domingo, 17 de julio de 2011

Machu Picchu

Este mes de julio, exactamente el 24, se celebra el centenario del descubrimiento de Machu Picchu, uno de los lugares más fascinantes del mundo. Este es mi humilde homenaje. 
La información del Ministerio de Cultura de Perú cuenta que el Santuario Histórico de Machu Picchu, perteneciente al departamento de Cusco, es considerado como la creación urbana más asombrosa del Imperio de los Incas y uno de los sitios patrimoniales más importantes del mundo. Está enclavado en lo alto de una montaña, a 2,430 msnm, en plena selva tropical. La llamada Ciudadela, el sector más importante de este conjunto arqueológico que alberga otros 200 sitios, está conformada por recintos, plazas, templos, mausoleos, cuartos para almacenar alimentos, canales de piedra y escalinatas y andenes, que se distribuyen sobre la topografía de la montaña trabajada de un modo inigualablemente en su diseño urbano. El monumento, construido en el siglo XV (1438-1493), sirvió al mismo tiempo, como centro de culto y de observación astronómica, y como hacienda de la familia real del Inca Pachacutec.
Machupicchu ("montaña vieja" en quechua) es junto con Cusco y otros sitios arqueológicos del valle de Urubamba, un testimonio único de la civilización Inca. Fue descubierto el 24 de julio de 1911 por el explorador norteamericano Hiram Bingham y el 7 de julio de 2007 se convirtió en una de las 7 nuevas Maravillas del Mundo
En general el descubrimiento de estos sitios es muy cuestionado, no por el hecho en sí, sino porque generalmente eran llevados a cabo por exploradores y científicos europeos y norteamericanos que, como parte de misiones muchas veces financiadas por sus países de origen, clamaban como propios los tesoros encontrados. Así parte fundamental del patrimonio de países como Egipto, Grecia, México, Guatemala y Perú, entre muchos otros, se ha convertido en la principal atracción de los grandes museos del mundo. Estas naciones llevan años reclamando la devolución de estas piezas y esperemos que algún día puedan lograrlo. 
Pero Machu Picchu es mucho más para sus visitantes. Es una aventura que comienza en Cusco, tan hermosa que merece una entrada propia, y se vuelve todavía más intensa si para llegar se opta por seguir el mítico Camino del Inca, que fue lo que yo hice para coronar mi primer y único viaje como mochilera, hasta ahora. 
Una vez en Cusco, con mis 5 compañeras de viaje contratamos el camino en la agencia Inka's Travel y tuvimos mucha suerte porque, a pesar de ser su primer contingente (cosa que no sabíamos en ese momento), nos dieron un muy buen servicio. Y en esa ocasión nos sirvió ser argentinas y conocer lo que significan las "avivadas" porque mientras nosotras conseguimos un excelente precio de U$ 140 cada una (hoy no cuesta menos de U$ 300) a los europeos les cobraban casi siempre más de U$ 200. 
Anécdotas aparte, les cuento un poco en qué consiste el servicio habitual de cualquier : traslado hasta Pisacucho, donde inicia el Camino, guía para el grupo, carpas, tres comidas al día más viandas, alojamiento en Aguas Calientes y regreso en tren. 
Nuestro recorrido empezó un día muy temprano cuando la agencia pasó a buscarnos por el hotel para llevarnos hasta el Km 82, donde empieza el verdadero Camino del Inca. En la combi conocimos a nuestros compañeros de viaje: la guía, el cocinero, Valerio su ayudante (no me olvido más de ese nombre) y los porteadores. 
El inicio del camino
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Antes de salir nos habíamos preparado cargando las mochilas con una mínima muda de ropa, la infaltable capita de plástico por si llovía, unos pocos elementos de higiene, repelente de mosquitos, protector solar, sombrerito, dos botellas de agua cada una y pastillas purificadoras. Además de la mochila llevábamos la bolsa de dormir y la colchoneta aislante. Conclusión: éramos unos equecos!!!

