domingo, 19 de diciembre de 2010

Medellín

Llegamos a Medellín después de un viaje de casi 7 horas en micro desde Pereira bastante horrible. Camino de montaña lleno de curvas, lluvia, camiones y el tránsito trabadísimo por algunos derrumbres en el camino. Ya había anochecido cuando llegamos al Geo Hostel en la zona rosa de la ciudad. Por suerte era lindísimo, recién inaugurado, moderno, limpio y por suerte, aunque estábamos en habitación de 8, estuvimos solas las tres.

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Dormimos bien, desayunamos rico y partimos a visitar la ciudad donde nació Botero y empezamos justamente por la plaza que lleva su nombre y donde hay unas 20 esculturas gigantes de los famosos gorditos en todas sus variantes. Esta plaza está rodeada por el Museo de Antioquia, el Palacio Calibío -sede de Cultura- y el Hotel Nutibara, un interesante edificio de los años 30.
Después fuimos hasta el Parque del Berrío importante porque es el centro fundacional de la ciudad aunque ahora está rodeada por edificios modernos y, supongo, ha perdido su carácter original.
Toda esta zona es el centro comercial de Medellín, pleno de gente y bastante caótico. Habíamos llegado hasta allí con el Metro (un tren de superficie que atraviesa la ciudad de sur a norte) y volvimos a tomarlo para ir hasta el Jardín Botánico (Estación Universidad). El metro ya nos había impresionado por su modernidad, velocidad y limpieza y cuando llegamos a la zona del botánico, que está frente a la Universidad de Antioquía, nos volvimos a impresionar con la arquitectura nueva en esta ciudad.
El Parque Explora, al que no ingresamos, es un espacio didáctico dedicado a la difusión de las ciencias especialmente dedicado a niños y jóvenes. El edificio, diseñado por el arquitecto colombiano Alejandro Echeverri, es un espectacular conjunto de cuatro volumenes contenido cada uno de ellos por una envolvente roja y unidos por una plataforma sinuosa elevada. Interesante y atractivo.
El Jardín Botánico de Medellín Joaquín Antonio Uribe es fascinante porque la riqueza natural fue resaltada con arquitectura de gran calidad. El acceso es un edificio circular, diseñado por los arquitectos Ana Elvira Vélez y Lorenzo Castro, que además aloja un bar, una tienda, los baños y una plaza con juego de aguas en el centro.
El otro espacio impactante del botánico es el Orquideorama, diseñado por Alejandro Bernal, Felipe Mesa, J. Paul Restrepo y Camilo Restrepo. El jardín de orquideas está cubierto por una espectacular estructura de madera compuesta por una serie de módulos repetitivos llamados árbol-flor que cumplen la función de filtrar la luz del sol y generar la luminosidad apropiada para este tipo de flores. Impresionante.
El resto del botánico tiene otras cosas interesantes como un jardín de cactus y un mariposario y es un espacio muy utilizado por los estudiantes de la universidad porque el jardín no solo permite sino que alienta los pic nics y las tardes de lectura bajo los árboles.
La zona de la universidad no la recorrimos pero lo poco que vimos, el Parque de los Deseos, también nos encantó.
Volvimos al Metro para ir hasta la estación Acevedo donde combinamos con el Metrocable que, con un sistema aéreo, remonta el cerro (Medellín se desarrolla a los lados del río del mismo nombre entre cerros) para llegar hasta uno de los barrios más humildes de la ciudad. Otra vez las instalaciones eran increíbles e impecables a pesar del intenso uso y mirar desde arriba siempre es interesante y permite ver más allá.
Toda esta traversía era para llegar a la Biblioteca Parque España porque esa fue sin dudas la jornada más arquitectónico del viaje y queríamos conocer una de las famosas bibliotecas parque de la ciudad. Estas bibliotecas fueron construidas en los barrios más postergados de Medellín como parte de un plan para dotarlos de espacios culturales y también como parte de su proceso de urbanización y mejora.
Valió la pena, el edificio es espectacular. Por su ubicación desde lejos se lo percibe como tres enormes rocas que se levantan sobre una ladera poblada de casitas de ladrillo sin revocar y mucho verde, porque está ciudad es muy verde. Al acercarse se refuerza la sensación de que los edificios son como piedras que surgen del suelo pero empezamos a ver ventanas y una vez en el interior, descubrimos espacios luminosos a pesar de lo cerrado de la envolvente. Lo mejor: estaban llenos de chicos consultando libros, haciendo distintas actividades y recorriéndo.
Volvimos a la estación Santo Domingo para tomar el Cable Arví que sube todavía más hasta el parque del mismo nombre. Llegamos después de media hora de viaje sobre una especie de bosque enorme. El Parque Arví es una reserva natural que existe, por supuesto, pero tambíén es un proyecto en construcción que demorará dos años más así que ahora se puede recorrer un poco e ir hasta unos restaurantes donde almorzamos chorizo con puré y patacones y tamal. Yo diría que esperen los dos años que faltan antes de ir.
Cuando volvíamos comentábamos lo que veíamos a nuestro alrededor y dos señores que vivían por ahí y bajaban con nosotros nos contaron que ese era el barrio más pobre de Medellín pero que ahora no había ni una calle sin asfaltar y en el lugar donde algunas casas desaparecieron por derrumbes se había construido vivienda social.
Volvimos al centro de la ciudad, al Parque de las luces (Estación Alpujarra) y aunque no lo vimos iluminado nos gustó mucho. Enfrente hay una zona comercial peatonal y los edificios Carré y Vázquez, dos inmuebles ladrilleros idénticos.

Cruzando la Av. San Juan está el Centro Administrativo La Alpujarra y el Monumento a la Raza. Años 80, mucho hormigón. El monumento es impresionante.
Allí también está la antigua estación de tren de Antioquía donde nos refugiamos cuando se largó una lluvia torrencial. Bah... la verdad es que nos metimos en la Pastelería Santa Elena, un establecimiento tradicional de Colombia que tenía unos dulces exquisitos.
Después nos fuimos hasta el Centro Comercial Mayorca que tiene varios outlets. Volvimos al hostel, cenamos unos sandwiches y ensaladas riquísimas que compramos en un local que está enfrente y nos fuimos a dormir porque a las 7 de la mañana salía nuestro avión hacia la playa.

Así terminó nuestra estancia en Medellín, una ciudad a la que me encantaría volver.

Bus Pereira Medellín $C 32.000 c/u
Taxi terminal - hostel $ 10.000
Metro $C 1.500 cada tramo
Jugos naturales en el Botánico $C 12.500 p/3
Cable Arví $C 2.500 cada tramo
Almuerzo en el parque Arví $C 18.000 p/3
Capuccinos con torta en Santa Elena $C 24.000 p/3
Hostel por dos noches $C 55.000 c/una



Algunas de las fotos de esta entrada son de Gisela

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