miércoles, 9 de diciembre de 2009

Brujas

No es casualidad que Brujas siempre esté incluida en esos tours que abarcan varias ciudades de Europa con el nombre “Ciudades de ensueño” o algo parecido, porque es realmente increíble.
Fui el lunes aprovechando que casi todos los museos de Bruselas estaban cerrados y no era la única, todos los españoles (e italianos) que poblaban Bruselas viajaron conmigo. El viaje dura una hora solamente y a mitad de camino está Gent adonde no paré pero que también es muy lindo, según dicen.
Ya el camino desde la estación hasta el centro es lindo. Las calles están rodeadas de casitas con frentes de ladrillo y cortinas de encaje en las ventanas. Cada tanto aparece una iglesia o una pequeña plaza y hasta los negocios son simpáticos.


En la plaza central domina obviamente el Hôtel de Ville y Brujas tiene también el Belfort que es una torre altísima, creo que alguna vez fue prisión, desde donde se tienen unas vistas inmejorables de la ciudad. Eso sí, para disfrutarlas hay que subir 366 escalones y juro que cuesta! Pero vale la pena.

Como sólo fui a pasar el día me aseguré de hacer todo lo imprescindible, según yo por supuesto.
Primero subí al Belfort y me quedé sin aire por las vistas y por la subida.

Después comí papas fritas porque nuestras populares fritas (frites por acá) son una verdadera pasión en Bélgica parece. En Brujas incluso hay un museo! Y justo debajo del Belfort hay dos puestitos que compiten por atraer a la mayor cantidad de clientes y la verdad que, a pesar del olor a grasa que domina el aire, las papas estaban espectaculares. Y Las comen todos, no solo los turistas, sino cualquier local se toma cinco minutos para este snack.

Después me alquilé una bici y creo que es la mejor manera de conocer la ciudad. Todo el mundo anda en bicicleta y parece que nadie roba porque cuando entran a comprar algo o a hacer un trámite las dejan en la calle como si nada. Así recorrí casi toda la ciudad y me gustó especialmente bordear los canales. Fue divino. Para colmo el día estuvo espectacular después de dos días fríos, nublados y con lluvia en Bruselas.



Por último, comí un waffle con salsa de chocolate. Estaba buenísimo.

Además la ciudad está toda adornada por navidad y en la plaza central hay una pista de patinaje.

Y justo cuando decidí volver después de dar una vuelta por los negocios, se largó a llover, como para que no me diera pena.
No duden en visitar Brujas si pueden, es una verdadera belleza.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Bruselas

Fascinada por el Art nouveau y por la obra de arquitectos como Victor Horta, no dudé en venirme para Bruselas una vez que se terminó mi estadía en París y debo decir que me sorprendí.
Ya me habían dicho que Bruselas había sido muy destruida y que sólo le quedaba un centro histórico bastante chico pero nunca imaginé que la ciudad me haría acordar más a Estados Unidos que a Europa. Parece Washington. En serio! Fuera del casco histórico tiene calles anchas con edificios modernos y anodinos, todo vidrio, grandes parques y hasta los barrios me recordaron a ciertas zonas de Washington o Boston con sus casas de ladrillo. Además acá hablan flamenco, los belgas, y turco (o algo así) todos los demás, porque está lleno de turcos.

Esta situación me chocó y el primer día estuve totalmente perdida. Llegué al mediodía y me fui caminando hasta el hostel (paso por alto que en información me mandaron a una dirección errónea) pasando por sectores decididamente nuevos y barrios residenciales muy poco art nouveau. Después de instalarme en el hostel Jacques Brel (muy bueno) salí corriendo para visitar la Maison Cauchie que sólo abre el primer fin de semana de cada mes. Llegué de casualidad y porque mi instinto de arquitecta me permite orientarme más o menos bien. Me fui en metro y como nunca encontré donde sacar el ticket y como las puertas estaban abiertas, viajé gratis. Para colmo el metro que yo tenía que tomar va en círculos así que casi lo tomo en dirección contraria.
Bueno, finalmente llegué y valió la pena la excursión porque la casa es una maravilla. Fue diseñada íntegramente por Paul Cauchie y su esposa y lo más destacado son los esgrafitos que hay en la fachada y en el interior. Una belleza.


