenes, escrituras y símbolos que nos recuerdan que estamos en un sitio sagrado.



Podría seguir y seguir con este tema pero no me alcanzaría el blog así que paso a nuestra siguiente visita, otra maravilla, la Cisterna Basílica (Yerebatan Saray Sarnıçı). 
Ubicada justo frente a Santa Sofía, la Cisterna fue construida por encargo del emperador Justiniano en el siglo VI para proveer de agua a la ciudad. Esa es su función pero la cisterna es además un lugar mágico, un bosque de 336 columnas de mármol que emergen del agua y culminan en un techo abovedado, una iluminación dramática le confiere cierto aire teatral. Entre todas las columnas se destaca una cuya base es una cabeza de Medusa invertida.

Acá para aflojar tanta visita culturosa nos divertimos un rato con esta foto. Mortal, no?
El "Felicidades" se lo agregué yo cuando le mandé la foto a las chicas como tarjeta de fin de año
Luego fuimos a la Mezquita Azul (Sultanahmet Cami) que es bellísima por donde se la mire. El exterior es fabuloso con sus cúpulas y minaretes, las fachadas son de piedra tallada con detalles dorados, muy elegante. Se ingresa a través de un patio donde está la fuente que los fieles usan para lavarse los pies y las manos antes de entrar y luego se accede al interior, absolutamente maravilloso, todo cubierto por azulejos decorados. Esta mezquita sí sigue funcionando como tal (de hecho nuestro ingreso se vio demorado porque era la hora del rezo) y todos esos tonos de azul crean una atmósfera muy especial.



Seguimos el recorrido por los imperdibles de Estambul yendo al famoso Gran Bazar y aunque cuando llegamos estaban casi cerrando, el paseo alcanzó para ver que nos iba a llevar bastante tiempo (y muuuucha paciencia) recorrerlo y lograr comprar algo ahí. Es un poco agobiante.

Para terminar el día fuimos a una especie de café sobre un callejón a fumar narguile. Horrible! Yo no fumo así que me resultó muy difícil pero por lo menos lo intenté.
Al día siguiente fue el turno del Palacio Topkapi (Topkapi Sarayi), centro cívico y educacional del estado y residencia de los sultanes Otomanos. Fue construido en el siglo XVI y utilizado por los sultanes hasta que a mediados del siglo XIX construyeron el Palacio Dolmabahce, a orillas del Bósforo, más apropiado en funciones y estilo al gusto de la época.

Hago un paréntesis para admitir que esta información la acabo de sacar de la página oficial del museo porque fui a Turquía sabiendo poco y nada (más bien nada) de la historia de ese país y seguramente por eso me sorprendió tanto. Al viajar sin guías por un país como este se siente la falta de referencias históricas y si bien en el Palacio usamos la audioguía ésta era bastante mala así que no nos aportó demasiado. Tengo pendiente aún averiguar más sobre la antigua Constantinopla, el imperio turco y los Otomanos, pero lo haré cuando encuentre alguna lectura amena que me evite morir en el intento.

Vuelvo al Palacio que está compuesto por una serie de patios y jardines rodeados por edificios más bien bajos donde se encontraban desde las cocinas hasta oficinas, salones de recepción, los aposentos de los sultanes y el mítico harem que tantas fantasías despierta aunque, hoy en día y visitándolo entre cientos de turistas de todo el mundo, es casi imposible hacerse una idea de cómo sería la vida allí.




Harem
Harem
Lo mejor del lugar para mi son los patios tercero y cuarto, los más lujosos tanto en el exterior como en los interiores, y el harem que se mantiene como la sección más secreta de todas. El parque en que se emplaza es hermoso y las vistas desde las terrazas hacia el Bósforo son fabulosas. La visita vale la pena pero recomiendo informarse un poco antes de ir para poder disfrutarlo más. Yo igual me entretuve bastante con los cientos y cientos de diseños de azulejos que adornan el palacio y que me fascinaron.
A la hora del almuerzo fuimos al Puente de Galata que abajo tiene unos restoranes. Obviamente comimos pescado y yo me animé a un plato típico, el sandwich de caballa, pero realmente era demasiado rico.
Luego fuimos al Bazar de las especias o Bazar egipcio: enorme, intrincado, agobiante, fascinante, aromático. Ahí si compramos (especias, frutas secas, té y café deliciosos) y comprobé una vez más que el regateo me agota y me pone de mal humor. Yo sé que es lo que hay que hacer pero me aburre pasarme media hora discutiendo o buscando precios, más aún cuando la pelea es por unos míseros 10 pesos argentinos. En fin...
Así, cargadas como equecos como estábamos, fuimos hasta la Mezquita Suleymaniye que es verdaderamente hermosa y la sentimos un poco más auténtica que las otras que habíamos visitado, tal vez porque había menos turistas.

