miércoles, 2 de diciembre de 2009

Diario de París III

Los días siguientes me llevaron por otros barrios de París como el 7eme, cerca de la Torre Eiffel, que debe ser uno de los más elegantes de la ciudad, es realmente hermoso. Los edificios son todos de una enorme calidad con sus fachadas de piedra, sus mansardas y sus balcones.


Entre ellos hay alguna rareza art nouveau, por ejemplo, y un edificio nuevo e impresionante: el Museo de Quai Branly, dedicado a las artes primarias. Esta obra de Jean Nouvel inaugurada hace unos pocos años, situada entre el Sena y el corazón del 7eme, es una maravilla de colores, formas orgánicas y naturaleza. Llegando desde la torre, por la ribera, lo primero que se ve es que el macizo frente de piedra se transforma en un muro verde que luego se desmaterializa en una fachada de vidrio tras la cual hay un jardín que esconde un edificio bajo, de colores terrosos, formado por un volumen curvo perforado por cajas rojas y anaranjadas.

Para entrar hay que atravesar una especie de selva y pasar por debajo del edificio, a través de un jardín que de noche se ilumina, ya que el ingreso está por el otro lado. Este edificio curvo está “sostenido” por dos grandes volúmenes en los extremos: uno rectangular, que contiene el restorán en planta baja y los servicios en los pisos superiores, y otro ovalado de vidrio que aloja una impresionante colección de instrumentos musicales. Entre ambas piezas el recorrido es fluido y está dividido por continentes para mostrar el arte de los pueblos originarios de todo el mundo, con piezas de los siglos XIX y XX. También la colección es muy impresionante y el montaje es súper atractivo. En este museo se evidencia el interés que tiene Francia por Asia y África ya que la mayoría de los elementos pertenecen a culturas de esos orígenes. En la planta baja había una exhibición temporal sobre Tehotihuacan. Otro elemento más que interesante del museo es la vista que se tiene de la torre.


Si bien pasé todo el día en el museo, entre un seminario y mi propia visita, al mediodía me escapé para recorrer un poco el barrio. Caminé por la Av. Rapp y la calle Cler que, como muchas otras acá, es peatonal y durante el día se llena con un mercado, brasseries, bistros y cafés. Luego caminé por el Campo de Marte, frente a la Escuela Militar, que ofrece una vista inmejorable de la ineludible torre Eiffel.
El almuerzo está vez fue de lo más económico, por la módica suma de 5,50 euros compré una baguette gigante, que terminé a la noche, una bebida y un eclaire de chocolate.
Mis días acá parecen tener 48 hs. y entonces, antes de terminar el día, crucé el Sena por el puente de Iena y fui a Champs Elysées por la Av. d’Iena y la rue Chaillot, muy linda, hasta la zona más exclusiva de la famosa avenida donde están Louis Vuiton, Armani, etc.
No les puedo explicar lo cansada que terminé, pero es que cuando estoy en un lugar interesante no puedo parar de caminar para conocer.

El sábado fue el día del Marais, otro de los barrios más lindos de la ciudad. Está entre el Centro Pompidou y la Bastilla, más o menos, y es la zona de los hôtels particuliers (los del despacho sabrán de que hablo). Hoy es un barrio exclusivo con negocios modernos y de diseño (entre ellos Fragonard, una famosa perfumería de Grasse, y también a Muji, diseño japonés súper utilitario), además de restoranes y cafecitos.
Ahí hice una visita a un verdadero hôtel particulier porque después de tanto petit hôtel tenía que ver uno verdadero, así que fui al Hôtel Carnavalet que hoy es un museo. El famoso hôtel entre court y jardin, precioso, pero engañador si uno no presta atención porque, como museo de la Ciudad de París, exhibe una serie de muebles y decoraciones que pertenecían a otras residencias y fueron adaptadas a este edificio. De cualquier modo sirve para conocer como se vivía (o mejor dicho como algunos vivían) en el siglo XVII en París. Además es gratis como todos los museos que pertenecen a la ciudad.

También fui a la Place des Vosges que es una plaza rodeada por un conjunto de edificios de ladrillo con techos de pizarra muy hermosa.

Está vez almorcé comida china muy rica: arroz al curry con cerdo agridulce, arrolladitos y ananá. A la tarde no me privé de una tortita de chocolate que parecía una escultura y estaba riquísima!
Pero, a pesar de que la gastronomía también es cultura, no me podía faltar el museo del día (o noche) y esta vez fue el Pompidou que, a riesgo de parecer una bruta, no me gustó nada. Yo no había podido visitarlo antes porque estaba en reparación cuando vine en el 98 y entonces me quedó pendiente. Obviamente tenía que verlo porque es un edificio paradigmático y una obra de arquitectura revolucionaria. No me conmovió. Será porque lo había “visto” ya tantas veces o quizás porque estaba cansada. Lo que si reconozco es que tiene un movimiento enorme, hay miles de actividades además de las exposiciones y está siempre lleno de gente. Me encantaron las escaleras metálicas “entubadas” y la vista desde el último piso.

El domingo, un poco más tranquilo. Una visita al cementerio Pere Lachaise (estaba horrible para andar por un cementerio) y por el barrio cercano que es verdaderamente chino, y a la tarde el más movido barrio latino siempre lleno de gente a pesar del mal tiempo. Para seguir con la crónica culinaria comento que almorcé un falafel riquísimo.

Luego de las calles estrechas y simpáticas de la zona más turística pasé a la sobriedad del Panteón y sus alrededores para luego llegar a Notre Dame donde justo había misa y, extrañamente para mí, era dada en latín y con los sacerdotes de espaldas a la gente. Lo mejor es que había un coro que, con solo diez personas, llenaba completamente las tres naves del templo.

Ya no me acuerdo cómo ni porqué terminé en Champs Elysées donde instalaron un mercado navideño horrible.

2 comentarios:

  1. La Plaza de los Vosgos es parte de mi paraíso en la tierra construido a base de trocitos de ciudades, mares e islas.
    Un saludo.

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  2. Hola Laura!
    Te cuento que en junio me voy a Europa con unas amigas y por un link de la revista LUGARES vi tus notas y me han encantado!
    Te molestará pasarme tu dirección de mail para consultarte algunas cosas que tal vez me puedas asesorar?.
    Mi nombre es Paula y vivo en Mendoza.
    Gracias!
    Mi e-mail es: paulacrombas@gmail.com

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