Cuando salí ya era de noche, acá anochece tipo 5.30, pero decidí volver caminando para conocer la ciudad. Tomé por el Cinquanteneire que es un gran parque con un edificio monumental que tiene un museo y un lugar de exposiciones creo. Está sobre una de las colinas que hay en la ciudad y debe ser lindo pero estaba un poco oscuro.
Después tomé por una calle, vaya uno a saber cuál, y terminé en un conjunto de oficinas súper moderno que creo tiene algo que ver con el parlamento europeo.


Pero yo realmente quería llegar al "centrum" y cuando lo logré me sentí de nuevo en Europa. La Grand Place es muy linda y el Hotel de Ville está todo adornado con luces y por las noches hay un espectáculo de luces y sonido muy entretenido. En los alrededores la zona tiene el clima del barrio latino de París con restoranes de comídas típicas, venta de souvenirs y chocolaterías, porque Bruselas desborda de chocolate. También hay mercaditos de navidad donde venden "artesanías" y comida rica. Anduve por ahí dando vueltas un rato largo pero se largó a llover así que me volví al hotel.


Al día siguiente ya estaba un poco más organizada y después de cambiar de hostel, al 2go4 también muy bueno, me dediqué a cumplir con mi lista de visitas art nouveau. Primero el Centro Belga de la "Bande Desinée", un edificio diseñado por Horta para una tienda que es una belleza. Por supuesto la exposición de historietas no me interesó nada, pero es simpática.




Después el Museo de instrumentos musicales. Obviamente fui porque también es un edificio art nouveau proyectado por Barnabé Guimard para la tienda Old England. Otra maravilla, de hierro y vidrio (o fer et verre como se dice en francés). Y el museo está bueno! Al ingresar dan unos auriculares y cada vez que uno se acerca a un instrumento escucha su música. Es súper entretenido y didáctico.


De ahí me fui al Museo Horta que funciona en la que fuera su casa. Para llegar me tomé un tram (tranvía) pero lo gracioso es que acá en turismo te dejan un poco librado a tu suerte, me dijeron en que estación bajar y chau, después andá a encontrar la calle exacta en esta ciudad donde todas las calles antiguas se cruzan y la numeración es imposible y además los nombres están en "belgicano" como diría mi amiga Cristina.
Llegué y me maravillé una vez más. La casa es tan hermosa! Gira en torno a una escalera de mármol y madera con una bellísima baranda de hierro que remata en una lucarna espectaculas. Horta lo diseñó todo: la casa, el mobiliario, la ornamentación, los artefactos de iluminación, los solados. Quiero vivir ahí.

Cuando salí recorrí un poco el barrio, bajo la lluvia, donde hay otros ejemplos art nouveau de Horta y otros arquitectos y hay algunas joyas.
Después me fui a la otra punta para visitar otra casa de Horta, la Maison Autrique, que es mucho menos art nouveau porque es su primer edificio importante. Igual es muy linda.



Pero también Horta diseñó el Museo de Bellas Artes, acá lo llaman BOZAR, que es más neoclásico.

Una nueva vuelta por el centro para ver las luces de navidad y al hostel porque estaba muy cansada.
Ah... acá está lleno de españoles, me parece que aprovecharon el puente del día de la Virgen. Son cientos.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Diario de París VI

Comencé mi última semana en París con una reunión por la mañana y luego una visita al Museo de L'Orangerie donde me "sumergí" en los nenúfares de Monet.
Dos salas ovaladas atesoran algunas de las obras más preciosas de ese gran pintor impresionista. El las hizo especialmente para ser exhibidas en un lugar de grandes dimensiones y en esas salas sencillas y con luz cenital parece que uno estuviera en un jardín.
Son increíbles.