Estambul nos recibió bien pero con mal tiempo y aunque estuvimos postergando el paseo en barco por el Bósforo con la esperanza de que mejorara, nos dimos cuenta de que eso no iba a pasar y una mañana lo tomamos. Hay varios recorridos posibles, uno de ellos llega hasta el Mar Negro, pero nosotros optamos por uno básico que nos llevó hasta mitad de camino, digamos, y nos permitió ver como los minaretes de las mezquitas dominan el paisaje, se observan algunas edificios en torre alzándose por sobre la ciudad y, poco a poco, a medida que nos alejamos del centro, la ciudad va dejando paso a los suburbios y a una zona mucho más agreste con grandes casas implantadas entre la vegetación. Me quedé con ganas de conocer más.
El puente y la torre Galata

El Palacio Dolmabahce
La muralla que rodeaba la ciudad
Cuando terminó este paseo tomamos otro ferry para ir al lado asiático que nos intrigaba bastante. Bajamos en Uskudar y como estábamos muertas de hambre nos metimos en el primer restaurante que vimos que terminó siendo muy bueno, Kanaat Lokantasi, una especie de comedor (me hizo acordar a Montecatini en Mar del Plata) con comida tradicional turca muy rica. Comí un cordero delicioso y de postre unos increíbles higos en almíbar. Después paseamos un poco pero no encontramos más atractivo que el de ver un barrio lleno de gente local, lleno de comercios y con muchas más cabezas cubiertas que en el lado occidental. Igual estuvo bien para ver la Estambul verdadera como quien dice.
Al rato volvimos a Sultanhamet y terminamos de nuevo en el Gran Bazar (es como un imán) pero esta vez compramos, hay muy buenos artículos de cuero.
Al día siguiente mal tiempo y frío pero nada nos descorazonaba así que nos tomamos un ferry para ir al Cuerno de oro que es un brazo del Bósforo que divide la Estambul occidental en dos. Nos dirigimos a la iglesia San Salvador en Chora, hoy museo, un bellísimo templo completamente decorado con imágenes religiosas cristianas hechas en azulejos tipo venecianos en tonos dorados.
Nos costó llegar hasta ahí y por primera y única vez nos sentimos algo intranquilas porque la zona totalmente residencial, nada turística, nadie hablaba inglés y estábamos medio perdidas. Por suerte encontramos un par de personas que nos orientaron pero confieso que pasamos unos momentos de nerviosismo aunque no pasó nada. Es llamativo cómo lo desconocido nos puede inquietar.


De vuelta en nuestra zona de confort (Sultanhamet) cruzamos nuevamente el puente de Galata y tomamos el subte antiguo, de 1808, para llegar hasta la calle Istikal donde tomamos un tranvía antiguo muy simpático hasta la plaza Taksim. Desde ahí bajamos caminando por la Istikal comprando, como no podía ser de otra manera, pero esta vez marcas internacionales, porque en Turquía están todas las que a Argentina no llegan y a precios buenísimos.
Calle Istikal
Fue una verdadera maratón porque era nuestra última tarde en la ciudad y queríamos subir a la torre Galata e ir al baño turco. A la torre subimos y al baño fuimos pero no entramos porque nos pareció demasiado caro para lo que era: 30 euros sólo por estar en la zona de vapor, los masajes eran aparte. (Además nos dio un poco de asquito). Pero la próxima vez averiguo bien y voy porque no puede ser que me pierda algo así.
Para nuestra última noche queríamos una cena verdaderamente típica y habíamos visto unos restaurantes donde unas señoras amasaban y cocinaban unos panes típicos a la vista. Esto también nos salió mal porque cuando llegamos las señoras se habían ido y no pudimos probar el famoso pan. Igual, obviamente, nos la arreglamos para pasarla muy bien.
A la mañana siguiente sólo tuvimos tiempo para desayunar, comprar los dulces de rigor para convidar en la oficina y cerrar las valijas (tarea verdaderamente difícil). Camino al aeropuerto, aunque ya estaba lista para volver a casa, empecé a lamentar dejar esa ciudad que me había gustado tanto, a pesar de la "desilusión" inicial, y ese país que me había sorprendido tanto.
Quiero volver. Para seguir comiendo rico, para oler las especias, para tomar té de manzana, para sentarme en el puerto a mirar el incesante movimiento de ferrys, para caminar por las calles repletas, para escuchar una vez más la llamada al rezo, para pararme nuevamente bajo la imponente cúpula de Santa Sofía, para perderme en los callejones del Gran Bazar, para tratar de entender esa sociedad con un pie de cada lado como la ciudad...
Termino con esta foto que me encanta y resume nuestra aventura.
Las viajeras Silvia, Susana, Marisú, Lorena y yo con la Mezquita Azul de fondo. 

