domingo, 11 de octubre de 2015

Bangkok

Si describir Tokio me resultó difícil, Bangkok tampoco es tarea fácil. En este caso no había averiguado demasiado, apenas tenía una idea de cuáles eran las zonas turísticas de la ciudad, dónde quedaba nuestro hostel, había ubicado algunos de los miles de templos que tiene la ciudad y poco más. Tal vez por eso, y a pesar de que estaba mucho más despierta (cuatro días después de haber llegado a Asia el jetlag no se sentía tanto), el recuerdo de mi estadía en la capital de Tailandia es tan desordenado como la misma ciudad.
Llegamos casi a las 12 de la noche después de un vuelo de 7 horas desde Tokio, fuimos directo a tomar un taxi para ir hasta nuestro hostel en Siam y sólo tuvimos tiempo para registrarnos e ir a descansar. Era ya 31 de diciembre, quedaba sólo un día para año nuevo.
A la mañana siguiente, después de despertarnos muy temprano una vez más, desayunamos tranquilas y decidimos ir hasta Silom.
Las atracciones turísticas básicas de Bangkok están en estos barrios: Rattanokosin (aunque la verdad ni sabía que este barrio se llamaba así) que sería el centro histórico, ahí están el Palacio Nacional y algunos de los principales templos; después está la zona de Khao San Road, la calle preferida por los mochileros, que queda muy cerca y también es de lo más turístico; Siam es una zona comercial , hay unos diez shoppings enormes además de varios hoteles, y Silom es otra zona turística con hoteles de lujo, restaurantes y comercios, y también se puede visitar Chinatown, un barrio que nunca falta, no importa en qué latitud del mundo nos encontremos.

Hay un tren elevado (Sky train - BTS), bastante nuevo, y un subte que conectan los barrios que ese están modernizando más, Siam y Silom, pero a mi me pareció que lo que une realmente a la ciudad es el río Chao Phraya porque sobre sus orillas están desde el Palacio Nacional y los templos más emblemáticos hasta los hoteles más exclusivos y los nuevos emprendimientos inmobiliarios. Además tiene un sistema de ferris que son parte del transporte público y resultan muy eficientes para desplazarse con velocidad y de paso disfrutar de las vistas de la ciudad.
Silom, como mencioné, es un barrio que parece estar en plena transformación. En el camino, fuimos en el metro, vimos una zona de edificios de oficina muy modernos, cerca del hipódromo, pero cuando llegamos nos encontramos con un barrio de calles angostas y construcciones bajas de principios del siglo XX en el que aparecen algunos edificios de mucha altura y dudoso gusto, por ejemplo el hotel Lebua (donde filmaron escenas de The Hangover II) que, al menos por fuera, es de los más feos que he visto. Pero la vista desde la terraza es genial.
Acá el contraste entre lo existente y lo nuevo es bastante brutal y es una muestra de lo que, en mi opinión, se ve en toda la ciudad, que "el progreso" se va metiendo sin planificación aparente, sin demasiado cuidado por lo que había ni demasiada preocupación por lo que sucede mientras se produce la transformación.
Esto se ve también en la elección de un sistema de transporte elevado, tipo autopista, que es más rápido de ejecutar y más económico que los medios subterráneos, pero que genera rupturas insalvables. Y, aún en mi ignorancia porque sinceramente sé poco sobre las ciudades asiáticas, de todos modos me asombra que otras ciudades aparentemente más ricas como Kuala Lumpur (de la que hablaré quién sabe cuándo), hayan optado también por este sistema.
En fin. Perdonen el comentario urbano-arquitectónico pero es una deformación profesional. Cuando viajo veo la belleza y singularidad de los lugares y sus habitantes pero también estas cosas. Qué le voy a hacer.