El clima es cada vez más invernal pero yo no paré nunca de caminar. Por suerte estos días tengo las tardes libres así que me fui a los jardines de Luxemburgo, no son tan lindos en invierno, y después a la búsqueda de un edificio de Le Corbusier cerca de Place d'Italie (Plaza Italia, sí). No lo encontré pero si encontré el edificio de Le Monde de Christian Ponzamparc.

El miércoles visité la Biblioteca Nacional que tiene unas salas de lectura realmente impresionantes, con estructura de hierro y bóvedas revestidas en cerámica. Luego decidí darme una vuelta más por Montmartre aunque llovía y había viento. Afortunadamente encontré el café de Amelie y me tomé un espresso. Es igual que en la película!

También fui en la búsqueda de los edificio de Guimard, el mismo que hizo las salidas del metro, especialmente del Castel Beranger. Lo encontré cuando ya había anochecido pero valió la pena, es espectacular y el preludio para todo el art nouveau que veré en Bruselas.
El viernes, mi último día completo en París, la ciudad nos despidió a pleno sol. Tuvimos la reunión final con todos los participantes y después con Liga y Luciana (de mi grupo) nos dimos otra vuelta por Montmartre y volvimos al café de Amelie, cosa que no me molestó en lo más mínimo porque ese lugar me encantó.
Después yo me fui a ver algunos de los puntos que me faltaban: la Unesco, Saint Sulpice (que tiene la Rose Line que menciona el Código da Vinci) y el Pont Neuf. Y después de vuelta al hotel a hacer la valija, valijas en realidad porque tuve que comprar una chiquitita para llevar todos los papeles que me dieron!

Próximo destino: Bruselas.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Diario de París V

El fin de semana lo dediqué a verdaderos paradigmas de distintas épocas. El sábado la Ville Savoye y el domingo Versalles.
La Ville Savoye es quizás la obra más paradigmática de Le Corbusier en la que aplicó los cinco puntos clave de su arquitectura: los pilotes, la planta libre, la ventana corrida, el techo jardín, la fachada libre.
En vivo y en directo… parece una maqueta! Es más chica de lo que yo pensaba pero igual es interesante y después de todo, uno le tiene cariño. Obviamente estaba llena de estudiantes de arquitectura y no poca gente había hecho el viaje de cuarenta minutos desde París hasta Poissy donde está la casa.

Cuando volvía a París hice una escala en La Defense. Nunca me gustó mucho este barrio, aunque el edificio del Gran Arco me parece muy bueno, porque lo encuentro algo desordenado, es un conjunto de edificios dispuestos a ambos lados de una gran explanada sin un sentido evidente de organización. A ese desorden que, para mí, lo domina, se suma ahora un mercado de navidad tan espantoso como el de Champs Elysées que no ayuda en lo más mínimo. Igual resultó ser el lugar más acogedor de todo el conjunto en ese día tan destemplado.

Resistí todo lo que pude ahí pero la lluvia y el viento me llevaron de nuevo al metro y desde ahí a otro lugar subterráneo: Les Egouts (las alcantarillas, creo). Es un “museo” que permite ver la ciudad debajo de la ciudad: las cloacas, los lugares por donde circula el agua, etc. Es interesante pero me dio un poco de miedo y hay un olor espantoso.

Para evitar el mal tiempo decidí visitar la zona de los Grands Magasins, cerca de la Opera Garnier, donde están las grandes galerías Lafayette y Printemps. Era una locura de gente, imposible! Igual subí hasta la terraza de Printemps casa para “disfrutar” la vista y fui a Printemps moda a ver la cúpula vidriada del restaurante. Acá también resistí todo lo que pude pero esta vez, en lugar del mal tiempo, me echaron las multitudes y los precios imposibles. Mejor salgo de compras por Santa Fe como siempre.

