domingo, 7 de junio de 2015

Lisboa

Ultima parada del viaje "Europa 2013" en la bella Lisboa, la de la Baixa y el barrio Alto, la de Fernando Pessoa, la del barrio Alfama y sus fados, la del Marqués de Pombal, la de los pasteles de Belén y los tranvías de madera, la de las colinas y las playas, la de las castañas asadas y los chupitos de Ginjinha, la de las veredas empedradas y las fachadas de colores, la que renació después de un terremoto que la devastó casi por completo y hoy brilla a orillas del Tajo.
Mucha Lisboa.
Llegamos en tren desde Porto, apenas 2 horas de un viaje más que confortable, hasta nuestro hotel en la Baixa, a unos metros de la Rua Augusta. Porto nos había despedido con lluvia pero Lisboa nos recibió con calor y un precioso cielo blanco y azul.
El centro histórico de la ciudad es la Baixa, o Baixa Pombalina, que está al nivel del río (siempre estoy tentada de decir mar de lo amplio que es). Este barrio fue el centro de la reconstrucción luego del terremoto y el tsunami que arrasaron con la ciudad en 1755. El proyecto estuvo a cargo del Marques de Pombal quien en este sector optó por un diseño ortogonal formado básicamente por calles perpendiculares a la costa que conducen a la Plaza del Comercio, una inmensa e impresionante plaza seca a manera de las plazas mayores de iberoamérica.


 Estas calles tienen nombres que remiten a los oficios que históricamente se desarrollaban en la zona (Rua Aurea y Rua da Prata por los negocios de venta de oro y plata; Rua da Prata; Rua dos Sapateiros; Rua dos Fanqueiros por los comerciantes de algodón y lino) y la principal, la Rua Augusta, tan majestuosa como su nombre.
Este es el corazón de la zona turística, las calles están invadidas por las mesitas de los restaurantes y vendedores que parecen sacados de tiempos pasados. Aquí la arquitectura es planificada y pareja con edificios de planta baja comercial, cuatro niveles de residencia y mansarda como remate. Casi todos tienen el basamento de piedra y balcones de hierro y muchos tienen fachadas recubiertas en azulejos de colores pero en general todo es bastante sobrio. La Rua Augusta es peatonal y un gran arco de triunfo enmarca la entrada a la Plaza del Comercio, al río y desde allí al mundo. Después de todo Portugal fue tierra de exploradores y adelantados, protagonistas fundamentales del descubrimiento de nuevos mundos.





Hacia el oeste y salvando un desnivel de casi cuarenta metros está en barrio Chiado, uno de los más exclusivos de la zona histórica, donde se encuentran negocios de lujo, restaurantes de moda y el Café a Brasileira al que concurría habitualmente Pessoa para tomar una bica, una especie de espresso portugués, y también algún que otro trago de absenta.
Elevador Santa Justa. El medio más pintoresco para llegar a Chiado. Construido por un discípulo de Eiffel.
La Baixa desde lo alto del elevador y más atrás el Castillo San Jorge.

Convento do Carmo, Museo Arqueológico.
Largo do Carmo.

Largo do Camoes

Homenaje a Pessoa frente A Brasileira.
Justo al lado, hacia el norte, está el Barrio Alto, más pobre, pintoresco y bohemio, con mucho color e hileras de guirnaldas adornando las calles. Cada cambio de rumbo nos puede ofrecer unas preciosas vistas de la ciudad desde lo alto.



Iglesia San Roque, un tesoro del Barrio Alto.

Bajando desde el Barrio Alto llegamos a la zona de la plaza Rossio donde está la estación de trenes del mismo nombre y el Teatro Nacional María II. Hay mucha actividad y debe ser el barrio de los africanos porque alrededor de la iglesia de Santo Domingo había mucha gente de ese origen.
Estación Rossio

Plaza Rossio con el Teatro Nacional de fondo
Al otro lado de la Baixa, hacia el este, está Alfama, el barrio más antiguo de la ciudad que creció a los pies del castillo San Jorge, hogar de la aristocracia y del pueblo. Alfama es la cuna del Fado, la expresión más popular de la música portuguesa, melancólica y sentida. Dicen que es aquí donde se pueden escuchar los fados más auténticos aunque confieso que no lo hicimos, queda para la vuelta.
Por supuesto también hay una Lisboa más moderna y "normal".
Se de Lisboa
 Las callecitas de Alfama
La ciudad desde el Largo Portas do Sol
 La entrada al Castillo San Jorge
 El Fado siempre presente

Al norte del Rossio se extiende la Avenida Libertad, zona residencial y de comercios de calidad, que conduce a la Plaza Marqués de Pombal y, más allá, al Parque Eduardo XVII, una impresionante alfombra verde que se extiende por casi 1000 metros hasta la colina donde se encuentra el Palacio de Justicia.