Sonia, yo, Yesica, Gisela, Fanny y Valeria
En el Km 82 pasamos por un control y empezamos a caminar y a pesar de que ese primer tramo de unas cuatro horas de caminata es bastante sencillo, a mí me costó y llegué re cansada hasta el lugar donde paramos para almorzar junto con los otros grupos. Allí tuvimos la primera sorpresa, teníamos la mesa servida, con mantel y todo, y un menú genial: sopa como entrada, trucha al ajo (riquísima) y duraznos en almíbar de postre. Antes de salir nos habían dado unas vianditas con yogur, barrita de cereales y fruta. Más que una excursión parecía un spa!

Esto sucede gracias a que el equipo de porteadores se adelanta a los viajeros y para cuando uno llega ya tienen todo preparado. Son gente muy amable y sacrificada y uno siente culpa por estar quejándose de lo que nos cuesta la caminata mientras ellos nos pasan corriendo con una garrafa sobre las espaldas, riendo simpáticos ante nuestra "debilidad". Corto este tema acá, sino la entrada va a ser un bajón pero...
Luego de unas horas más de caminata llegamos al lugar de acampe y gracias a nuestros amigos, nos esperaban las carpas armadas y un té calentito antes de la comida. Yo no soy muy fanática del camping pero esa noche dormí como nunca, me parece que estaba muy cansada. 
A la mañana siguiente nos despertó un golpecito en la carpa y una mano que nos acercaba una taza de té caliente para ir preparándonos antes del desayuno con café, cereales, fruta. Un lujo. Nos repartieron las viandas y empezamos el segundo día, el más duro, realmente difícil por que la meta es atravesar una montaña pero no por un túnel sino subiéndola y después bajándola. Y les aseguro que no era bajita. 
Esa montaña del fondo era la que había que subir y después bajar
Empezamos con dos horas o más en subida en las que me quedé sin aire y luego como cuatro o cinco horas en bajada por unas escaleras de piedra que me destrozaron las rodillas. Obviamente fui la última del grupo y no me avergüenzo porque pensé que me moría, no sé ni cómo explicar cuánto me costó. Cuando llegué al acampe debo haberme desplomado en la carpa y ni me acuerdo qué comimos ni nada. Sólo sé que, para colmo, esa noche hacía frío, las nubes lo cubrían todo, llovió mucho y la guía nos había estado contando historias sobre no sé qué espíritus que arrastraban las carpas al vacío, así que no me podía dormir!
Ya no dábamos más!
Por suerte ese día infernal pasó y al día siguiente me desperté como nueva gracias al tecito matinal y salí caminando como si me persiguieran y fui la primera en llegar. Genial! Aunque en mi libreta de viaje escribí: "...salvo la subida del principio no fue tan pesado. Igual me duele todo." Este día, el tercero, ofrece los paisajes más atractivos y varios conjuntos de ruinas. 

Esa última noche en el camino se pasa en Winnie Wayna donde hay un refugio que tiene dormis, restaurante y lo más importante ¡duchas con agua caliente! Por que si se preguntan cómo es el tema de los baños les cuento que durante los tres días no hay donde bañarse, sólo hay algunos sanitarios más que precarios en el camino para ir al baño y lavarse un poco, con agua fría por supuesto, así que hay que aguantarse. Lo malo es la lluvia pero por suerte a mi no me tocó más  que alguna llovizna. 
En WW nos bañamos, previo pago de 5 soles en esa época y hubiera pagado 500 dólares creo, comimos unas papas fritas, escuchamos música, cenamos unas riquísimas pastas preparadas por nuestro cocinero y disfrutamos de una espectacular noche de luna llena. 
Más tarde esa noche llovió muchísimo así que no sabíamos cómo amanecería porque la tradición es salir antes del amanecer para ver para ver el sol iluminando la ciudadela desde un sitio estratégico. A eso de las 4.30 empezamos a caminar pero los caminos estaban resbalosos así que llegamos cuando ya había clareado y nos encontramos con todos los demás caminantes pero, como suele pasar, estaba bastante nublado y no pudimos disfrutar de ese momento único. 
Puras nubes