El domingo a la mañana visité el Mercado de pulgas que más que un mercado es un barrio. Al principio me confundí porque está rodeado por una feria espantosa que vende puras porquerías, que ni siquiera son baratas, pero hay que pasar eso para llegar hasta el sector de los anticuarios que ocupa varias manzanas. Como fui sólo por curiosidad no le dediqué más que una rápida mirada, vale la pena sólo si se dispone de mucho tiempo o si uno está interesado en las antigüedades. La zona alrededor no es muy linda.
A la tarde tomé el RER hasta Versalles, hacía frío y estaba feo pero siempre vale la pena. Están haciendo trabajos de restauración y el resultado es que lo primero que uno ve son las rejas y las cresterías demasiado doradas (lo habrá restaurado el Master Plan?).

Una vez adentro hay que dejarse llevar por la grandiosidad y el exceso. Imprescindible ver “María Antonieta” de Sofía Coppola antes de ir, todo cobra otro sentido, especialmente las habitaciones privadas, aunque la privacidad brillara por su ausencia.



Los distintos ambientes son impresionantes: la Capilla Real, las galerías, las escaleras, los salones, las habitaciones, la Galería de los espejos, los jardines…
Después me fui hasta el Dominio de María Antonieta, que tenía muchas ganas de conocer. Es un lugar alejado del palacio, media hora de caminata, donde están el Grand Trianon, que ya existía antes de MA, el Petit Trianon y una especie granja a la inglesa, construidos a pedido de ella.



Esta parte me encantó porque está lejos de la locura que es Versalles (era domingo y estaba repleto) y porque el tiempo mejoró y pudimos ver la puesta del sol. Creo que aún hoy es posible entender porqué María Antonieta quiso alejarse del palacio y de la corte. Si hoy está invadido por turistas, entre los que yo me encontraba también, antes eran las obligaciones y las presiones las que le impedían llevar una vida más o menos tranquila. En su dominio hay espacios abiertos, ambientes amables y poco recargados, lagos, bosques, animales y una paz que seguramente no existía en el palacio. Igual no deja de ser un capricho algo absurdo, pero es muy lindo.
Volví caminando lo más tranquila compartiendo el camino con corredores, ciclistas y familias que pasan los fines de semana en los jardines del palacio, que son gratuitos, y me tomé un chocolate de la casa Angelina que me reconfortó en medio del frío. Como anochece temprano pude ver el palacio iluminado. En verano está abierto por las noches cuando hay espectáculos de aguas danzantes y música. Habrá que volver.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Diario de París IV

La segunda semana empezó con una visita a la Ciudad de la arquitectura y el patrimonio, en el Palais Chaillot, una especie de museo con dos secciones distintas. Una bastante extraña en la que se exhiben calcos, en escala 1:1, de partes de edificios patrimoniales de Francia, como portales de iglesias, esculturas, frontispicios, escaleras, pinturas murales, etc. Estos calcos fueron tomados desde el siglo XIX hasta antes de la segunda guerra y terminaron siendo útiles para realizar restauraciones luego de los daños causados por la guerra u otras causas. Más allá de lo insólito de esta idea, al menos para mí, la exposición es muy atrayente y didáctica.

El otro sector del museo fue mucho más interesante para mí, se localiza en el segundo piso del edificio y está dedicada a la arquitectura desde fines del XIX a la actualidad con maquetas, planos originales, fotografías, films e incluso la reproducción en escala real de un departamento de la Unidad de habitación de Marsella, de Le Corbusier. De una manera muy atractiva se muestra la evolución de la arquitectura en Europa desde la revolución industrial y además hay exposiciones temporales, ahora hay una sobre las nuevas soluciones para la vivienda social.
Es un museo muy poco conocido, incluso en París, pero para los arquitectos, urbanistas o interesados en estas disciplinas, vale la pena, sobre todo el segundo piso. Además tiene una vista espectacular de la torre Eiffel y un café, Café Carlu, muy simpático.