Otra zona para visitar es la zona de la Basílica de la Estrella y el Jardín de la Estrella, hacia el noroeste de la Baixa. Para llegar lo mejor es tomar en la Baixa el tranvía 28, el más famoso, que antes pasa por el Barrio Alto y la Asamblea de la República (este mismo tranvía se puede tomar para ir a Alfama). Muy cerca de la Estrella está la Casa Museo de Fernando Pessoa.

Asamblea de la República

El famoso carris 28
Basílica de la Estrella
Jardín de la Estrella
Casa de Fernando Pessoa
Lo más nuevo de Lisboa está al este en la zona donde se hizo la Exposición Universal de 1998 que conmemoró los 500 de la llegada de Vasco da Gama a la India. El edificio principal es el pabellón de Portugal mi admiradísimo Alvaro Siza, éste y los demás pabellones conforman hoy el Parque de las Naciones, un complejo de edificios institucionales, culturales y educativos, que incluyen la fabulosa Estación Oriente del afamado y polémico Santiago Calatrava.
Estación Oriente





Imposible visitar Lisboa sin llegar hasta Belén, un barrio histórico y monumental al que quería ir para probar los famosos pasteles de Belén en la confitería donde los hacen desde 1837.
Por ahí también están el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belén, el Monumento de los Descubrimientos y el Museo Colección Berardo. Se puede ir... después de los pastelitos, claro.
Las calles de Belén
Monumento a los descubrimientos
Torre de Belén
Museo Colección Berardo. Un museo de arte contemporáneo, con entrada gratuita, con una colección que no esperábamos encontrar: Warhol, Picasso, Man Ray, Dali, Torres García, Calder y mucho más.


Monasterio de los Jerónimos. Impresionante


Pasteles de Belén. Los venden en todo el país pero los mejores están aquí.


+ info

Alojamiento
Nos quedamos en la Albergaría Insulana que es económica y está muy bien ubicada en la Baixa a unos metros de la Rua Augusta, pero no la recomiendo con mucho entusiasmo porque está muy vieja, necesita una renovación.
La Baixa es una excelente zona para alojarse porque el barrio es una de las principales atracciones de la ciudad y está muy cerca o bien comunicada con todo. Otras opciones buenas son Chiado y el barrio Alto. Hay muchos hoteles en la zona de la plaza Marqués de Pombal pero para mí está muy alejada, aunque si se prefieren los hoteles de cadena es ahí donde están.

Transporte
Nosotras llegamos en tren desde Porto hasta la estación Santa Apolonia donde tomamos el metro Azul hasta la estación Baixa/Chiado que se llama así porque desde la misma estación se puede salir directo a la Baixa o subir hasta Chiado.
Dentro de Lisboa mucho se puede hacer caminando y para las atracciones más alejadas lo ideal es tomar el tranvía, que además es una atracción en sí mismo, metro o buses. Hay tickets individuales o pases diarios.

Gastronomía
Al igual que Porto, Lisboa es muy accesible para comer. En la Baixa hay muchos restaurantes, casi todos sirven lo mismo, de calidad discreta. Confieso que no incursionamos mucho en la gastronomía, mis exploraciones estuvieron dirigidas a los pastelitos de belén y sus muchas variantes.

Atracciones
Cada vez me interesa menos entrar a museos, iglesias, castillos, etc. pero obviamente cuando hay alguno sobresaliente no lo dejo pasar. En el caso de Lisboa no hubo nada que me atrajera particularmente porque la ciudad en sí es muy rica, así que sólo entramos al Museo Berardo que además era gratuito. (No fue por miserables pero llevábamos casi un mes en Europa y los gastos se suman sin parar).

Compras
Lisboa tiene todas las marcas internacionales y hasta una sucursal gigantesca del Corte Inglés en lo alto del Parque Eduardo VII.
Las artesanías locales no me gustaron lo cual era un problema porque tenía que traer algún regalo. Por suerte encontramos un local precioso de venta de conservas de pescado en unas latas divinas, la Loja das Conservas. Lo recomiendo ampliamente, no se vayan sin comprar atún, una vez que lo prueben se van a dar cuenta de que en realidad nunca antes comieron verdadero atún.




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