Por ahí tomamos el ferry y bajamos pasando el Palacio Nacional, recorrimos la zona de Khao San Road y poco más porque preferimos volver al hostel relativamente temprano para ir después a celebrar año nuevo.
Acá voy a ser sincera. Decidimos pasar año nuevo en Bangkok porque sabíamos que en Tokio se trata más de una celebración familiar y no hay grandes festejos y se suponía que en BKK sí y que justamente eran en la zona de los malls de Siam. Esperábamos cuenta regresiva, algún show y fuegos artificiales pero ¿la verdad? no hubo nada de eso y un poco me desilusionó.
Primero los shoppings estuvieron abiertos casi hasta las 12 de la noche así que la gente compraba como si nada. En algunos habían montado alguna decoración particular, la decoración navideña era muy linda, había algún escenario en un bar que se expandió al exterior y puestitos de comida. Así que dimos vueltas por ahí, comimos en la calle y terminamos en el bar que tenía banda en vivo (unos rockeros a lo yanqui pero en tailandés bastante buenos) y así recibimos el año nuevo, sin fanfarria pero siempre es divertido hacer algo diferente y estar del otro lado del mundo definitivamente era distinto.
Creo que otra opción es pasar la noche en alguno de los bares en terrazas que abundan en la ciudad pero me parece que eso hay que planearlo con un poco más de tiempo para reservar.
Después de un rato nos fuimos a Khao San Road y resulta que ahí estaba la joda. La calle estaba tomada, los bares habían puesto mesas por todos lados, había música grabada y en vivo, mucha gente y unos cuantos personajes. Fue divertido y llegamos en tuc-tuc a las chapas y esquivando el tránsito. Eso fue mejor aún.
Volvimos al hostel y nos quedamos un rato llamando a Argentina para aprovechar que eramos unas adelantadas y habíamos recibido el 2015 diez horas antes que nuestras familias y amigos.
El 1ro me desperté bien descansada por primera vez desde que habíamos llegado a Asia, volvimos a llamar a Bs As mientras desayunábamos para celebrar el año nuevo que ahora sí había llegado a nuestros pagos, y nos fuimos a conocer los templos. Lo bueno fue que por ser primero de año supongo eran todos gratis, lo malo era que a todo el mundo se le había ocurrido lo  mismo y además de cientos de turistas había cientos de locales, muchos de los cuales habían ido a llevar ofrendas y rezar. O al menos lo intentaron porque era muy difícil entre la multitud.
Este primer acercamiento a los templos tailandeses no nos decepcionó. Empezamos por el Palacio Nacional donde está el Templo del Buda de Esmeralda  (Wat Phra Kaeo) que es sencillamente espectacular. Es un complejo de edificios entre los cuales está el edificio principal donde está el Buda esmeralda, que nunca llegamos a ver y que en realidad es de jade. Como había tanta gente nunca pudimos apreciar cómodamente la distribución pero sí admirar los templos, pagodas y estatuas que son verdaderas obras de arte. Abunda el dorado pero no hay nada ordinario acá, tanto las formas como las proporciones y el trabajo son muy elegantes y estilizados, también hay mucho trabajo en cerámicas esmaltadas y todo el conjunto está poblado por personajes casi fantásticos, desde guardianes gigantescos a fieros demonios y etéreas representaciones de Kinnara, un músico celestial mitad humano mitad pájaro.

Cuando salimos nos acercamos al río y contratamos un bote para hacer un paseo por el Chao Phraya e ir hasta un mercado flotante. No fue nada del otro mundo pero nos permitió conocer una Bkk menos turística, a pesar de que el mercado sí lo es. El río tiene arroyos o canales, no sé bien como denominarlos, que atraviesan todo el territorio y evidentemente son fundamentales para la vida de la ciudad porque mientras navegábamos no sólo vimos casas y templos en las orillas sino también comercios, se ve que el agua es un medio de transporte y comunicación.
A la vuelta el lanchero nos llevó hasta el Templo del Amanecer (Wat Arun) que está en la otra orilla y se distingue por una torre de 82 metros de altura a la que se puede subir, o trepar más vale porque es super empinada. Es un templo muy hermoso también, aunque no está tan cuidado como el de Esmeralda, y la vista desde la torre es fabulosa.
Terminamos el recorrido en el Templo del Buda Reclinado (Wat Pho) que es una de las cosas más bellas que vi en mi vida. Al igual que los otros templos se trata de un conjunto edilicio que en el templo principal aloja la figura del Buda reclinado.
Normalmente se asocia a Buda y al budismo con la serenidad y la reflexión. Es muy difícil sentir algo así en estos templos que son tan atractivos para el turismo y están siempre invadidos de gente que no va justamente a orar, pero viendo este Buda en particular pude experimentar una sensación de paz. (Obviamente duró hasta que el turista de al lado me pegó un codazo para poder sacar una foto pero en fin) Su postura y la expresión de su rostro son tan serenas y hermosas que uno podría pasarse horas mirándolo.

El interior de la capilla está revestido en murales de colores oscuros e intensos y las ventanas son altas y estrechas lo que le da un clima particular y cuando uno logra quitar la vista del hipnótico rostro del Buda se puede apreciar el trabajo que hay en toda su figura, desde su cabellera enrulada hasta la planta de sus pies. El Buda mide 15 metros de alto y 46 de largo y debe pesar toneladas pero realmente parece que estuviera reposando casualmente mientras medita. Es increíble.

Al día siguiente, 2 de enero, para variar nos fuimos a desayunar al hotel Ibis que estaba al lado de nuestro hostel y después fuimos a Chinatown pero resultó que estaba todo cerrado (¿sería feriado?).
Dimos una vuelta y nos volvimos a Silom para darnos un gusto: masajes! Pero no nos animamos al Tailandés y optamos por uno Sueco que es como el común, con aceites aromáticos y esas cosas. Fue muy bueno. Y después de comer algo terminamos nuestro día de spa haciéndonos manos y pies. ¿Estábamos de vacaciones, no? La idea es disfrutar.

