martes, 27 de marzo de 2012

Atenas II: La Acrópolis

Estuve evitando el momento de escribir esta entrada porque no es nada fácil escribir sobre un sitio tan importante y significativo como la Acrópolis. Para lograrlo decidí no enredarme en cuestiones históricas (que francamente desconozco), ni tampoco centrarme en la arquitectura (que conozco un poco más pero no tanto), más bien me voy a referir a mi acercamiento a este sitio y a las sensaciones que me produjo conocerla. Obviamente todos tenemos algún conocimiento sobre la antigua Grecia, sus protagonistas y su escenario más importante (La Acrópolis), pero para muchos de nosotros no pasa de ser la información provista por alguna publicación estilo Billiken o algún mal libro de historia leído en la secundaria. Después, normalmente nos sentimos atraídos por la mitología y las leyendas de Dioses y Diosas todo poderosos, pero tan falibles y débiles como los humanos, que crearon el mundo y dirigieron su destino a piacere allá lejos y hace tiempo.
Cuando empecé la facultad de arquitectura mi aproximación fue otra, más técnica, menos fantasiosa, pero igual, al ser consideraba una de las grandes obras de la arquitectura universal, seguía siendo legendaria. Obviamente para nosotros, modestos estudiantes de primer año, la Acrópolis era el paradigma de la armonía, la belleza, la perfección. Entonces leí que Le Corbusier, uno de los padres de la arquitectura moderna, una vez dijo que "La arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz". No sé ese pensamiento fue influido por su visita a la Acrópolis, pero a mi me pareció que sí y en mi mente esa frase quedó siempre unida a ese lugar. 
Este croquis, realizado por Le Corbusier en 1911, con unas pocas líneas refleja a la perfección la posición que aún hoy ocupa la Acrópolis, no sólo por su ubicación en lo alto de una colina a 156m sobre el nivel del mar, sino porque sigue dominando la ciudad que se extendió a sus pies, real y simbólicamente. Esa es además la primera visión que el visitante tiene y francamente emociona. 
Ya conté en la entrada anterior cómo nos sorprendió esta vista cuando entramos a la habitación de nuestro hotel pero no está de más repetir que nos dejó con la boca abierta. Ese primer día en la ciudad sólo la vimos desde lejos pero al día siguiente nos levantamos temprano y nos fuimos rápido a visitarla. 
Vista desde el Hotel Metropolis.
Un poco lejana pero preciosa, no?
Va a ser una entrada bastante extensa porque seguiré paso a paso el camino que hicimos ese día y como mi idea es que disfruten aunque sea un poquito de todo lo que yo viví paso los datos aburridos primero: 
Conviene ir bien temprano para evitar la invasión de turistas. 
La visita lleva por lo menos medio día.
La entrada a la Acrópolis cuesta 12 euros y sirve también para el Agora.
La entrada al museo cuesta 5 euros.


Ahora sí. Bienvenidos a la Acrópolis.


Atravesamos Plaka hasta llegar al antiguo camino de Dionisio,  Dionissiou Areopagitou, para entrar por el acceso original a través de los Propileos. Esta calle es una amplia peatonal revestida en mármol, a la derecha está la Acrópolis con sus distintas construcciones y a la izquierda el Museo, que visitaríamos más tarde, y una serie de edificios residenciales e institucionales muy elegantes, con frentes y escaleras de mármol. Se nota que es una zona de alto poder adquisitivo (y con la mejor vista de la ciudad!). 

Después llegamos al Odeón de Herodes Ático, construido durante la dominación romana entre los años 161 y 174 d.C., que hoy se usa para representaciones musicales. 

Seguimos nuestro ascenso y después de pasar por la boletería finalmente llegamos a los Propileos que son como las puertas de entrada a la Acrópolis. Se supone que este es el camino que se seguía en la antigüedad y el hecho de tener que subir y luego atravesar una serie de construcciones, incrementaba el impacto que producía la vista del Partenón. Pero me estoy adelantando, todavía estamos en los Propileos, nosotras y un montón de gente más. 

Antes de ingresar dimos la vuelta y disfrutamos la vista desde lo alto. A lo lejos se veía el Agora con el templo de Hefesto en el centro y alrededor, la ciudad.

Volvimos a nuestro camino. A la derecha de los Propileos, en cuyo centro antiguamente se levantaba una estatua de bronce de la diosa Atenea, está el templo de Atenea Niké que es muy hermoso y está bastante bien conservado. Fue construido para conmemorar la victoria sobre los persas en la batalla de Salamina (448 a.C.), aunque las obras comenzaron en el 420 a.C. 
Me encantó como la piedra tallada se recortaba sobre el cielo azul. 

Seguimos subiendo entre un bosque de columnas de mármol.  

Y al final vislumbramos la gran plataforma sobre la que se levantan los distintos edificios.
Evitando la tentación de ir corriendo al Partenón, nos acercamos primero al Erectión.


