jueves, 17 de marzo de 2011

Tayrona

La ante última etapa de nuestro viaje por Colombia nos llevó al Parque Tayrona hacia donde fuimos con deseos mezclados de ser por un ratito aprendices de Indiana Jones y también de descansar como reinas en unas exclusivas eco cabañas. 
Lo primero fue llegar hasta allá.  Dejamos el hotel Tamacá alrededor de las 13 hs después de haber disfrutado lo más posible del desayuno, la pileta y la comodidad de la habitación. El parque Tayrona está a 34 km de Santa Marta y para llegar, si no se quiere pagar un taxi o tomar un tour, hay que viajar alrededor de tres horas. Primero tomamos una buseta ($C 1200 c/u) que atravesó los suburbios menos favorecidos de la ciudad hasta llegar al Mercado de Santa Marta (hay otra línea que va por la costa en un recorrido más corto). Ahí atravesamos todo el mercado que es bastante caótico hasta llegar a donde paran los buses que van al parque. En el mercado, al igual que en otros países de latinoamérica la carne se expone y se vende sin refrigeración así que cuidado con los olores, aunque después nos avivamos que la misma buseta nos dejaba directamente más cerca de los buses. Estos micros son terribles, viejos y destartalados, pero es lo único que hay, el pasaje cuesta $C 4000 y el viaje dura como dos horas. Una costumbre, útil pero desagradable, que me olvidé de comentar es que reparten bolsitas de plástico para los que se sienten mal durante el viaje y en el viaje que hicimos de Pereira a Medellín a mi casi me hace falta. 
Finalmente llegamos a la entrada del parque, ahí tuvimos que pasar por un control militar que nos revisó las mochilas a fondo pero, milagrosamente, la botella de aguardientico pasó sin que la notaran. Una vez adentro supimos que la cosa no era que no se bebiera alcohol en el parque sino que se lo comprara allí. Desde el control tomamos una combi que nos llevó hasta el parqueadero, nos costó $C 2000 c/u, un afano, pero aunque se puede ir caminando es bastante lejos. En el parqueadero, la última zona adonde entran autos, comenzó la aventura.
El Parque Nacional Tayrona es una reserva natural limitada por la Sierra Nevada de Santa Marta y el mar caribe y tiene las playas más lindas de la zona. Al ser una reserva el acceso es limitado a ciertos sectores donde hay un equipamiento mínimo. Todo está tratado con un criterio de respeto por el medio ambiente pero también con gran astucia porque le dieron un aire de aventura que atrae a los turistas, incluidas nosotras. La concesión está a cargo de Aviatur. Dentro del parque se circula sólo a pie, a caballo o en burro y para todo hay que atravesar selvas o playas. Para alojarse el parque cuenta con varias opciones: hamacas, camping, cabañas y los ecohabs. Nosotras elegimos la más baja, una noche en hamaca, y la más alta, una noche en ecohab. 



El parque es inmenso, va desde el mar hasta las montañas, pero a menos que se disponga de mucho tiempo, generalmente se visitan sólo unos pocos lugares. Las hamacas están en el sector llamado Arrecifes donde además hay espacios para acampar, varias cabañas, baños y dos restaurantes, uno lindo y más caro y otro croto y barato adonde van los que acampan. 

Para llegar hasta ahí hay que ir por un caminito que se interna en la vegetación y después sale a la playa. Todo muy lindo pero había llovido y el camino estaba absolutamente embarrado, tanto que nos dijeron que mejor fuéramos caminando porque si decidíamos ir en burro íbamos a terminar más embarradas todavía. Acá hubo un inconveniente porque no había nadie que nos indicara con certeza cuál era el camino y no había tampoco muchos carteles. Por suerte coincidimos con dos chicos colombianos que ya habían estado y nos fueron guiando. No tengo ni una foto de este trayecto porque el camino era tan incómodo que no daba para sacar fotos. Nos metimos en el barro hasta las rodillas y no sabíamos si ir descalzas, porque el piso resbalaba, o con zapatillas porque el barro y el agua se metían adentro y hacían sopapa! Después de sufrir un rato llegamos a una playa donde pudimos descansar y limpiarnos un poquito pero la alegría no duró mucho, se largó una lluvia torrencial que nos terminó de arruinar. Sin tener lugar donde refugiarnos decidimos seguir hasta Arrecifes en busca de un techo o algo así. Cuando finalmente llegamos eramos una sopa medio espesa por el barro y hasta el pasaporte se nos había empapado!
Se viene la tormenta!
Por suerte las tres tenemos buen humor así que asumimos la situación. Fuimos a hacer el check-in (sí, aún para las hamacas hay que hacerlo) y nos asignaron nuestras hamacas y unos lockers. Las hamacas están bajo un techo enorme de paja, hay como 60, y están cubiertas por mosquiteros. Son re lindas. ($C 20.000 por persona por noche)