+ info

Alojamiento
Hotel Rast: Muy bueno. Ubicado en Sultanahmet, en plena zona comercial, a metros del tranvía y de las atracciones más importantes como las mezquitas o el Gran Bazar. Habitaciones muy cómodas, buen servicio, desayuno excelente.
Hotel Luxx: Bueno. También ubicado en Sultanahmet, mucho más sencillo que el Rast pero también mucho más económico. Cómodo y con un desayuno bastante completo

Transporte
Desde el aeropuerto hay que tomar un metro y luego combinar con el tranvía (4 LT). También hay shuttles que pueden contratarse en los hoteles.
Dentro de la ciudad hay muchas opciones. En la zona de Sultanahmet está el tranvía y cruzando el puente de Gálata hay también metro y tranvía y funicular. Además por supuesto están los ferrys que son muy utilizados. Del lado asiático no hay metro pero sí buses. Todos estos medios de transporte, muy buenos en general, cuestan 2 LT y se pueden comprar pases.

Atracciones
Entre las grandes atracciones de Estambúl están por supuesto las mezquitas y la mayoría son gratuitas porque siguen siendo sitios religiosos, excepto Santa Sofía, que es un museo.
Santa Sofía 20 LT
Cisterna Basílica 10 LT
Palacio Topkapi 20 (entrada), 15 (audioguía), 20 (entrada harem)
Paseo en barco 12 LT (hay muchas opciones, los precios varían según el recorrido y la duración)
San Salvador en Chora 15 LT
Torre Galata 11 LT

Comida
La comida turca es variada y muy rica, parecida a la griega pero más especiada, se basa en carne (especialmente de cordero) y verduras como berenjena y tomate. Hay montones de opciones desde comida rápida como kebabs, dolmas (arrolladitos de hoja de parra), lahmacun (versión turca de la pizza, es una masa fina tipo pan con una salsa con carne) o boreks. Hay muchos locales tipo rotisería o de venta de comida al peso que ofrecen decenas de opciones, todas muy ricas.
Los dulces son especialmente tentadores para mí, aunque no a todos les gustan porque son muy dulces, tienen masas de hojaldre, frutas secas, higos y mucho almíbar.
A pesar de que el café a la turca es muy conocido en el mundo la verdad es que allí se toma té, té negro específicamente y té de manzana (delicioso) para los turistas.

Compras
De todo lo que quieran y más.
Lo típico son las pashminas, hay miles de diseños y colores y también distintas calidades. Son realmente económicas (se consiguen desde 15 LT), completan cualquier conjunto y son un excelente regalo.
En el bazar se consiguen además muy buenas cosas de cuero, desde preciosos guantes a 35 LT a fabulosas camperas por 300 LT o menos dependiendo de la capacidad de negociación. Aunque esté mal admitirlo fuimos con la idea de comprar alguna cartera de imitación pero esas no son baratas porque son muy buenas, empiezan ofreciéndolas a 300 euros, no probamos saber hasta cuánto las rebajan.
Yo traje algo que quería desde acá y es una hermosa lámpara hecha con vidriecitos de colores, son divinas y baratas, 35 LT. También me traje un juego de las tacitas de vidrio que usan para tomar el té, 6 por 20 LT.
Obviamente otro producto típico son las especias y valen la pena porque son fabulosas. Pero cuidado, es muy fácil hacerse 1 o 2 kilos de especias y frutas secas en una sola visita al bazar.
Y por si fuera poco en Estambul están todas las marcas internacionales (que al menos a Argentina no llegan) como MNG, Gap, Bennetton, Banana Republic, Diesel, Top Shop, etc. a precios buenísimos.

Idioma
El turco es imposible pero Estambul es una ciudad muy turística y casi todos hablan inglés o español. Sólo en el lado asiático pueden tener alguna dificultad.

Información
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