Empieza a despejarse (Sí, esa soy yo)

Por fin!
Antes de pasar a Machu Picchu intentaré resumir lo que significa el Camino. Para algunos es increíble, a otros no les parece gran cosa, algunos lo hacen por deporte o para superarse a si mismos. Independientemente de las razones es algo único y a mi me fascinó, no tanto por los paisajes, que son lindos pero no espectaculares, sino por la experiencia. Yo, que soy de valija con rueditas, con solo cargarme la mochila me sentí parte de una cofradía mundial, la de los mochileros - aventureros - jóvenes de espíritu - viajeros, de todas las edades y nacionalidades que además compartimos con la gente que organiza el viaje y hace que sea muy sencillo. Ellos representan   la cultura local, no sólo la de hace siglos, la que venimos a admirar, sino la de hoy, la que sigue viva en sus costumbres, su hablar, sus rostros. 
Volviendo a nuestro destino, a pesar de que no pudimos ver el amancer en todo su esplendor si vimos Machu Picchu desde lo alto en una de las mejores perspectivas que se pueden tener. Esa es una imagen que hemos visto cientos de veces pero no por eso resulta menos impactante estar tan cerca de la ciudadela con el maravilloso marco del Huayna Picchu como fondo y la cuenca del río Urubamba a su alrededor. Es una visión que quita el aliento. 
Tuvimos que caminar cerca de dos horas para llegar el lugar de ingreso, en donde hay que pasar por migraciones. Allí se acabó la suerte que nos había acompañado en los días anteriores porque se largó una lluvia torrencial que nos obligó a refugiarnos junto con los otros cientos de turistas en la entrada del Sanctuary Lodge, el único hotel ubicado en la ciudadela, hasta que la lluvia parara y fuera posible salir a recorrer. 
Finalmente, después de una hora más o menos, decidimos aventurarnos porque sino no nos habría alcanzado el tiempo. Por suerte la lluvia fue disminuyendo de a poco y pudimos caminar con tranquilidad. Nuestra guía nos mostró los lugares más importantes de la ciudadela y nos explicó un poco sobre las razones de su construcción, la vida en el lugar, su significado, la arquitectura y los métodos constructivos. 


Recorriendo el Templo del sol, la Roca sagrada, la Plaza principal, el Palacio real, el Templo de las tres ventanas, las terrazas, lo primero que se siente es una profunda admiración por los arquitectos, obreros y artesanos que construyeron esa maravilla de piedra tallando cada pieza, algunas pesan cientos de kilos, para darle la forma correcta y levantar estructuras sin utilizar ningún elemento de sujeción ni tampoco mezclas para unirlas. Algunas de esas piezas tienen un enorme refinamiento en el tallado que las vuelve obras de arte en sí mismas. Además todo el conjunto está diseñado en función del sol, la luna y los astros. El Templo del sol, por ejemplo, fue proyectado para que la luz entrara estratégicamente por sus ventanas durante los solsticios de invierno y verano para iluminar directamente la Roca sagrada que se encuentra en su interior. 


En la Roca sagrada absorbiendo energía con nuestras preciosas capitas
A mediodía el cielo se despegó y el sol brillaba como si nunca hubiera llovido así que volvimos a recorrerlo todo para disfrutarlo aún más. No subí al Huayna Picchu, estaba muy cansada y preferí tirarse en el pasto en una de esas fabulosas terrazas y apreciar la vista. Lo dejo para la próxima visita. 
Después de pasar todo el día en la ciudadela tomamos el bus hasta Aguas Calientes donde pasaríamos la noche para partir al día siguiente de vuelta a Cusco en el tren Backpacker (mochilero). Aguas Calientes para mí es uno de esos lugares que sólo existen porque hay una atracción cerca. No hay mucho que ver ahí, hay unas piletas de agua termal (no demasiado atractivas), las típicas ferias de artesanías y unas riquísimas pizzas en horno de barro, eso sí valió la pena. 
Así terminó nuestro viaje por Machu Picchu, un lugar que nunca olvidaré.