A la tarde partí para Angouleme que queda en la región Charante. Es una ciudad pequeña, al menos la parte histórica, y bastante linda. No tiene nada remarcable pero el día y pico que pasé ahí me sirvió para tomar un respiro de la locura de gente, tráfico y consumismo que es París, ciudad a la que, de todos modos, volví con mucho gusto.

En los días siguientes, además de seguir con el programa, visité el Pabellón del Arsenal, otro lugar interesante que muestra la evolución urbana y arquitectónica de París desde el siglo XVI y más allá de la actualidad porque muestra también los proyectos que se realizarán en los próximos años. Entre ellos me llamó la atención la reforma del Forum des Halles que tendrá una nueva cubierta vidriada y luminosa, un tipo de solución que también cubrirá uno de los patios del Louvre.
En el plano frívolo, una visita al Bon Marché (divino pero carísimo) y a la pastelería de Gerard Mulot donde compré una tortita de chocolate y frambuesas exquisita!

El viernes luego de una reunión a la mañana, le llegó el turno a otro de los museos indispensables de París, el Museo Rodin, del que sólo conocía los jardines. La casa es preciosa y las obras, obviamente, también. Por suerte el día estaba precioso y los jardines brillaban al sol. Ahí encontré un viejo conocido ¡El Pensador! Y también las Puertas del Infierno y los Burgueses de Calais, impresionantes.

Después me crucé hasta Les Invalides para visitar a Napoleón. Allí todo es excesivo pero no deja de ser muy impresionante.

Para ir a la reunión de la tarde volví por las Tullerías que no estaban en su mejor momento porque están haciendo algunos arreglos y estaba nublado. Igual estuve un ratito sentada en una de esas sillitas verdes que hay en los parques de París, disfrutando de la tranquilidad, aunque no del frío y la humedad!

Después de la reunión (ya dije que mis días duran 48 horas acá), fui al Louvre. Los viernes cierra más tarde así que era un buen día para visitarlo. Como no entré por la pirámide sino por un acceso lateral, mucho menos concurrido, empecé la visita sin un plano lo cual es una complicación pero, así y todo, me las arreglé para recorrer todos los sectores y reconozco que le dediqué tiempo sólo a lo que me interesaba realmente. El museo es tan grande y tiene una colección tan impresionante que haría falta sacar el abono anual para poder conocerlo realmente, pero tampoco es que me interese tanto la escultura asiria, por ejemplo.
Sí me gusto mucho ver el Louvre medieval, que está debajo del Louvre que conocemos. Son los cimientos del castillo que había ahí antes de la construcción del edificio actual y de sus sucesivas ampliaciones.

También me gustó conocer los apartamentos de Napoleón porque no los había visto antes. Algunos de los ambientes son sencillamente horribles.
Entre las obras de arte no le escapé a los clásicos, porque por algo lo son, la Venus de Milo, la Victoria de Samotracia, Amor y psiqui, La Libertad conduciendo al Pueblo, La coronación de Napoleón, El naufragio de Medusa y la Mona Lisa… Uds. la ven?

Yendo de una obra “famosa” a otra uno pasa por la historia del arte en el mundo desde Egipto hasta Da Vinci, desde la antigüedad griega y romana hasta Rembrandt, desde el renacimiento hasta Delacroix. Es impresionante y, tal vez por eso, abruma.
Antes de dejar el museo me tomé un descanso y un café porque no podía pasar de semejante ensamble de perfección y belleza directamente al Metro, no siempre limpio, de París.

Petra

Petra era para mí uno de esos lugares míticos y misteriosos que siempre quise conocer después de haber visto imágenes de esos increíbles te...