Por la tarde visitamos la casa de Jim Thompson, que estaba a la vuelta del hostel y es una linda visita. Thompson trabajó para Estados Unidos durante la Segunda Guerra en lo que hoy es la CIA y fue trasladado a África, Europa y Asia. Terminó estableciéndose en Bkk porque sentía mucho aprecio por el país, su gente y sus artesanías, especialmente el trabajo en seda, y construyó una casa con construcciones que trajo de otras partes de Tailandia. Thompson desapareció durante una expedición y su cuerpo nunca fue encontrado pero una fundación se ocupó de su legado que incluye la casa, que hoy funciona como museo y espacio de exhibición, y una producción de elementos textiles fabulosos.
A la noche queríamos ir a un bar en una torre y en el hostel nos recomendaron el Bayoke Sky Hotel que tiene un mirador y un bar giratorio en el piso 84 pero la verdad no nos gustó. La zona no era linda, aunque eso no significa que fuera insegura, y el trago no era nada rico. Nuestra idea original era ir al Lebua y al final nos arrepentimos de no hacerlo.

Esa fue nuestra última noche en Bkk, al día siguiente partimos temprano hacia Siem Reap, y a modo de conclusión tendría que decir que esta ciudad es como algunas personas, no precisamente linda pero sí interesante y diferente. Es desordenada, u ordenada a su manera muy poco occidental; no se ve que siga demasiadas reglas; tiene un tránsito difícil que se mueve al ritmo de los tuc-tuc y las motos (aunque luego vería que al lado de las ciudades vietnamitas el tránsito de Bkk es tranquilo); no tiene una estructura clara, parece más bien una suma de zonas y edificios; las calles están invadidas de gente que, como en muchas partes del mundo, trabaja, come y vive ahí, y sin embargo no es sucia, hay suciedad obviamente -con tanta actividad en las calles otra cosa sería imposible- pero no es esa mugre acumulada, o al menos esa fue mi impresión, y se siente segura en general. Yo sé que Bkk tiene un lado oscuro con trata de personas, incluyendo menores, pandillas y mafias y lugares muy oscuros, eso no es sólo de las películas, pero no está a la vista y es posible visitarla sin pasar ningún mal momento ni tener que evitar nada.
En síntesis me pareció que la ciudad no tenía un carácter definido, o al menos yo no lo supe captar, y que está entre su pasado y el futuro que algunos querrán para ella y para el país que cada vez se abre más al mundo en todo sentido. ¿Lo disfruté? Sí, no me encantó pero me gustó. ¿Volvería? No por Bkk en sí sino porque volvería a Tailandia y es imposible no pasar por ahí y no está nada mal para pasar un par de días.


+ info

Importante
Al menos para los argentinos no hace falta visa pero sí es obligatoria la vacuna contra la fiebre amarilla. Hay que llevar el certificado y presentarlo en el aeropuerto antes de hacer migraciones.

Alojamiento
Lub d Siam Square. Muy bueno. Bien ubicado, justo frente a la estación de metro, cerca de los centros comerciales. Habitaciones cómodas, todo muy moderno, lindas áreas comunes, buena atención, muy limpio, se ve que es bastante nuevo.
El hostel lo recomiendo ampliamente pero si volviera me gustaría alojarme en Silom y allí tienen otra sede.

Transporte
El Sky Train y el  Metro comunican con el aeropuerto y con las zonas más modernas como Siam y Silom así que es una buena alternativa alojarse cerca pero la verdad es que es muy fácil moverse en tuc-tuc (además es mucho más divertido) y en ferry.

Gastronomía
Incríblemente no puedo aportar demasiado porque no recuerdo que hayamos comido algo muy tailandés, creo que ni siquiera comimos demasiado, pero obviamente hay de todo para elegir, desde platos locales hasta comida internacional de cualquier clase.
Lo que sí recuerdo es que está lleno de 7eleven, igual que en Tokio, que son salvadores las 24 horas del día, y que la fruta es exquisita, la venden en la calle, mango, ananá, melón... Buenísimos.

Compras
Tampoco compramos mucho principalmente porque era el inicio del viaje pero obviamente hay artesanías (no vimos demasiadas pero compramos unas camisitas en batik lindísimas) y también están todas las marcas internacionales en los centros comerciales.

Cambio
Como hay tanto comercio informal muchas cosas se pagan en efectivo pero es muy fácil encontrar dónde cambiar y en algunas partes hasta aceptan dólares directamente.

Clima
Calor, bastante, y de noviembre a mayo no es época de lluvia así que es ideal.



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