Es un templo jónico construido, entre 420 y 406 a.C, en el lugar donde Atenea hizo que floreciera el olivo que regaló a Atenas. Está construido en dos niveles, es asimétrico y tiene dos partes que no están comunicadas entre sí, debido a que estaban dedicadas a diferentes dioses. La parte este estaba dedicada a Atenea y la oeste a Poseidón y otros dioses y héroes míticos. En la fachada sur tiene una tribuna sustentada por cariátides. Estas famosas figuras son ejemplo de belleza y armonía en el arte y debieron ser reemplazadas por réplicas ante el deterioro que sufrían. Las originales se encuentran en el Museo de la Acrópolis y están siendo restauradas actualmente. 
Desde mis épocas de facultad había quedado prendada de este edificio y no me defraudó, es bellísimo. 

El Partenón. Finalmente. 
Tal vez sea el edificio más famoso o renombrado del mundo. Representa el máximo desarrollo cultural y artístico de una era y también es un símbolo supremo del pensamiento.  Es un paradigma de la arquitectura, admirado, estudiado, imitado (y mal imitado) infinidad de veces hasta la actualidad. Vemos su impronta hasta en la fachada de nuestra iglesia catedral. Tan avanzado fue su diseño, que los arquitectos Ictino y Calícrates, además de darle una proporción perfecta, diseñaron las columnas con una leve deformación que evita la distorsión que produce naturalmente la perspectiva. 

Construido entre el 447 y el 438 a.C., el Partenón fue templo griego, iglesia bizantina y latina y mezquita musulmana. Fue utilizado como polvorín lo que provocó una gran destrucción pero tal vez el mayor ultraje vino de la mano de Lord Elgin, embajador británico en Constantinopla, que, a principios del siglo XX, retiró gran parte de los motivos escultóricos y los vendió al Museo Británico donde se exhiben con la lamentable excusa de que allí están mejor conservados y colocados a una altura más adecuada para su visualización. (Juro que hay un cartelito que dice eso!)
Debido a los daños que sufrió e, increíblemente, a obras inadecuadas de restauración, el Partenón está constantemente en obra y hace muchos años que no se lo ve sin andamios ni apuntalamientos. Supuestamente ahora están retirando todos los elementos que le fueron incorporados erróneamente y se está armando una especie de rompecabezas con las piezas que se encuentran diseminadas en todo el lugar para reconstruirlo "naturalmente". 
 Está medio destruido, no es blanco como imaginamos sino amarillento (cosa que desilusionó mucho a mi amiga Marisú), le falta la mayor parte de sus piezas... pero es tan impactante!

Después de sacarnos las fotos de rigor con fondo postalesco y de dar vueltas por ahí admirando tallas increíbles en los capiteles apilados casi con descuido, después de disfrutar de los vientos helénicos en ese día límpido lleno de sol, de tratar de comprender la ciudad desde lo alto y de descubrir entusiasmadas un poquito del mar que surcaríamos al día siguiente, nos resignamos y empezamos a bajar. 
 

 Bajamos por otro camino, rodeando la colina, hasta llegar al Teatro de Dionisio, el mayor teatro de la antigua Grecia, donde aún subsisten algunos de los asientos de mármol destinados a las autoridades. 

Una vez abajo nos dirigimos al Museo de la Acrópolis cuya construcción comenzó en 2007, aunque la idea de crear un museo en este mismo sitio había surgido en 1863 y la piedra fundamental fue colocada en 1865 en un sitio al sudeste del Partenón. Desde ese momento una serie de edificios, que resultaron inadecuados, fueron construidos para alojar los hallazgos encontrados en la Acrópolis hasta que en 1976 se decidió el sitio definitivo para el museo que estaría dotado con todos los elementos necesarios para reunir finalmente todas las piezas del Partenón. Pero esta iniciativa tampoco tuvo éxito hasta que Melina Mercouri, incansable luchadora por la recuperación de los mármoles, logró llevar adelante el concurso del cual saldría el edificio que finalmente se construyó justo a los pies de la colina. Fue proyectado por Bernard Tschumi Architects.

Se accede a través de una plataforma construida sobre los restos de un antiguo asentamiento y se avanza por los tres niveles hasta llegar al piso superior donde está la Galería del Partenón (visible en la foto de arriba), que aloja una silueta con las mismas dimensiones y orientación del monumento, donde se encuentran algunos de los ornamentos y frisos originales junto a los cuales hay espacios vacíos preparados para exhibir las piezas que hoy se encuentran en el Museo Británico. Como un recordatorio silencioso pero insistente de que Grecia no va a cejar en su intento de recuperar las piezas. 
En los otros niveles se exhiben esculturas y diversos objetos además de las cariátides originales, muy hermosas, que están siendo restauradas a la vista del público. 
No se pueden sacar fotos en el interior así que las imágenes siguientes no son mías. 

Si se pueden sacar fotos hacia el exterior y esta es la vista que disfrutamos antes de la despedida. 

FIN.



PD: Estos son los llamados Mármoles Elgin que están en el Museo Británico. Tuve la suerte de visitarlo en el 2009 y también al final de este viaje cuando gracias a British Airways, que me hizo perder el vuelo de regreso, pasé un día de yapa en Londres y completé simbólicamente el itinerario que había empezado en Italia y seguido en Grecia y Turquía. 
 
 

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