Según mi experiencia uno en estas situaciones pierde la vergüenza así que pusimos toda, pero toda, nuestra ropa al aire para ver si se secaba un poco y nos fuimos al chiringuito a comer algo. Ahí, con un gran jugo de maracujá ($C 4000), la cosa anduvo mejor. Volvimos a las hamacas y "nos bañamos", por decirlo de alguna manera, bajo un chorro de agua "a temperatura ambiente", o sea fría. Después volvimos al bolichito para cenar. (Pollo con papas y no sé que más por $C 25.000 las tres)


Detalle: hay que llevar linterna porque en estos lugares naturales no abunda la electricidad. 
Dormimos muy bien, sino pregúntenle a Gisela, y hasta nos animamos a ir al baño en medio de la noche con la sola compañía de la pantalla del celular. Al día siguiente fuimos a recorrer las playas que son hermosas aunque no en todas uno se puede bañar porque el mar es bastante bravo. 



Después recogimos nuestras cosas y partimos hacia Cañaveral, que es la zona donde están los ecohabs. Deberíamos haber tomado el mismo camino del día anterior pero nos dijeron que se podía ir por la playa. el  camino no era muy recomendado para los visitantes pero justo había un empleado que iba para allá así que se ofreció a guiarnos. En general el camino es bárbaro, más sencillo y más corto que el otro y además más lindo porque se va casi siempre por la playa, pero hay algunos tramos que son jodidos, hay que subir y bajar piedras y yo no soy escaladora, che! Después nos sentimos mal porque a nosotras nos re costó y todos los demás lo hacían re fácil, incluidos chicos y gente grande porque van muchas familias. 


Al final lo logramos pero llegamos muertas así que cuando vimos la playa que está frente a los ecohabs, que tiene un barcito divino con un mozo muy amable, nos abalanzamos sobre las reposeras y pedimos un jugo, además nos tiramos al mar (en mis recuerdos hicimos todo esto al mismo tiempo) para calmar el calor. 
Al rato nos fuimos para nuestras anheladas cabañas que son de ensueño. Son unas construcciones de madera con techo de paja medio escondidas entre la vegetación. Hay dos tamaños, pequeño para 2 y grande para 4, aunque no son demasiado amplios. Tienen dos pisos: el piso de abajo es abierto, de piedra, y es la zona de estar, tiene unos bancos, una mesa con sillas, un mini bar con cafetera y el baño, cerrado por supuesto; el primer piso es la habitación que tiene una cama matrimonial, una hamaca y se agregan hasta dos camas más. 




La decoración es lindísima, sencilla y elegante, tiene televisor gigante con Direct TV, toallas enormes, batas de baño y amenities. Nos recibieron con un trago de bienvenida y enseguida, después de un exquisito y necesario baño, nos tiramos en las hamacas de abajo a disfrutar del paisaje. No es barato ($C 526.000 para dos personas, cerca de U$ 300) pero vale la pena aunque es más recomendable para parejas de recién casados que para tres amigas solteras! 



Cuando anocheció fuimos a comer al restaurante (otra vez nos hizo falta la linterna) donde había un invitado especial, un inquieto murciélago. Suerte que el techo del restaurante era súper alto y el bicho no nos llegaba a molestar. En la cena vimos que los otros que estaban alojados en los eco eran todos turistas europeos.



Después nos fuimos a dormir como si estuviéramos en un 5 estrellas. Al día siguiente volvimos al restaurante para tomar el desayuno, que está incluido en el precio, y después nos fuimos a una actividad más que decadente: cama colgante y jacuzzi en la arena. Qué tal! También están incluidos en el precio y son un lujo total, estuvimos tan cómodas que por poco nos tienen que echar. 



Después de tanto lujo tuvimos que volver a cargar nuestras mochilas y salir a la ruta a tomar la catramina que nos llevó devuelta a Santa Marta para buscar nuestras valijas y seguir viaje a Cartagena. 
Así termino nuestra símil aventura que me encantaría repetir alguna vez. 

3 comentarios:

  1. Q bueno esto de escribir sobre viajes, aunque lo mejor es hacer el recorrido! Muchas gracias por visitar mi blog. Cuantos lugares q conocés!!
    El año pasado en México, una colombiana me habló tan bien de su país, que me empezó a picar el bichito... quién sabe? A lo mejor, pronto sigo tus pasos por allí. Besos!

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  2. http://www.caotravel.co/viajes-colombia

    Te recomiendo esta página para programas tus próximos viajes por Colombia... Muy bien escrita tu experiencia!

    Saludos!

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